La importancia geopolítica, económica y estratégica de las islas es evidente, como también lo son nuestros derechos legítimos sobre ellas. Por eso la Cuestión Malvinas no debe abordarse con una mirada solo al pasado sino, fundamentalmente, hacia el futuro. Malvinas y las islas del Atlántico Sur constituyen enclaves marítimos estratégicos para la Argentina y no deben ser consideradas ajenas al territorio nacional.
Si alguien se interesa por profundizar la historia de nuestros derechos, entre las muchas publicaciones existentes, recomendamos el trabajo realizado por la Comisión Especial que desarrolló de manera oficial la Compilación islas Malvinas, por encargo del Senado de la Nación.
Dicha compilación en su parte inicial expresa lo siguiente: Documentos históricos de la soberanía argentina: períodos colonial y nacional: “porque entendemos que es desde este, nuestro presente, que debemos asumir la responsabilidad de mantener vivo el reclamo, de realizar todos los aportes que estén a nuestro alcance y de generar herramientas para que la sociedad argentina conozca y los elementos que sustentan la soberanía sobre las islas Malvinas. Es necesario mantener viva la Memoria de Malvinas en las escuelas, en los medios de comunicación, en lo cotidiano. Este creemos que fue el objetivo final de dicha recopilación, la que incluye cartas, oficios, notas, comunicaciones, relatos de viajes, informes, fragmentos de diarios personales, reales cédulas, leyes, decretos, nombramientos, proclamas, planes de colonización, mapas y planos, conservados en el principal repositorio del país”.
Desde el instrumento por el cual Louis Antoine de Bougainville restituyó al rey de España, Carlos III, las islas que nombró y que había ocupado ilegalmente; el nombramiento de Felipe Ruiz Puente como primer gobernador; la expulsión de los ingleses a principios de la década de 1770; el estado de la colonia durante la administración española y los viajes de exploración; hasta la toma de posesión del archipiélago, en nombre del gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, por David Jewett; la llegada del gobernador Pablo Areguatí; el decreto del 10 de junio de 1829, instituyendo la Comandancia Política y Militar de Malvinas; los planes de colonización de Luis Vernet y su proclama al tomar posesión del cargo; el parcial del diario de su esposa, María Sáenz; el ataque de la corbeta de guerra norteamericana Lexington; y, finalmente, la usurpación inglesa, documentada en la intimación del comandante de la corbeta S. M. B Clío, John James Onslow, junto al relato de los hechos que ocurrieron en esos primeros días de enero de 1833.
Asimismo, se incorporan una serie de cartas inéditas recuperadas para el Patrimonio Cultural e Histórico de la Nación, entre el entonces gobernador de Buenos Aires y quien estaba a cargo de la Gobernación de Malvinas, constituyéndose estas en un elemento más del corpus documental que sustenta el reclamo soberano.
La primera de ellas escrita en Buenos Aires, el 18 de febrero de 1767, redactada por el gobernador de Buenos Aires Francisco de Bucareli y Ursúa a Felipe Ruiz Puente, primer gobernador de las islas Malvinas. En ella se consigna el envío de ocho prisioneros “a ración, y sin sueldo” como mano de obra para la flamante gobernación de Malvinas, creada cuatro meses antes por orden de Carlos III. La segunda escrita en Malvinas el 25 de abril de 1767. Carta dirigida por el gobernador de las islas, Felipe Ruiz Puente al gobernador de Buenos Aires Francisco de Bucareli y Ursúa. En ella, se explica la necesidad de levantar una capilla en Malvinas “para todo el pueblo”, pues solo se cuenta con una muy precaria, con una imagen de San Luis (debe tenerse en cuenta que Puerto Soledad se bautizó como Saint Louis cuando fue ocupado por los franceses) y solicita “un pequeño sagrario o tabernáculo con su copón correspondiente y una imagen de la Advocación que V. E. determinare para patrono de esta posesión”.
La tercera y última, redactada en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1767, es una carta por el gobernador de Buenos Aires al gobernador de las islas, Felipe Ruiz Puente. Desde Buenos Aires se envían los vasos sagrados y ornamentos para erigir una nueva capilla en dicha “colonia”, así como una imagen de la Virgen de la Soledad, para que sea declarada patrona de la población. Quizá sea esta la única pieza en donde se descubra el origen del nombre de la isla Soledad, como también la única pieza donde se menciona una Virgen Patrona de las islas Malvinas. La recuperación de las islas Malvinas no es ni será un proceso rápido, pero es nuestra obligación hacer los aportes que estén a nuestro alcance para acortar el camino hacia ese objetivo.
El futuro se construye con bases sólidas afincadas en nuestro pasado y este compendio es un aporte más a la edificación de un futuro que, más temprano que tarde, terminará con la injusticia de sabernos escindidos por la fuerza, de una parte inalienable de nuestro territorio nacional. Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.
CAPÍTULO II
SÍNTESIS DE LA SITUACIÓN DE MALVINAS EN NACIONES UNIDAS
La Cuestión de las islas Malvinas ha tenido un tratamiento continuo en el marco de la Organización de las Naciones Unidas desde los primeros años de existencia de esta organización multilateral.
Cabe notar, sin embargo, que durante los 75 años transcurridos desde que la Carta de las Naciones Unidas entrara en vigor, el tratamiento de esta cuestión de descolonización, que involucra una disputa de soberanía entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, ha tenido diversas etapas que tratamos de sintetizar.
1. Los orígenes del tratamiento de la Cuestión Malvinas
Si bien en mayo de 1945 la delegación argentina había formulado una reserva genérica sobre las islas Malvinas en el marco de la Conferencia de San Francisco en la que se negoció la Carta de la ONU, fue en diciembre de 1946, durante la Primera Asamblea General, cuando se comenzaron a producir los primeros intercambios con el Reino Unido sobre esta cuestión.
En el origen de dichos intercambios estuvo la decisión británica de incluir a la Cuestión Malvinas entre los territorios coloniales sobre los cuales transmitiría información de conformidad con el artículo 73 inciso e) de la Carta.
Durante esta primera etapa, las intervenciones de las delegaciones argentina y británica se limitaban a no reconocer la soberanía de la otra parte sobre los archipiélagos disputados. En el caso de la Argentina, dichas reservas se formulaban en el marco de la Comisión de Política Especial y Descolonización (Cuarta Comisión) y en el Plenario de la Asamblea General. A modo de ejemplo, se cita la parte pertinente de la reserva formulada en 1950, conforme la cual el delegado argentino expresaba que “… la República Argentina no reconoce en modo alguno la soberanía británica en dichas islas y deja expresa constancia que los referidos informes facilitados por el Reino Unido en nada afectan los legítimos derechos y títulos de soberanía de la República Argentina”.
Las respuestas británicas a dichas reservas argentinas se circunscribían a argumentos vinculados con la soberanía y los títulos, poniendo énfasis entre otras cuestiones en la prescripción adquisitiva, y en ningún caso hacían mención de aspectos posteriormente utilizados como base de su argumentación, como es el caso de la libre determinación.
Durante los años 50, y en particular a partir de la segunda mitad de esa década, la Asamblea General asumió un rol cada vez más activo en materia de descolonización.
El impulso al proceso de descolonización logró consolidar las mayorías necesarias para adoptar importantes resoluciones. Es así como en diciembre de 1960 se adoptó la resolución 1514 (XV) (Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales) y al año siguiente se decidió crear a través de la resolución 1654 (XVI) el Comité Especial de Descolonización, encargado de analizar, informar, debatir y recomendar medidas para hacer efectiva la descolonización de los territorios no autónomos.
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