Recuerdo que los sábados, la ayudaba a mi mamá a llevar las sábanas de la cama de mi abuela a un lavadero automático situado a dos cuadras de la casa, debido a que los artefactos que poseía mi mamá no funcionaban bien y el secarropa, en especial, como utilizaba gas en su secado, generaba un alto costo a la hora de tener que abonarlo. Primeramente, mi mamá las enjuagaba con la manguera, les quitaba las heces, las embolsaba y mi papá las llevaba en el auto y las dejaba. Cuando no estaba o no podía, recuerdo llevándolas a cuestas caminando. Un par de horas después, las retiraba ya limpias. ¡Qué trabajo para mi mamá!, que además de dormir en una camita al lado de su madre, se levantaba como a las cinco de la mañana y cocinaba tortas, galletas para afuera para así poder abonar las facturas de remedios y gastos médicos que se generaban, ya que mi papá en esa época era viajante de agroquímicos y a veces vendía y a veces no. Así que gracias a mi abuela paterna que viajó para estar para mi graduación, nos abonó las entradas de la cena y mi hermana Mariana me sacó las fotos. Siempre les estaré agradecida, pues sin la ayuda de ellas dos, no hubiese tenido una graduación. Asimismo, a la semana siguiente fue el baile o prom y también fueron todos menos mi mamá, pero Dios me ha dado una fortaleza enorme para aceptar todas estas situaciones y no quedar marcada. Y así, di por finalizado el año 1986.

Ceremonia de graduación, 1986.

Baile de graduación con mi papá, 1986.
El año 1987 me encontró estudiando Contabilidad, ya que además de ella, me llevé Matemáticas. Matemáticas la había aprobado, pero quedó Contabilidad. También andaba con los trámites de inscripción para la Facultad de Derecho, que por suerte quedaba a cuatro cuadras de casa. Fue un verano movido, pero feliz de poder en marzo comenzar la universidad. Logré conseguir un trabajo en esa fecha por dos semanas en una librería y tener mi primer sueldito.
En abril logré rendir Contabilidad y terminar definitivamente con la escuela secundaria, y por fin, obtener mi certificado analítico, ya que si pasaba de Junio, quedaba afuera de la universidad.
Logre hacerme de nuevas amistades. Lo pasaba muy bien, a pesar de que las cosas en mi casa iban más o menos en lo que se refería a la salud de mi abuela y el trabajo de mi papá. Ya la situación se estaba volviendo caótica económicamente hablando y mi padre debía encontrar una solución definitiva a su trabajo, y lo único que se miraba como viable era la de volver a los Estados Unidos a trabajar, lo que significaba vivir con mi abuela y mi tía. Así que las llamó y les planteó la situación y estuvieron de acuerdo con que él se fuera un tiempo allí. En un punto mi mamá ya no daba más del cansancio y estaba teniendo problemas en sus piernas (erisipela) de tanto estar parada cocinando para afuera, atendiendo a mi abuela, la familia, etc., y tuvo que internar a mi abuela, con toda la pena del mundo, en el geriátrico que había enfrente de casa. Como siempre mi abuela materna seguía siendo generosa, le hizo un préstamo para que pudiera pagar el geriátrico en tanto mi papá pudiera comenzar a trabajar y generar dinero y enviarlo y así ir saldando las deudas. Fue triste, pero la salud de mi mamá también estaba en peligro. Mas como sigo sosteniendo, Dios aprieta, pero no ahorca y sus tiempos siempre son perfectos.
Lamentablemente mi abuela materna falleció en octubre y a los diez días mi papá se fue a trabajar a los Estados Unidos. Una vez más la tristeza tocaba las puertas de mi casa y de mi vida. Ahora éramos tres las que teníamos que luchar solas para salir adelante. Era el primer familiar cercano que se moría. Recuerdo que se la veló en casa porque no alcanzaba el dinero para pagar una casa mortuoria y mi papá no podía seguir endeudándose.
En diciembre mi abuela paterna, como había hecho con todos sus nietos, me invitó a pasar dos meses a su casa, y de paso estar con mi papá. Yo estaba feliz. La condición era que aprobara las cuatro materias de primer año de la carrera que cursaba. Así fue, y el doce de diciembre viajé. Mis amigas del colegio me hicieron una despedida. Mi abuela me pagó un boleto en avión desde Rosario al aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires, ya que era un vuelo directo a Los Ángeles. Ella le quiso pagar el mismo boleto a mi mamá para que fuéramos juntas, pero como era su costumbre de no querer generar gastos, y dada la situación que se vivía, decidió tomarse un bus a Buenos Aires y encontrarme allí. Salió aproximadamente a las siete de la mañana desde la terminal de buses de Rosario y el vuelo mío salía en la tarde. Fueron a despedirme familiares y amigos al aeropuerto de Rosario. Yo estaba muy feliz de ir y también era bueno para despejarme de tanta tristeza por la muerte de mi otra abuela, el sufrimiento, el trabajo de ayudar a mi mamá con la limpieza de la casa, las sábanas que había que llevar a lavar, estudiar, etc. Fue un año en el que se suponía debía disfrutar de la universidad como cualquier otra persona de dieciocho años, pero a su vez sentía que el haber pasado por todas esas situaciones, me había hecho madurar de golpe. Sentía que estaba preparada para vivir sola o formar un hogar, pero también era consciente de que tenía que estudiar y tener un título para lograr esas metas.
Una vez en el aeropuerto una situación increíble me sucedió cuando fui a hacer el check in . Tenía que abonar una tasa de aeropuerto, que creo que eran dieciséis dólares. Yo viajaba sin dinero en efectivo ni tenía tarjetas de crédito, ya que, al llegar a Los Ángeles, mi papá se hacía cargo económicamente de mis gastos. Y, además, como era mi primer viaje y pensando que todo estaba pago, cuando me tocó abonarlo le avisé a mi mamá y me dijo que ella no tenía más que veinte dólares y algunos pesos argentinos, y si me los daba se quedaba sin nada, y ella se tenía que volver en bus a su casa, y necesitaba el efectivo para abonar el taxi que la llevaría a la estación de autobuses que, por cierto, quedaba como a cuarenta y cinco minutos de allí. Así que no sabíamos qué hacer. Entonces, mi mamá me dijo que me daba diez dólares y se quedaba con el resto y que debía pedir prestado seis. En eso, junto a mí había un señor. Él escuchó lo que me estaba sucediendo y no me quedó otra que pedirle a él prestado el dinero. Yo no sabía en dónde meterme, pero si no pagaba esa tasa, me quedaba sin el viaje. Fue muy atento y los pagó. Mi mamá y yo, obviamente, le dijimos que le devolveríamos el mismo, una vez que yo llegara a Los Ángeles, ya que él iba a New York. Así que le pedimos sus datos para mandarle un cheque. Cuando llegué a Los Ángeles, allí me esperaban mi abuela, tía y mi papá. ¡Una alegría enorme! Les conté lo sucedido, y al otro día mi papá le envió su cheque.
En el aeroparque con mi mamá, diciembre, 1987.
Mientras tanto, la estadía de los dos meses fue espectacular. Era la primera vez que volvía a los Estados Unidos desde ese día de agosto de 1980 en que me fui. Fue una mezcla de tristeza y alegría, pero sobre todo muy ilusionada de volver a recordar mi infancia feliz allí. Lo único que lamenté en aquel momento fue no haber tenido a mi mamá y hermana para hacerlo juntas.
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