La pena que siempre llevó mi mamá dentro de sí fue que una de sus futuras cuñada, nunca la aceptó completamente en el círculo familiar, ya que cuando se conocieron, ella le aclaró que la única cuñada que iba a tener sería la exesposa de mi papá. Muy triste, y por eso hago hincapié en este tema, porque en mi opinión esa clase de actitudes ejercidas por personas en esa época las considero una especie de lo que hoy se llama: « bullyng », o tal vez alguna forma de discriminación. ¿Sería porque mi papá era divorciado y mi mamá no era de «apellido tradicional»? Desgraciadamente, hoy siguen sucediendo estas actitudes en distintas clases sociales en todas partes del mundo.
Mi mamá y mi papá junto a mí en Fisherton, Rosario, Argentina, 1968.
Al año y medio de mi nacimiento, mi familia decidió emigrar hacia los Estados Unidos, en donde residían mi abuela y mi tía paterna. Fue una decisión dura según contaba mi mamá, ya que mi abuela Rosa, su mamá, no quería irse. Era mayor y tenía sus amistades y su vida en Rosario, y para mi mamá dejar el trabajo que tenía, con un buen sueldo y puesto, fue muy dura la decisión. Fueron años de lucha, mucho trabajo, pero todo sacrificio en algún momento da sus frutos. En 1972, nació mi hermana Jorgelina, y de repente nos convertimos en una familia de cinco, y como dice el dicho: «vino con un pan debajo del brazo».
Hice toda la primaria (K-5) en una escuela pública cerca de casa y sexto grado en una escuelacatólica. En esa escuela, me hice de muchas amistades, especialmente de dos: Patrik y Lisa. Quienes han estado siempre presentes en mi vida hasta el día de hoy. Aprendí a tocar flauta traversa y piano, de hecho, mi papá me compró uno, que al día de hoy sigo conservando. Recuerdo el sacrificio que hizo para comprarlo. También mi mamá nos mandó a mi hermana y a mí a una academia de danzas para aprender ballet, zapateo americano y jazz, además de ir varios veranos a la piscina municipal de la ciudad en la que vivíamos para aprender a nadar y acudir al curso de resucitación impartido por la Cruz Roja. Mi mamá nos mantenía activas a pesar de que trabajaba bastante.
En la casa de West Covina, California, con mi hermana menor Jorgelina, mamá y papá, 1977.
Junto a mi papá con el piano que me regaló, 1978.
Hubo un par de eventos desafortunados mientras fui creciendo. Uno de ellos, fue cuando tuve que quedar internada una noche en el hospital porque comencé con lo que parecía una especie de picadura en el dedo anular de una de mis manos. Solo me picaba, entonces, no le presté atención. Lo peor de todo fue que mis padres habían viajado a Las Vegas, porque estaban emprendiendo su segundo negocio allí, y quedamos al cuidado de mi abuela materna, quien vivía con nosotros. Al día siguiente, noté que estaba todo hinchado y se visualizaba una raya roja que cada vez ascendía más y sentía mucho dolor. Así que procedí a llamar a mis padres para informarles lo que estaba sucediendo, y regresaron. Me llevaron a emergencias y quedé internada de inmediato. Tendría unos once años. Fue horrible, ya que me colocaron suero y, a cada rato me colocaban el dedo en una solución de Betadine o una especie de Merthiolate. Mis padres no pudieron quedarse conmigo. No sé bien hasta el día de hoy la razón ya que era menor de edad, pero recuerdo que comprendí que, si esa raya que tenía hubiera llegado más arriba, quizás, la infección se hubiera disparado por el cuerpo provocando hasta la muerte.
Otro de esos eventos, fue cuando fuimos al aeropuerto de Los Ángeles a buscar a mi papá, íbamos mi abuela materna, mi hermana y yo cruzando una de las calles internas del mismo. En un momento dado, mi abuela quedó atrás y un auto la atropelló. Fue espantoso verla tendida en el piso sin saber si estaba viva o muerta. Gracias a Dios vino una ambulancia, la revisaron, pero no quiso ir al hospital, así que volvimos a casa en donde hizo reposo. Quedó dolorida por bastante tiempo, pero era una mujer muy fuerte.
Mi papá había logrado emprender su negocio de decoración de interiores ( Interiors by Fernando), con productos de primera calidad. Le iba muy bien, logró tener casa y autos propios. En 1980, participé en un concurso en donde había que escribir un ensayo. Participaban todas las escuelas de la ciudad en la que vivíamos, West Covina. Y por esas cosas de la vida, ¡lo gané! Me dieron una placa con mi nombre y tuve que leer mi ensayo enfrente del Consejo de Mujeres de la ciudad de West Covina. ¡Qué emoción! Todo muy lindo, pero como todo, esas cosas lindas no duran para siempre. Surgen planteos y decisiones que hacen que, a veces, lo bonito se transforme en algo desagradable.
Yo junto al segundo local de Interiors by Fernando, 1978
En 1979, mi papá se replanteó la posibilidad de volver a vivir a la Argentina, ya que su «íntimo amigo» de la infancia le había prometido un trabajo que, según él, iba a ser el trabajo maravilla. Como mi papá tenía a sus dos hijas viviendo allí y por mi edad, doce años y medio, y a un paso de la adolescencia, lo visualizó como una oportunidad para vivir todos como una gran familia, utilizó el pretexto de drogas que había en las escuelas, y que no quería que nos expusiéramos a las mismas, así que comenzaron con todos los trámites lógicos que toda mudanza internacional implicaba. Este proyecto sería para junio de 1980, pues para esa época culminaba el curso escolar. Yo comencé a sentir una mezcla de felicidad y tristeza, ya que nunca había estado en Argentina y para mí iba a ser una experiencia totalmente desconocida.
Mi mamá comenzó el embalaje de muebles varios meses antes, mientras yo disfrutaba de la escuela, mis compañeros y amigos, hasta que llegó el día en el que recuerdo que se realizó el « open house » de mi casa y debimos irnos toda la tarde. Al volver, observé un cartel que decía: « Just Sold ». Me dio una tristeza, ya que, a esa edad, lo primero que pensás es: «Uy, alguien más va a vivir en mi casa», pero tenía que tomar esto como una aventura. Así que recuerdo que unas semanas después, nos fuimos a vivir a lo de mi abuela y mi tía hasta que el día más esperado por mi papá llegó, el volver a vivir en ¡Argentina! Era un sueño que anheló durante todos los años vividos en los Estados Unidos. Creo que desde el primer día que pisó tierra estadounidense, ya estaba pensando en cómo sería su regreso, ya que nuevamente su sueño era que todos viviéramos juntos en armonía en el mismo país, sin que nos faltara nada y que las cuatro hermanas viviéramos unidas para siempre. Pero a veces como dice el dicho: «el hombre propone y Dios dispone», no siempre el deseo se cumple tal como lo quisiéramos.

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