— PATRICIA
Nada me molesta más que habitar espacios donde mi libertad se vea amenazada. Desde chiquita odiaba la escuela porque sentía que pasar tantas horas escuchando a la maestra era un atentado rabioso a mis ganas de libertad. Recuerdo días de pleno invierno cuando buscaba cualquier excusa para salir de clase e irme al patio, solo para sentir que el viento me daba en la cara, me despeinaba y me levantaba la pollera del uniforme. Quería ser libre como el viento.
De más grande también me escapé de algún novio medio “cuida” que miraba feo que tuviera muchos amigos y que saliera sin él.
A lo largo de mi vida laboral, en cada uno de mis trabajos siempre tuvo más valor ejercer la libertad de crear nuevas alternativas y poder cuestionar las establecidas que la retribución económica que recibía.
Elegir la libertad como todo en la vida, también tiene sus costos. No es cómodo e incluso despierta envidia en algunas personas que reparan solo en los resultados y no ven los costos que pagaste por ella. Tomar un camino es dejar otros. Una y otra vez, soy de los lugares donde me siento libre. Ser libre es crear nuevos caminos y volar en ellos. Honrar mi propia libertad también implica respetar la libertad de los que me rodean, relacionarse desde la libertad es volverse a elegir cada día.
— MARIO
La vuelta al
mundo en una hora
El primer rapto de libertad me lo permití a los 8 años, a la salida del colegio y subiéndome a un colectivo para dar la vuelta entera a la ciudad como si el mundo se rindiera a mis pies. El recorrido completo duraba más de una hora y me largué a la aventura sin avisar nada a mis padres que, como cada mediodía, me esperaban con la mesa tendida para el almuerzo familiar.
Perdí la noción del tiempo y sentí que el espacio era todo mío. Mis ojos curiosos no se perdían detalle de las plazas, las iglesias, las verdulerías, los descampados, que se iban sucediendo más allá de la ventanilla, y yo con la nariz en el vidrio imaginaba mil historias en el alma de la gente que se cruzaba en bicicleta, regaba las plantas, preparaba la siesta o volvían del almacén con la compra del día. La ciudad era un elástico estirado que parecía no terminar nunca y mi alma excitante y traviesa saboreaba mi valiente emancipación por un ratito.
Al final del viaje no hubo recompensa, sino el grito de mi madre que estaba en la puerta de casa esperando con el delantal puesto y la ceja izquierda levantada, símbolo de furia e impotencia. Me gané un coscorrón y me dolió en el momento, pero nunca pudo opacar la felicidad infinita de aquel salto a la libertad en pantalones cortos, guardapolvo blanco y ganas de ser yo.
MODELO PARA ARMAR
Quemarse mil veces
Ahora que saltó a su propia libertad puede sacarse la remera sin miedos, aceptar la mirada de los demás y hasta disfrutar de un partido de fútbol sin bufanda. Matías Lescano, 33 años, estuvo muchos años en su propio encierro: cubierto de ropa y lleno de vergüenza.
El 14 de mayo de 2001, cuando tenía 12 años, terminó con el 70 % de su cuerpo quemado por el incendio en su casa provocado por la expareja de su madre que a las 4:30 de la mañana prendió fuego todo. Matías se llevó la peor parte: le hicieron 69 cirugías.
Durante muchos años hizo todo lo posible para no ser visto. La vergüenza fue un encierro espantoso, la mirada ajena una persecución amenazante.
– ¿Cómo fueron esos años?
– ¡Qué no hice! El colegio fue una tortura porque iba con guantes especiales. El secundario lo hice en un técnico de varones para no tener compañeras mujeres y evitar los rechazos. En los veranos nunca me saqué la remera delante de nadie y jugaba al fútbol con pantalón largo y bufanda para tapar las heridas en las piernas y el cuello.
En su salto a ser un hombre libre ayudó mucho Denise, su pareja de hace 12 años. Ella lo ama y las marcas en el cuerpo nunca fueron un obstáculo. Sin embargo, Matías tardó más de tres años en sacarse la remera delante de ella y cuando al final se animó lo hacía con la luz baja.
– ¿Cómo fue el salto a tu libertad?
– Primero, generé confianza conmigo mismo. Un día entendí que no la estaba pasando bien. Siento mucha alegría y, al mismo tiempo, me pregunto por qué no lo hice antes. Me da rabia por todos los años que pensé que no iba a poder. El afuera no lo podemos cambiar, me siguen mirando igual, pero cambié yo respecto de esa mirada que antes me torturaba. Cuando me dicen “pobrecito” ya no me lastima, ni me duele como antes.
Matías se animó a vivir, a amar, a ser. Sin embargo, otro dolor lo estaba esperando en agosto de 2020, en plena pandemia. Denise rompió bolsa a los siete meses de embarazo y nacieron Franchesca y Valentina. Las bebés solo sobrevivieron dos días.
– ¿Qué aprendiste?
– Yo creía que el mayor dolor eran las heridas de mi cuerpo. Mis hijas vinieron a enseñarme que no, que hay otros dolores más fuertes. Prefiero quemarme mil veces más y pasar 20 años de sufrimiento, y recuperar a mis dos bebas.
¿Dónde vemos libertad en la historia de Matías?
Pudo ganarle a la vergüenza. El miedo a la opinión de otros nos quita libertad de mostrarnos y ser como somos.
Cuando nos falta la libertad lo sentimos, es como estar presos, aunque no haya barrotes en nuestra vida.
Cuando no somos libres, nos perdemos de explorar nuevos caminos. El no ejercer nuestra libertad nos quita posibilidades.
Cuando por fin nos animamos a ser libres y le tomamos el gusto, nos preguntamos: ¿por qué no lo hice antes? Es difícil ver a alguien lamentarse por ejercer su libertad, pero es común ver personas que al final de su vida se arrepienten de no haberla usado antes.
A veces quedamos presos por la magnitud que les damos a ciertos hechos y luego la vida nos demuestra que nos necesita libres y fuertes para otras circunstancias de mayor desafío.
Luego de leer la historia de Matías, te preguntamos:
¿Estás usando la libertad que te pertenece?
¿Te sientes preso/a en algún aspecto de tu vida?
¿De qué están formados los barrotes de tu celda?
¿Quién tiene la llave del candado que la cierra?
Capítulo 4
• Saltar a la creatividadtiene más que ver con preguntarnos que con obtener respuestas.
• Saltar a la creatividades corrernos del lugar donde estamos anclados y pararnos en la vida desde otro punto diferente.
• Saltar a la creatividades un espacio de salida al “no puedo”.
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.