Apenas pongo un pie en el salón, el señor Chavez me ladra.
–La tarea en la mesa, por favor, luego recojan su calificación del trabajo final por allí.
Señala con el capuchón de un marcador para pizarra seco a una pila de hojas en la mesa de adelante.
Saco mi informe del pez rape y lo apoyo en la pila con los demás trabajos. Mientras avanzo entre las mesas, me sorprende ver que mi mesa de laboratorio no está vacía. Quint ya está aquí. Temprano. Más temprano que yo .
Me congelo. Honestamente, no esperaba que Quint estuviera aquí hoy, a pesar de que lo mencionó ayer a la noche. Como es el último día antes de las vacaciones de verano, asumí que se ausentaría junto con la mitad de los compañeros de mi año y los estudiantes de los últimos años.
Pero aquí está, hojeando una carpeta de tres aros repleta de folios transparentes. Es el informe que presentó ayer. Nuestro informe.
Lo miro cautelosamente mientras llego al escritorio del señor Chavez y tomo la maqueta de la calle principal. La estudio en búsqueda de alguna indicación de mi calificación, pero no encuentro nada.
Quint levanta la cabeza y me mira cuando llego a nuestra mesa compartida y apoyo la maqueta en una esquina.
–¿Cómo te sientes? –pregunta.
Mi cabeza comienza a latir, solo un poco, en respuesta a su pregunta. Apenas me molestó está mañana, pero recordar que me caí hace que lleve la mano instintivamente hacia mi cuero cabelludo en busca del golpe. Ya casi ha desaparecido.
–Depende. –Me dejo caer en mi asiento–. ¿Cómo nos fue?
Encoge los hombros, despega una nota adhesiva azul de la carátula y presiona el papel sobre la mesa entre nosotros.
Siento un vacío en el estómago cuando leo las palabras:
Prudence: B-
Quint: B+
Calificación general: C
–¿Qué? –prácticamente estoy gritando–. ¿Esto es una broma?
–Pensé que podrías no estar encantada –dice Quint–. Cuéntame, ¿te molesta más la C o que mi calificación individual sea superior a la tuya?
–¡Las dos cosas! –Me inclino hacia adelante y leo las palabras que el señor Chavez escribió debajo de las calificaciones.
Prudence: trabajo ejemplar, pero aplicó poca ciencia.
Quint: conceptos fuertes, pero ejecución desprolija y escritura sin dirección.
El proyecto presenta una falta general de cohesión y las ideas más importantes no son desarrolladas por completo. Ambas calificaciones se hubieran beneficiado enormemente con mejor comunicación y trabajo en equipo.
–¿Qué? –repito y luego suelto un gruñido consternado desde mi garganta. Sacudo la cabeza–. Sabía que simplemente debería haberlo escrito yo misma.
Quint se ríe. Es una risa bastante fuerte que atrae más de una mirada.
–Por supuesto que esa es tu interpretación de los comentarios del profesor. Claramente mi parte fue el problema, a pesar de que…
Se inclina hacia adelante y da un golpecito sobre su B+.
–Eso tiene que ser un error.
Lo miro fijo.
–Naturalmente.
Mi latido retumba en mi pecho. Mi respiración se acelera. ¿Cómo es posible? Nunca he recibido una C en nada. ¡Y mi maqueta! Mi hermosa maqueta en la que trabajé tanto, todas esas horas, los detalles… ¿eso solo valió una B-?
Algo está mal. El señor Chavez confundió quién hizo qué. Tomó una decisión fatigado después de corregir demasiados trabajos antes del nuestro.
Esto no puede estar bien.
–Okey, pero en serio, sin importar las calificaciones –dice Quint y toma la nota adhesiva y la vuelve a colocar en la carátula del informe–. ¿Cómo está tu cabeza?
Sé que es una pregunta legítima. Sé que probablemente no haya una intención cruel detrás de ella. Pero, de todos modos, casi suena acusatoria, como si estuviera sobre reaccionando por algo que él considera insignificante.
–Mi cabeza está bien –respondo con furia.
Empujo mi silla de la mesa y tomo la carpeta de tres anillos. Doy zancadas hacia el frente del salón. Los pocos estudiantes que no faltaron hoy siguen entrando al salón y Claudia casi pega un salto para salir de mi camino mientras avanzo a paso fuerte por el pasillo.
El señor Chavez me ve venir y puedo ver su cambio de postura, sus hombros, su expresión. Veo su expectativa, lo esperaba, no está sorprendido.
–Creo que hubo un error –digo sosteniendo la carpeta para que pueda ver su propia nota adhesiva inepta–. Esto no puede ser correcto.
–Tenía la sensación de que me haría algún comentario, señorita Barnett –suspira y entrelaza sus dedos–. Su trabajo es fuerte. Es una oradora excepcional, sus ideas son sólidas, la maqueta era hermosa. Si esta fuera una clase de negocios, la calificación hubiera sido A+ sin duda. –Hace una pausa, su expresión es compasiva–. Pero esta no es una clase de negocios, es Biología y su tarea era presentar un trabajo relacionado con los temas que trabajamos este año. –Encoge los hombros–. Ahora bien, ecoturismo y biología ciertamente se superponen en varios aspectos, pero no mencionó ninguno de ellos. En cambio, habló de potencial de ganancias y campañas de marketing. Ahora… si creyera que aportó algo de lo que hay en ese informe, eso hubiera incrementado significativamente tanto su calificación individual como la combinada. Pero Quint y usted dejaron bien en claro que este proyecto no fue abordado como un trabajo en equipo. –Alza las cejas–. ¿Correcto?
Lo miro seria. No puedo discutir y lo sabe. Por supuesto que no fue un trabajo en equipo. En mi opinión, es un milagro que Quint haya presentado el informe en primer lugar. Pero ¡no fue mi culpa que me emparejaran con él!
Siento el peso repentino de las lágrimas detrás de mis ojos; nacen tanto de la frustración como de todo lo demás.
–Pero trabajé tan duro en el proyecto –digo luchando, sin éxito, para mantener mi voz estable–. He estado investigando desde noviembre. Entrevisté líderes de la comunidad, comparé los esfuerzos de mercados similares. Yo…
–Lo sé –responde asintiendo. Luce cansado y triste y, de alguna manera, hace que todo esto sea peor–. Y lo lamento mucho, pero simplemente no cumplió con la consigna del trabajo. Era un proyecto de ciencia, Prudence, no una campaña de marketing.
–¡Sé que es un proyecto de ciencia! –Bajo la mirada hacia la carpeta en mis manos. La fotografía me devuelve el gesto, es una foca o un león marino o lo que sea, enredado en un hilo de pesca. Sus ojos abatidos hablan más fuerte que las palabras. Sacudo la cabeza y vuelvo a extender la carpeta para que el señor Chavez la vea–. ¿Y le dio a Quint una calificación más alta que a mí? Lo único que hizo fue tomar mis ideas y tipearlas y, según su nota de aquí, ¡ni siquiera hizo eso muy bien!
El señor Chavez frunce el ceño y mece su peso sobre sus talones. Me está mirando como si, de repente, hubiera empezado a hablar en otro lenguaje. En ese momento me doy cuenta de que la clase se quedó en silencio. Todos nos están escuchando.
Y ya no estoy parada aquí sola. Los ojos del señor Chavez saltan a un costado. Sigo su mirada y veo a Quint parado a mi lado con los brazos cruzados. No puedo leer su expresión, pero es casi como si le estuviera diciendo a nuestro profesor: “¿Ve? Esto es lo que tuve que soportar”.
Enderezo mi espalda y resoplo tan fuerte que me duele la nariz, pero por lo menos evito que caigan las lágrimas.
–Por favor –digo–. Nos dijo que este proyecto equivale al treinta por ciento de nuestra calificación y no puedo permitir que baje mi promedio. Debe haber alguna manera de arreglar esto. ¿Puedo hacerlo de nuevo?
–Señorita Barnett –dice el señor Chavez con cautela–. ¿Leyó su informe?
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