14. ¿Tiene la Iglesia exorcistas profesionales en la banca, o es el párroco, o el sacerdote más cercano quien realiza el exorcismo ?
Jorge : En algunas diócesis hay un exorcista nombrado por el Obispo. A ése lo llamé, por comodidad, exorcista profesional. El nombre sería el de Exorcista de la Diócesis. Se suele elegir a un sacerdote prudente, no de fácil credulidad, de vida ejemplar y con conocimientos del tema; lo que llamaríamos un experto. Cuando se presenta un caso en el que el Obispo considera prudente el realizar un exorcismo, es el exorcista de la diócesis quien lo ejecuta. Pero no todas las diócesis tienen un exorcista designado; entonces, cuando se presenta un caso similar, el Obispo designa al sacerdote concreto que realizará el exorcismo; no es que le toque hacerlo al párroco, ni al sacerdote más cercano, ni al que ande por ahí, sino que ha de ser designado para el caso concreto por el Obispo, quien incluso puede llamar a un sacerdote de otra diócesis.
15. Hablando de posesiones verdaderas: ¿es menester que la persona preste su voluntad, o puede ser poseída aun contra su voluntad?
Jorge : El tema de las verdaderas posesiones lo trataré la próxima vez. Por hoy me limito a responder en forma escueta: es doctrina segura, en concreto de santo Tomás, que el diablo, aunque pueda inducir fenómenos espectaculares de cuerpo y de mente, no puede, sin embargo, tocar lo más profundo de nuestra libertad.
16. La técnica del trance de la que usted habló, ¿se ha usado sólo en el teatro, o también en otros terrenos?
Jorge : Que yo sepa, así, expresa y abiertamente, sólo en el teatro. Pero no lo garantizo; quizá se use en otros terrenos. Que de hecho se maneje en otros terrenos, sin conciencia de que se trata de fuerzas naturales, me parece claro, y de eso he estado hablando toda la noche. Incluso externé mi sospecha de que en un grupo de carismáticos que yo conocí, lo usaban sabiendo, o sospechando al menos, que se trataba de fuerzas naturales, pero no lo decían y en todo caso contribuían a que la gente creyera que se trataba de directa intervención del Espíritu Santo.
17. Yo participé personalmente en el grupo de Jorge. Después podía yo entrar solo y naturalmente en estado de trance. Por la calle o en el camión era entonces yo muy perceptivo a los sentimientos de los demás. Yo sentía, por ejemplo, que el vecino estaba muy triste. Una sonrisa de otro me decía muchas cosas. Alguna vez me puse en trance solo en mi casa, voluntaria o involuntariamente; una vez estando yo dormitando, me empecé a mover, y también la cama; era un rechinadero tal, que yo no sabía ni qué onda. Los sentimientos acompañantes pueden ser de sufrimiento o de angustia, pero también viene a ser algo parecido a un orgasmo espiritual. Me gusta mucho correr, y un día fui a la Unidad Deportiva del Parque Ávila Camacho. Se me ocurrió correr a muy alta velocidad, dudando si lo lograría. La pista estaba sola, y yo estaba predispuesto. Empecé a dar vueltas al campo, me concentré, y de pronto me di la consigna de correr. Corrí a enorme velocidad, como si me fueran jalando. La gente se quedó impresionada, y yo también. Me volví a verlos. Y me dio miedo. No supe qué había pasado conmigo. Con la cabeza inclinada salí del campo. Y ya no lo he vuelto a intentar. Sé que tengo mis límites, pero que soy capaz de trascender muchos límites. Algunos llaman madurez a la aceptación de los propios límites. Y piensan que el querer trascender los propios límites denota inmadurez. Yo prefiero no hablar de madurez, sino de diversos niveles de conciencia, pues cuando una fruta está madura, se cae, y ya no sirve. Cristo (como hombre) entró a niveles de conciencia muy fregones ( sic ), tanto que algunos lo ven como un inadaptado (al mundo convencional). Digamos que trascendió sus límites (que como hombre tenía). Eso lo señaló, y lo compartió con nosotros.
18. Por lo que sé de los ejercicios de trance y de concentración, se utilizan para llegar a Dios, como un acto de religión. ¿Es así?
19. Yo también soy del grupo de Jorge. Cuando me habló de ello, me interesé; y no sé por qué, pues soy escéptico respecto de horóscopos, adivinaciones y cosas por el estilo. Al comenzar, viendo lo que sucedía con otros compañeros, me puse a temblar, como lleno de terror. Me parecía ver escenas de El exorcista. En sesiones posteriores, ya relativamente más calmado, hicimos la vivencia del Padre Nuestro; fue una gran vivencia de hermandad; como muy espontáneamente, y sin ponernos de acuerdo, produjimos entre todos un murmullo, que era algo así como una canción de cuna. Nunca olvidaré esa experiencia. Tengo deseos de repetir los ejercicios y de llegar a saber de qué se trata; debe de haber alguna explicación; eso sí, no creo para nada que se trate de algo diabólico, sino más bien de algo que eleva a Dios, eso que al principio me había llenado de terror.
20. El trance del usted habló, ¿se relaciona con los diferentes niveles de hipnosis?
Jorge : Por lo que he oído de la hipnosis, hay, al menos, semejanzas notables con el trance que he tratado de describir. Tanto que algunos de mis compañeros han opinado (pues cada vez discutimos nuestras experiencias) que se trata de auto–hipnosis. Les paso al costo tal opinión, que yo no comparto totalmente.
21. Aquí en Guadalajara existen diversos grupos organizados. ¿Ustedes forman parte de esos grupos organizados? Pregunto también si cualquier persona puede hacer esos ejercicios.
Jorge : No formamos parte de grupos organizados. Nos juntamos un grupo de amigos interesados, así de simple. El que todas las personas estén capacitadas, yo respondería, en principio, sí. Sin embargo, no lo recomendaría indiscriminadamente; y, también en principio, lo desaconsejaría, como dije ya, a personas que tuvieran problemas psicológicos serios. Dicen los médicos que no hay persona cien por ciento sana en su cuerpo; y los psicólogos dicen lo mismo respecto de la mente o psique. Así que uso ahora una frase ambigua: cualquier persona, que esté física y psicológicamente sana puede hacer estos ejercicios. Aquí sirve de nuevo el ejemplo que puse del mar. ¿Cualquiera puede entrar al mar y ponerse a jugar con las olas, aunque hoy sea la primera vez que conoce el mar? Creo que la respuesta es clara: si se trata de un muchacho fuerte, robusto, deportista, o de alguno que no lo sea tanto, pero que está sano , le diremos que sí. Pero supongamos un muchacho medio inválido, o que necesite muletas, es claro que no lo induciremos a que se meta a jugar con las olas altas.
22. Quisiera narrar mi experiencia, hará un año, en una sesión a la que fui invitado, con un yogui (2) aquí en Guadalajara. Tras una charla muy amena, nos dijo que íbamos a entrar en trance. Comenzaron a apagar las luces, se encendió incienso y se tocó música de laúd. Él nos dijo que moviéramos la cabeza. Yo estaba escéptico, pero, en fin, comencé también a mover la cabeza. En breves minutos estábamos en trance casi todos, y comencé a mover mi cabeza en forma muy fuerte. Quise detener ese movimiento, pero ya no pude. Me costó mucho trabajo salir de ese estado. Al final, todos narramos nuestras vivencias, como un joven lo hizo aquí. Algunos hablaron de emociones hermosas; otros dijeron que habían sufrido mucho. Yo le dije al yogui “Me hipnoticé”. El yogui se molestó, aun se puso algo agresivo en mi contra y me respondió que no era hipnotismo, sino trance. Todavía otra experiencia: de joven comencé a practicar la auto–hipnosis; y en una ocasión fui a Lagos de Moreno. En la carretera, muy recta, me dio por auto–hipnotizarme; y me fui manejando dormido desde Villa de Guadalupe hasta Lagos. Ya no lo he vuelto a hacer, por temor a que algo falle, y me estrelle. Sigo insistiendo en que se trata de diferentes estados de hipnotismo, aunque la gente les dé nombres diversos. Desde luego no se trata de cosas que en sí sean moralmente buenas o malas; ni angélicas ni demoníacas, sino cosas de la mente.
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