Se trata de un escrito que tiene varias redacciones previas en las que se puede ir observando la evolución de sus ideas. 1
Algunas aclaraciones sobre este primer subtítulo:
a) “Berlín”, no sólo por ser el lugar de residencia de M. Klein en estos años sino fundamentalmente por el influjo de Karl Abraham (Presidente e inspirador de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín), mentor y analista de M. Klein
b) “1923” porque desde mediados de ese año (y hasta octubre) lleva a cabo el tratamiento analítico (83 sesiones) de Rita 2 3
c) “1926” no sólo porque es el año en que aparece publicada la versión final de este trabajo sino porque es cuando deja Berlín para radicarse en Londres, cerrando un ciclo para abrir otro.
Melanie Klein presenta así los objetivos de Principios psicológicos del análisis infantil 4
“En el siguiente artículo me propongo:
[a] examinar en detalle ciertas diferencias entre la vida mental de los niños pequeños y la de los adultos. Estas diferencias requieren que usemos una técnica adaptada a la mente del niño pequeño, y
[b] trataré de demostrar que hay una cierta técnica de juego analítica, que cumple con este requisito. Esta técnica está planeada de acuerdo con ciertos puntos de vista que examinaré con algún detalle en este artículo.” 5
Podemos apreciar la estrecha relación que M. Klein establece entre este desarrollo técnico que nos propone (“una cierta técnica de juego analítica”) y la concepción del funcionamiento mental de los niños pequeños.
“Trude, una niña de tres años y tres meses, se fue de viaje con la madre luego de una única sesión de análisis. Seis meses después reinicié el análisis. Fue sólo después de tiempo considerable que habló de algo que había pasado en ese intervalo, y la ocasión en que lo hizo fue durante el relato de un sueño. Soñó que estaba nuevamente en Italia con su madre, en un restaurante familiar. La camarera no le daba jarabe de frutilla, porque no quedaba más. La interpretación de este sueño mostró, entre otras cosas, que la niña sufría aún de la privación del pecho materno impuesta por el destete; además, reveló su envidia a su hermanita. Por lo general, Trude me contaba toda clase de cosas aparentemente irrelevantes, y también mencionaba repetidamente detalles de su primera sesión analítica, seis meses atrás, pero era sólo la conexión con las frustraciones que había experimentado lo que le hacía pensar en sus viajes, que por otra parte no tenían interés para ella.” 6
En esta cita comienza refiriéndose (aunque no menciona explícitamente el término transferencia) a una privación en el vínculo analítico: luego de la primera entrevista media un viaje de seis meses hasta el reinicio del tratamiento. Recomenzado el mismo, Trude “cuenta cosas aparentemente irrelevantes”, hasta que aparece un sueño cuya interpretación remite al sufrimiento de la niñita por la privación del pecho materno impuesta por el destete y la envidia a su hermanita (a la que podemos suponer estando en período de lactancia del pecho materno). Recién ahora (es decir, luego del sueño y de su interpretación) la niña puede comenzar a hablar “de algo que había pasado en ese intervalo”; en otros términos, recién en este momento pudo superar el repudio a la privación que la realidad le habría impuesto y “conocer la realidad [precisamente] a través de las privaciones que ésta les impone.” No obstante, “lo fundamental y el criterio de toda capacidad ulterior de adaptación a la realidad, es el grado en que [los niños] son capaces de tolerar las privaciones que resultan de la situación edípica”; 7grado variable y en el que juega un importante papel la intervención de otro (en este caso, M. Klein y su interpretación del sueño).
Rita pudo pasar de
a) contar “toda clase de cosas aparentemente irrelevantes, y [mencionar] repetidamente detalles de su primera sesión analítica, seis meses atrás” a
b) “pensar en sus viajes” en “conexión con las frustraciones que había experimentado.”
Podríamos extendernos en comentarios sobre esta cita, pero preferimos destacar sólo algunos de los elementos de la argumentación que Melanie Klein necesita presentar:
a) presencia y significatividad de fenómenos transferenciales en tratamientos con niños pequeños
b) la frustración es la que pone en marcha el proceso de conocer (pensar) la realidad (que no es lo mismo que “contar cosas irrelevantes” ni “mencionar detalles” de esa “realidad”). 8
c) el destete es el prototipo de dicha frustración y la reacción primera es “repudiarla”;
d) “lo fundamental y el criterio de toda capacidad ulterior de adaptación a la realidad, es el grado en [los niños] que son capaces de tolerar las privaciones que resultan de la situación edípica. ” 9Por lo tanto, entre destete y situación edípica parece darse una articulación que todavía está por determinarse en el presente trabajo.
“Tendencias edípicas incipientes”
Precisamente hacia ese punto se dirige M. Klein en los siguientes párrafos:
“Podemos observar que los niños muestran a menudo, ya al principio de su segundo año, una marcada preferencia por el progenitor del sexo opuesto y otros indicios y tendencias edípicas incipientes.
Cuándo empiezan los conflictos subsiguientes, es decir, en qué punto el niño llega a estar realmente dominado por el complejo de Edipo, es menos claro, ya que deducimos su existencia sólo de ciertos cambios que advertimos en el niño.” 10
Con mucha cautela (ya que diferencia entre “tendencias edípicas incipientes” y “estar realmente dominado por el complejo de Edipo”) comienza a introducir en la teoría lo que su clínica le muestra como observación (“Podemos observar...”): las manifestaciones del complejo de Edipo se pueden apreciar antes de lo que S. Freud pensaba. “En ellos el complejo de Edipo ejerció una profunda influencia ya en su segundo año de vida.”
Cautela que, en el siguiente párrafo, ya deja su lugar a una firme conclusión. Lo que eran
“ciertos cambios que advertimos en el niño [ahora son] una profunda influencia ya en su segundo año de vida: El análisis de un niño de dos años y nueve meses, otro de tres años y tres meses, y varios de alrededor de cuatro años, me ha llevado a la conclusión de que en ellos el complejo de Edipo ejerció una profunda influencia ya en su segundo año de vida . Ilustraré esto con el desarrollo de una pequeña paciente.” 11
Quizás para retornar a la cautela es que anuncia en forma de nota al pie de página lo que bien podría formar parte central de texto (y lo será en dos años más en Estadios tempranos del conflicto edípico ), ya que contiene importantes ideas:
“Con esta conclusión está estrechamente conectada una segunda, que sólo puedo indicar aquí.
En una serie de análisis de niños descubrí que la elección de la niñita del padre como objeto de amor seguía al destete. Esta privación, que es seguida del aprendizaje de hábitos higiénicos (proceso que se presenta al niño como un nuevo y penoso retiro de amor), afloja el vínculo con la madre y hace que empiece a funcionar la atracción heterosexual, reforzada por las caricias del padre, que son ahora interpretadas como seducción. Como objeto de amor, también el padre sirve en primera instancia al propósito de gratificación oral. En el artículo que leí en el Congreso de Salzburgo en abril de 1924, di ejemplos para mostrar que los niños conciben y desean el coito al principio como acto oral.
Creo que el efecto de estas privaciones en el desarrollo del complejo de Edipo en los varones es a la vez inhibitorio y propulsor. El efecto inhibitorio de estos traumas se ve en el hecho de que es a ellos a los que el niño retrocede en seguida, cuando trata de escapar a su fijación a la madre, y refuerzan su actitud edípica invertida. La circunstancia de que estos traumas, que preparan el camino para el complejo de castración, procedan también de la madre es, como he podido ver, la razón de por qué en ambos sexos es la madre la que en los estratos más profundos del inconsciente es especialmente temida como castrador.
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