También confesar es profesar la fe ya que la fe hace “hablar confesando el pecado”; por la fe, que nos da el conocimiento de Dios, podemos llegar a bendecirlo. La fe nos da el conocimiento de Dios para que podamos invocarlo y alabarlo. La fe empuja a la alabanza y remueve del pecado.
Para Agustín la alabanza, fruto de la confesión de la fe y del pecado, es expresión del amor, que no solamente expresa el amor a Dios, sino que también es un ejercicio de amor al prójimo. Alabar a Dios ante los demás crea una corriente de confianza mutua, es un ejercicio del amor fraternal y sirve para la edificación de la vida de los que escuchan. Estas son las razones que mueven a Agustín a escribir su libro de confesiones.
Por eso podemos decir que Las Confesiones es una larga e ininterrumpida oración en la que su autor, por medio de la memoria y el autoexamen, confiesa ante Dios sus pecados y lo bendice por las obras de su misericordia. Es quizá la oración más larga de la historia, de una belleza incomparable, con una pasión arrebatada y un continuo tono de enamorado.
Dado que la obra original es una tesis1, ha sido adaptada para una lectura ágil y amena. Este libro se propone como una ayuda para el proceso de conversión de quién se acerca a la fe buscando responder radicalmente al Señor. También, se ofrece como instrumento y formación pastoral para todos los agentes pastorales que acompañan los procesos de conversión en aquellos que se acercan sedientos de Dios a la comunidad creyente.
P. Juan Bautista Duhau, MPD
Sacerdote nazareno
Mayo de 2014
1 Dado que la obra original es una tesis1, ha sido adaptada para una lectura ágil y amena. Este libro se propone como una ayuda para el proceso de conversión de quién se acerca a la fe buscando responder radicalmente al Señor. También, se ofrece como instrumento y formación pastoral para todos los agentes pastorales que acompañan los procesos de conversión en aquellos que se acercan sedientos de Dios a la comunidad creyente. P. Juan Bautista Duhau, MPD Sacerdote nazareno Mayo de 2014 1 -N del E.: La referencia de la obra original es: Burgaleta Clemos, Jesús, La conversión es un proceso (En las Confesiones de San Agustín), Salamanca, Madrid, Instituto Superior de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca, 1981. El P. José Luis Segovia, director del Instituto, escribe sobre el autor: “navarro de nacimiento y formado en el Instituto Católico de París y en la Universidad Pontificia Comillas, fue profesor del Instituto de Salamanca desde 1967-68 hasta su fallecimiento. Impartió enseñanzas siempre relacionadas con la Liturgia, la Sacramentología y los Ministerios eclesiales. Aunaba en sus clases el rigor y la pasión. Profundamente creyente, estuvo lleno de fe y de vitalidad hasta que la leucemia pudo con sus defensas. Siempre fue claro, directo y sin doblez. Ha publicado más de una veintena de libros y un sinfín de colaboraciones y artículos. Para él, la liturgia no era una serie de fórmulas sino la expresión y celebración de lo que se cree y se vive, expresión cuidada de sensibilidad y poesía y, a la vez, plena de hondura teológica y compromiso. Solía decir que la liturgia no tiene autor y es la única posibilidad plena que tienen los creyentes de expresar y vivir la fe. Apoyó la reforma litúrgica con infinidad de subsidios. Solía decir que hacía teología predicando, teología desde la comunidad, en la comunidad y para la comunidad. Escribió seis libros de homilías “celebradas·, en sus propias palabras. Nos dejó un 17 de septiembre de 2007 a los 68 años de edad. Fue un “maestro en el arte de explicar a Dios en palabras humanas” y, como señaló un obituario de un diario de tirada española, “el que enseñó a los curas a decir misa de cara al pueblo”. De algún modo vivió en su propia carne el tema que anunciaba en su tesis doctoral al hilo del proceso de maduración en la fe de san Agustín.”
-N del E.: La referencia de la obra original es: Burgaleta Clemos, Jesús, La conversión es un proceso (En las Confesiones de San Agustín), Salamanca, Madrid, Instituto Superior de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca, 1981. El P. José Luis Segovia, director del Instituto, escribe sobre el autor: “navarro de nacimiento y formado en el Instituto Católico de París y en la Universidad Pontificia Comillas, fue profesor del Instituto de Salamanca desde 1967-68 hasta su fallecimiento. Impartió enseñanzas siempre relacionadas con la Liturgia, la Sacramentología y los Ministerios eclesiales. Aunaba en sus clases el rigor y la pasión. Profundamente creyente, estuvo lleno de fe y de vitalidad hasta que la leucemia pudo con sus defensas. Siempre fue claro, directo y sin doblez. Ha publicado más de una veintena de libros y un sinfín de colaboraciones y artículos. Para él, la liturgia no era una serie de fórmulas sino la expresión y celebración de lo que se cree y se vive, expresión cuidada de sensibilidad y poesía y, a la vez, plena de hondura teológica y compromiso. Solía decir que la liturgia no tiene autor y es la única posibilidad plena que tienen los creyentes de expresar y vivir la fe. Apoyó la reforma litúrgica con infinidad de subsidios. Solía decir que hacía teología predicando, teología desde la comunidad, en la comunidad y para la comunidad. Escribió seis libros de homilías “celebradas·, en sus propias palabras. Nos dejó un 17 de septiembre de 2007 a los 68 años de edad. Fue un “maestro en el arte de explicar a Dios en palabras humanas” y, como señaló un obituario de un diario de tirada española, “el que enseñó a los curas a decir misa de cara al pueblo”. De algún modo vivió en su propia carne el tema que anunciaba en su tesis doctoral al hilo del proceso de maduración en la fe de san Agustín.”
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PRIMERA PARTE
AGUSTÍN PECADOR
AGUSTÍN PECADOR
(Enraizamiento del pecado en el pecador)
La conversión es la contrapartida del pecado. Para comprender rectamente el proceso de la conversión es necesario entender qué es el pecado. Desde él todo pecador deberá emprender el camino de vuelta.
Agustín, en su libro de Las Confesiones, donde nos narra su conversión, tiene buen cuidado de confesar de qué se convierte, en qué situación se encuentra, qué es esa realidad del pecado de la que pretende salir.
El pecado es una de las situaciones humanas más complejas que puedan analizarse. En qué consiste su arraigo, sus causas, sus efectos, sus expresiones, son otros tantos aspectos que intentamos abordar a lo largo de esta parte, a fin de que podamos vislumbrar cómo la conversión no es efecto de un instante, sino un proceso delicado y difícil en el que se pone en juego la dimensión más honda de la persona.
En esta primera parte vamos a tratar el pecado desde la misma situación en que se encuentra Agustín. En lugar de analizar el pecado en abstracto, sus imágenes, las causas y los efectos, voy a partir del estado en que nos dice que se encuentra Agustín para seguir profundizando en las causas, efectos, imágenes y naturaleza del pecado. De esta manera, personalizando, encarnando el pecado en la vida de Agustín, nos adentraremos mejor en lo que supone dentro de la estructura de la persona, mostraremos su arraigo y tendremos una más clara perspectiva para poder conocer el proceso de la conversión.
I
SITUACIÓN DE PECADO DE AGUSTÍN
El libro de Las Confesiones tiene como fin reconocer ante Dios y ante los demás la realidad de pecado en que ha vivido su autor. Reconocimiento que supone un acto de fe y de amor y es, por lo tanto, una alabanza a ese Dios cuya misericordia le ha hecho reconocer el pecado y lo ha liberado de sus garras.
El estudio de los pecados de Agustín no debe cifrarse en el análisis de sus pecados concretos –que sería una simple curiosidad–, sino en el descubrimiento de su actitud de pecado, en la orientación que llevaba su vida, en sus opciones, sus motivaciones, en la raíz misma del pecado.
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