Christiane Félip Vidal - Mujeres en conflictos

Здесь есть возможность читать онлайн «Christiane Félip Vidal - Mujeres en conflictos» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Mujeres en conflictos: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Mujeres en conflictos»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Mujeres en conflictos, es un reconocimiento a seis prestigiosas reporteras de guerra peruanas que pusieron en riesgo sus vidas para que se conozca y entienda la crueldad y la barbarie humana que conllevan las guerras; y dejaron, a través de su trabajo de investigación periodística, un mensaje de razón que resalta la importancia de no olvidar.
A las mujeres siempre les han negado espacios en la vida pública; sin embargo, desafiando ese orden impuesto siempre han estado ahí. También en las guerras ya sea como combatientes, reporteras de guerra, asistiendo a los combatientes. En suma: resistiendo la violencia o narrándola. Sus historias frecuentemente han sido silenciadas. Precisamente, este libro destaca el trabajo de seis reporteras de guerra peruanas que tuvieron el importante y peligroso rol de contarle al mundo las crueldades de diversas guerras: Patricia Castro Obando, Vera Lentz, María Luisa Martínez, Mónica Seoane, Mariana Sánchez Aizcorbe y Morgana Vargas Llosa. Ellas, reporteras o fotorreporteras, cubrieron conflictos en el Oriente Medio, en Bosnia, Kosovo, Afganistán, Irak, Israel y Palestina, El Salvador, Nicaragua, Panamá y el Perú.
Christiane Félip Vidal. Máster en Literatura Iberoamericana de la Universidad de Montpellier, Francia. Estudió Didáctica de las lenguas en La Sorbonne, Francia. Enseñó lengua, literatura y animación en el Taller de Escritura en el Colegio Franco Peruano. Actualmente, se dedica a la formación de docentes en lectura literaria, traducción e interpretación de obras literarias y a escribir. Ha publicado el libro de relatos Descuentos (2004); El refranero soltando gallos (2008); la antología de minificciones con Cucha del Águila, Basta, 100 mujeres contra la violencia de género (2012). Asimismo, las novelas El silencio de la estrella (Lima, 2009, 2015; Francia, 2015), El canto de los ahogados (2012), La flor artificial (novela escrita a cuatro manos con Sophie Canal, 2016), Los espejos opacos (2018). Cuentos suyos han sido publicados en diversas antologías.

Mujeres en conflictos — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Mujeres en conflictos», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

En su mente, había de por medio una cuestión de responsabilidad que abarcaba también su condición de mujer. Pensaba: quien confía en mí es una mujer; si fallo, nunca más van a mandar a una mujer. No podía fracasar aun sabiendo que, en un país musulmán, su género no le facilitaría el trabajo. Esto lo confirmarían después las entrevistas con autoridades que la ignoraban si se dirigía directamente a ellos y solo contestaban las preguntas si las formulaba su intérprete varón.

Recordando aquella primera experiencia en zona de guerra, pone énfasis en que lo más importante de una cobertura es tener la cabeza fría, no dejar nada al azar, planearlo todo viendo si es posible o no. Así se controla también el miedo dice, poniéndolo de lado. Porque el miedo lleva a perder la cabeza y perder la cabeza puede significar perder la vida, y a ella le quedó claro, desde un principio: iba a hacer cobertura sin exponer su vida y no se iba a disparar como una bala perdida.

Tenía la determinación, tenía un plan preciso, tenía el apoyo moral y táctico de un equipo lejano, pero estaba sola en el terreno, venía de Cultura, era su primera corresponsalía y no tenía ni idea de cómo hacerla… Para paliar esas desventajas decidió seguir de cerca a los demás corresponsales, todos ellos curtidos en conflictos armados.

Corría la voz de que iban a abrir la frontera. A los cuatro días de su llegada a Islamabad, Patricia tomó un bus para Peshawar donde se quedó cuatro meses, pero no se cumplió el anuncio. Aprovechó el tiempo para recorrer el país, siempre atenta a cualquier nuevo aviso, dejándose migrar por los movimientos de los demás corresponsales: si se iban a algún sitio, era que había algo, entonces, los seguía.

Así, pisándoles los talones, llegó hasta Qetta, la otra ciudad fronteriza al suroeste de Pakistán, luego del anuncio de una eventual apertura que tampoco se realizó. Y fue más de lo mismo: reportaba rondando por la zona, agenciándoselas sola para desplazarse, siempre a la espera de que se abriera la frontera. Por fin, una mañana, nuevo aviso: no se iba a abrir la frontera en Qetta. Como ráfaga, todos los periodistas subieron veloces a sus camionetas rumbo al norte donde, quizás, sí se podría pasar. Desaparecieron antes de que ella terminara de empacar su modesto equipaje. Patricia se quedó sola.

Dieciocho años después, en la tibieza de un bar sanisidrino, mientras afuera camionetas y autos ingresan raudos al Olivar pese a la llovizna, a la noche que cae y a la limitación de 40 kilómetros por hora, Patricia habla de la diferencia de enfoque que había entre su cobertura y la de los demás reporteros y corresponsales. Habla sin pausa, como si temiera que se le escapara un detalle, una idea, un recuerdo. Habla mirando a los ojos. Es la suya una mirada franca, directa y suave a la vez.

Hace rato que le sirvieron el café que pidió, rato que ya no humea en la taza, pero descarta con un gesto de la mano las invitaciones a tomarlo. Y sigue contando.

Insiste en el plan de sus dos coberturas, en 2001 en Afganistán y, dos años más tarde, en Irak, así como en el apoyo de su equipo limeño que había hecho un trabajo ordenado, muy planificado: ella sabía adónde y para qué iba y cuáles eran los objetivos de la cobertura. Su única responsabilidad era cubrir la noticia y traerla a casa evitando los lugares donde el riesgo era descontrolado. La jefatura en Lima complementaba su reportaje con informaciones provenientes de las agencias, lo cual permitía tener una página bastante completa sobre la guerra.

Patricia pone énfasis en el «nosotros», como si hubiese viajado con todo el grupo cuando en realidad estuvo siempre sola, pero la vigilaban a la distancia, la apoyaban con las notas, le contaban cómo iban las cosas y el celular de su jefa estaba prendido día y noche en caso de emergencia. Habla con gratitud de la solidaridad de sus colegas peruanos. Todos varones, recuerda. La única mujer era su jefa y dice que ella, Patricia, no era sino una pieza en esa gran máquina donde la gente ve a una sola persona cuando en realidad se trata de un trabajo de equipo.

Para ella, sus colegas de El Comercio fueron sus ojos, sus oídos, su yak.

Veinte años después, el 5 de mayo del 2021, al enterarse desde la China del fallecimiento de su jefa, Patricia escribiría: «Esta mujer me mandó a la guerra… Hizo de mí una periodista sin fronteras físicas o mentales, desde corresponsal de guerra hasta corresponsal acreditada en China. Porque a sus ojos todo se podía y las mujeres lo podíamos todo. A partir de ese momento, desde la primera llamada telefónica a Taiwán para encargarme la corresponsalía de guerra, «la jefa» me acompañó en absolutamente todos los momentos cruciales de mi vida. Y me enseñó con su ejemplo a levantar la voz, mi voz».

Insiste en diferenciar su trabajo como enviada especial de aquel que realizan los freelance, y habla de su desconcierto inicial frente a un concepto de la noticia que desconocía y demoró en entender. Descubrió un mundo periodístico donde no siempre se compartía la información. «A mí, el diario me pagaba para que mandara un reporte —aclara—, mientras para los freelance que no tienen ningún tipo de apoyo económico, la noticia es un bien que se vende a las agencias y del que viven. Se podía entender que no estuviesen siempre dispuestos a dar a conocer los datos conseguidos, arriesgando con frecuencia su vida dado que muchos reportaban desde el frente».

A decir verdad, su presupuesto hacía que su situación económica se pareciera bastante a la de una freelance: tenía que restringir gastos en alojamiento, recurrir a particulares para el transporte, mediante pagos a veces excesivos. A falta de cajero automático, uno entra con una cantidad de dinero y se queda hasta que le dure, sabiendo que hay que ahorrar para pagar una salida urgente si es necesario.

«Es la lógica de la guerra», comenta, lo encarece todo, provoca y despierta en la gente los peores y mejores sentimientos: la fraternidad, el egoísmo, la codicia, la oportunidad de vender, de dar, de ayudar y de engañar.

Al preguntarle sobre los rasgos de su carácter que las situaciones de riesgo pusieron en evidencia, Patricia recalca la reflexión estratégica y la prudencia. Siempre tuvo conciencia de que no se trataba de arriesgar la vida por arriesgarla y evitó actos gratuitos de valentía. «No se puede cubrir un conflicto armado bajo un impulso pasional —afirma—. Hay una ética: el periodista no es el artista, no es la noticia, y no debe olvidarse de que solo va por la noticia».

Afuera, la noche ya cayó sobre el Olivar. También cae una garúa antipática que brilla a la luz de los faros. Indiferente a todo el entorno, Patricia sigue hablando frente a una taza de café de la que se olvidó por completo.

La mujer invisible

El día en que Patricia se quedó sola en la ciudad fronteriza de Qetta luego de que salieran en estampida todos los corresponsales extranjeros, tuvo la oportunidad de conocer la solidaridad en un medio que, hasta ese momento, le había parecido demasiado enfocado en conseguir la primicia de una noticia y no siempre dispuesto a ayudar a sus colegas.

No había ninguna posibilidad de transporte local. Estaba sola al borde de la pista cuando paró una camioneta, se abrió la puerta, el chofer se quedó mirándola y luego dijo en español: «Sube. No tienes cómo salir de acá». Era Tim McGirk, del Times. Era muy conocido y apreciado por todos. Se habían visto anteriormente y habían intercambiado unas cuantas palabras, lo suficiente como para saber quién era quién y para quién trabajaban. En la soledad física y moral en la que Patricia se hallaba, lo de McGirk le pareció un gesto de humanidad y, desde entonces, él forma parte de las personas de las que guarda un recuerdo imborrable.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Mujeres en conflictos»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Mujeres en conflictos» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Mujeres en conflictos»

Обсуждение, отзывы о книге «Mujeres en conflictos» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x