El molino
Los Simblegadios
SOL CON EL DON DE MATAR
Los ojos de agua
La impregnación
Faros
Nupcias
La primera mentira
La inmovilidad
Espejo de mi paciencia
Dormir en esta caja
Como si fuera todas las olas
Escrito en un árbol
Sol con el don de matar
A MANO UMBRÍA
Autorretrato con girasol
La ciudad de las tijeras
Pulsos
Cazar truenos
Niña y Minotauro
Álbum vespertino
Un íntimo fuego
Arrojo
Unos guantes de cabritilla
LOS ESCONDITES
Autorretrato con hermano imaginario
Sardonia
Los escondites
UNA MESA EN LA ESPESURA DEL BOSQUE
De cuántos años
Una barca de piedra
Asimetrías
Una mesa en la espesura del bosque
Calle de los animales
La espalda es frontera (2016)
LINDEROS
Después del diluvio
Fuentejoven
La voz pedregosa de Franz Kafka
Siete meses como Bruno Schulz
La verdad enfática de un gesto
Mi miembro de lana
Ama de todas mis almas
ESPIRAS
I
Monosílabos
Tebas
Con el viento gallo
Antena
Palmira
II
Un ramo de flores metálicas
A Mayor Gloria del Sol
El sol mendigo
III
Madre del vinagre
Un hoyo como mis ojos
En la luna de estaño
Asintonías
Declinaciones en el jardín
Dos Madrastras
Una voz salida de los Vosgos
DESFILADEROS
Barca con tres remos
Si encontrara una moneda
Máquina respiratoria
Esquema canónico
La espalda es frontera
Temblor de Judas (2018)
Un pozo y un diente
Línea de flotación
Media Hogaza
La ruta de la seda
Temblor de Judas
Clausura
Siempre es al sur
Epílogo
La poesía de Carlos López Degregori: invitación a una relectura infinita / Camilo Fernández Cozman
Bibliografía
A Roxanna
Prólogo
El oído que se interna en la pared
Esto podría ser un diario:
mi entrada al olvido o a una minúscula posteridad
cuando llegue
el momento de las pruebas.
He escrito poco o mucho en estos años.
Han cambiado mis palabras.
Afuera
alguien
a quien nunca he visto
y no conoceré
barre un amor legendario.
Quiero dedicarle a esa persona
y su escoba
este verso final:
tengo fiebre en mi mano izquierda.
CLD
El 14 de diciembre del 2017, cuando cumplí sesenta y cinco años, mi hijo me regaló la fotografía que abre estas páginas. Veo el claroscuro de mi rostro con un gesto impreciso y unas palabras que lo velan y atraviesan. Veo una existencia —o muchas que han llegado a ser innumerables— y una identidad trizada, esquiva. Y, detrás de la pared en la que se interna el oído, los murmullos de todos mis poemas que sobreviven en este único libro: Lejos de todas partes . Él es mi insistencia y mi designio.
No se elige escribir poesía. Ella surge como una fatalidad y una manera de estar en la realidad y el lenguaje. En mi caso llegó por primera vez en 1969, cuando terminaba la secundaria, y siempre ha encontrado la forma de reaparecer. He vivido obsesionado por el tiempo y los números. Casi podría decir que soy un pitagórico que se asoma a un espejo empañado y deforme para descubrir cifras decisivas o intrascendentes. Hace cincuenta años escribí mi primer poema que destruí a los pocos días. Hace cuarenta años publiqué Un buen día . Hace veinticinco años que apareció la edición primigenia de Lejos de todas partes que reunía mi poesía hasta esa fecha. Si sumo el cinco y el dos obtengo el siete que es el número exacto de la síntesis. En él se abrazan el tres y el cuatro. Tres tiempos, tres rostros, tres mundos, tres personas que se precipitan en cuatro elementos, cuatro humores, cuatro estaciones en los cuadrantes del año, cuatro puntos cardinales que en realidad son un único vórtice: el sur, siempre el sur.
Esta nueva edición presenta algunas modificaciones. He desechado cinco poemas de Un buen día y algunos de Flama y respiración que aquí aparece reordenado. En el primer caso se trata de poemas imperfectos; en el segundo de una mirada y un tono en los que ya no puedo reconocerme. Todos mis otros libros aparecen completos y recuperan además su estructura original. En algunos textos he introducido cambios: son supresiones que no traicionan el aliento original y que a mi juicio ajustan el poema. Ahora sí puedo decir que ya no volveré a este libro. Esta es la versión que entrego como una forma de testamento.
El título, escribí en la primera edición, apunta al extrañamiento, al diseño de un(os) mundo(s) lejos de todas partes poblado de formas y presencias borrosas. Es una lejanía biográfica, existencial, histórica, ideológica, poética: un exilio al que estoy condenado y que estas páginas atestiguan.
Lejos de todas partes
el único libro de poemas que he escrito durante cuarenta años
y que debo ya cerrar
tengo fiebre en mi mano izquierda
CLD / 30 de agosto del 2018
Un buen día
(1978)
UN BUEN DÍA
1
Un buen día
Nos descubrimos en el agua
Y decidimos nacer muy lentamente
Y estamos o no estamos
Nos buscan
Nos preguntan
Presencia sospechosa una visita
Alguna llamada para nadie en el teléfono
Y dónde
Dónde nos habremos metido acaso sin saberlo
Tal vez en el jardín jugando a las estatuas
O extraviando nuestros cuerpos en la calle más lejana
Un destino mejor
Una palabra
2
Un buen día
Nos descubrimos en el agua
Y elegimos una mano
Un ojo un cabello
Hablamos con Casandra
3
Casandra
El juego ha concluido
Y ya la hiedra guerreros unos años
Subieron hasta la ventana más alta de la torre
Tejiste profecías que aprendimos a leer
En la dura persistencia de tu cuerpo
Y a cada cual su propia historia
Su propio mar oscuro
Engaño enfermedad
Destierro y gallo negro
Resulta que ahora el fuego nos aturde
El agua no nos limpia
Ni convierte
CUALQUIER DÍA UNA MANO NOS DETIENE
cualquier día una mano nos detiene
un toque muy discreto
apenas un chasquido dibujado
con la punta de los dedos
la seguimos
y aún no hay preguntas
(ella puede ser muy amable al comienzo)
pero ya no habrá más tiempo
para terminar con el café
regresar del trabajo contando nuestras llaves
o amar una mujer
un cortaplumas
tal vez una sospecha
cualquier ojo en la ventana dispuesto a delatarnos
cierta marca que llevábamos
aunque nosotros no la vimos
y sucedió
la mano se dio vuelta
jugó a interrogarnos
después nos estranguló y borró todas las huellas
es posible
HABLÁBAMOS DEL MAR
Hablábamos del mar
De su final en el punto donde se estremecen las linternas
Y se confunden vertiginosos los peces moribundos
con los navíos y los hombres
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