—Bien —dijo Neil.
—Yo soy Nicky. —Le dio un último apretón con la mano antes de soltársela—. Soy el primo de Andrew y Aaron, y un defensa extraordinario.
Neil miró a Nicky y a los gemelos, y de nuevo a Nicky. Mientras que los gemelos eran claros, él era oscuro, con el pelo negro azabache, los ojos marrón oscuro y la piel dos tonos demasiado oscura como para tratarse de un bronceado. Además, les sacaba casi treinta centímetros.
—¿Primos de sangre?
—Cualquiera lo diría, ¿no? —rio Nicky—. Yo he salido a mi madre. Mi padre la «rescató» en México durante uno de esos pomposos viajes de misionero. —Puso los ojos en blanco en un gesto exagerado y señaló al resto con el pulgar—. A estos ya los conoces, ¿no? Aaron, Andrew y Kevin. Se suponía que el entrenador estaría aquí para abrirte la puerta, pero ha tenido que acercarse un momento al estadio. Los del CRRE le han llamado, seguro que para darle la tabarra otra vez porque aún no hemos anunciado a nuestro sustituto. Por el momento tendrás que conformarte con nosotros, pero tenemos sus llaves. ¿Las maletas están en el maletero?
—Esto es todo —dijo Neil.
Nicky alzó una ceja y se giró hacia los demás.
—Viaja ligero. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo, pero soy un materialista de la hostia.
—Materialista es decir poco —dijo Aaron.
Nicky esbozó una gran sonrisa y agarró a Neil del hombro para obligarlo a avanzar por delante del resto hacia la puerta principal.
—Aquí es donde vive el entrenador —dijo, a pesar de que resultaba obvio—. Él se lleva toda la pasta, así que puede permitirse vivir en un sitio como este mientras los demás dormimos en un sofá.
—Tenéis un coche bastante caro para alguien que se considera pobre —dijo Neil.
—Por eso somos pobres —replicó con aspereza.
—La madre de Aaron nos lo compró con el dinero de su seguro de vida —explicó Andrew—. No es ninguna sorpresa que tuviera que morir para servir de algo.
—No te pases —dijo Nicky, aunque estaba mirando a Aaron al hablar.
—Que no me pase. —Andrew alzó los brazos en un gesto de indiferencia—. ¿Qué importa? Es un mundo cruel, ¿verdad, Neil? Si no lo fuera, tú no estarías aquí.
—No es el mundo el que es cruel —dijo Neil—. Es la gente que lo habita.
—Ah, muy cierto.
Subieron en el ascensor hasta la séptima planta en silencio. Neil contempló los números pasar sobre la puerta para evitar mirar el reflejo de Kevin. La incomodidad de estar tan lejos del suelo casi era suficiente para distraerle. Prefería quedarse en los niveles inferiores para poder escapar fácilmente si lo necesitaba. Aquí saltar por la ventana quedaba descartado del todo. Se dijo a sí mismo que tenía que encontrar todas las salidas de incendios más adelante.
El apartamento de Wymack era el número 724. Se reunieron alrededor de la puerta mientras Aaron se sacaba las llaves del bolsillo. Le costó dos intentos recordar cuál había probado ya. Neil no reparó en cuándo encontró la llave correcta y abrió la puerta, demasiado ocupado observando los bolsillos de Aaron. No estaban lo bastante abultados como para contener un paquete de tabaco, pero Neil había visto cómo se lo guardaba ahí antes de cruzar la calle en el aeropuerto.
—Ya hemos llegado, Neil —dijo Nicky, y Neil se obligó a sí mismo a alzar la mirada hacia la puerta abierta. Nicky hizo un gesto para que pasara primero—. Hogar, dulce hogar. Si es que se puede llamar «dulce» a algo que tenga que ver con el entrenador.
Neil había sabido desde abril que se iba a quedar en el sofá del entrenador Wymack durante un par de semanas. Tras su visita, supo que sería una situación incómoda. Aun así, no estaba preparado para la manera en la que el estómago le dio un vuelco en aquel momento. Había estado solo desde la muerte de su madre y el último hombre con el que había vivido había sido su padre. ¿Cómo iba a ser capaz de dejar que Wymack echara la llave cada noche estando ambos bajo el mismo techo? Iba a resultarle imposible dormir en aquel lugar; cada vez que Wymack respirara, Neil se despertaría preguntándose quién le estaba persiguiendo. Quizás debería echarse atrás y conseguir una habitación de hotel, pero ¿cómo iba a explicárselo a Wymack? ¿Tendría que explicarse acaso? Wymack pensaba que los padres de Neil abusaban de él, era posible que comprendiera su reticencia.
No había anticipado congelarse así y su vacilación duró demasiado. Captó la mirada que Nicky le lanzó a Aaron, llena de curiosidad y confusión, y supo que había cometido un error. Aun así, no fue hasta que Andrew se acercó para comprobar a qué se debía la demora que Neil fue capaz de volver a moverse. Andrew sonreía, pero su mirada pálida estaba cargada de intensidad. Sus ojos se encontraron durante un instante y Neil supo que era peor quedarse allí fuera con ellos que cruzar el umbral. Ya se las apañaría, pero no en aquel momento, no con Andrew y Kevin como testigos.
Neil traspasó el umbral y se adentró en el pasillo. La primera puerta daba paso al salón, donde él dormiría. El sofá que había mencionado Wymack estaba despejado e incluso tenía una nota encima indicando que había mantas en el cajón de la mesita. Era la única superficie limpia de la sala. Todas las demás estaban cubiertas de documentos y tazas de café vacías. También había un exceso malsano de ceniceros llenos a rebosar.
Neil había cruzado ya medio salón para asomarse a la ventana cuando Nicky habló a sus espaldas.
—¿Qué ha sido eso?
A Neil se le congeló la sangre en las venas. No por lo que había dicho Nicky, sino por el idioma en el que lo había dicho. El alemán era el segundo idioma de Neil gracias a los tres años que había pasado en Austria, Alemania y Suiza. Recordaba su paso por Europa más de lo que le habría gustado; la mayor parte del tiempo que pasaron allí había sido un desastre gélido. Sabía que el sabor a sangre que le invadió la boca solo existía en su imaginación, pero era tan fuerte que amenazaba con asfixiarlo. El latido de su corazón le retumbaba en cada centímetro de la piel, tan acelerado que empezó a temblar de pies a cabeza.
¿Cómo sabían que hablaba alemán?
Consideró echar a correr, pero entonces Aaron respondió y Neil, con un ataque de náuseas, se dio cuenta de que Nicky no le estaba hablando a él. No, estaban hablando de él, suponiendo que él no los entendía. Se obligó a sí mismo a completar el camino hasta la ventana. Apartó las cortinas y posó la mano contra el cristal. Necesitaba algo en lo que apoyarse mientras su corazón se esforzaba por recuperar un ritmo normal.
—Puede que estuviera saboreando el momento —dijo Aaron.
—No —respondió Nicky—. Eso ha sido puro pánico. ¿Qué demonios le has dicho, Andrew?
Neil se giró hacia ellos. Nicky no estaba mirando a Andrew, quizás porque ya sabía que no iba a conseguir una respuesta, sino observándole a él al otro lado de la sala. Al volverse Neil, Nicky esbozó una sonrisa radiante y cambió de idioma de nuevo.
—¿Qué te parecería una visita guiada?
Neil se planteó decir algo, pero ya había revelado demasiado.
—Vale.
No había mucho que ver. Un baño y una cocina situados uno frente a otro y los dormitorios al final del pasillo. Wymack había transformado el segundo dormitorio en un despacho. Las paredes de este último contrastaban con la desnudez de las del salón; estaban forradas con artículos de periódico, fotos del equipo, calendarios viejos y certificados varios. Había dos estanterías contra la pared: una llena de libros sobre exy y otra de una mezcla de todo, desde guías de viaje hasta literatura clásica. El escritorio de Wymack estaba enterrado bajo una montaña de papeleo hasta tal punto que no se podía ver ni un centímetro de madera, con el expediente de Neil encima de todo lo demás. Sobre una de las esquinas, a modo de pisapapeles, había un bote de pastillas. Nicky lo agarró con un grito triunfal y desenroscó la tapa.
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