Inexperto.
Si Kevin se acordara de él habría sabido que aquel expediente no era más que una mentira. Sabría que Neil había jugado en la liga infantil. Recordaría el entrenamiento interrumpido por el asesinato de aquel hombre.
—Así que es eso —susurró Neil en voz baja.
—Ese es el único tipo de delantero con el que merece la pena jugar.
Neil sintió cómo el alivio le retorcía el estómago. Kevin no le había reconocido y todo aquello no era más que una horrible coincidencia. Puede que fuera el universo mostrándole lo que ocurría si se quedaba en un mismo sitio durante demasiado tiempo. La próxima vez podría no ser Kevin. La próxima vez podría ser su padre.
—Lo cierto es que nos viene bien que estés en mitad de la nada —dijo Wymack—. Nadie sabe que estamos aquí, aparte del equipo y del consejo escolar. No queremos que todo el mundo te vea en las noticias este verano. Tenemos muchas cosas que hacer ahora mismo y no queremos meterte en todo ese lío hasta que estés instalado en el campus y a salvo. Hay una cláusula de confidencialidad en tu contrato que indica que no puedes decirle a nadie que has firmado con nosotros hasta el inicio de temporada en agosto.
Neil miró a Kevin de nuevo, examinando su rostro en busca de su verdadero nombre.
—No es una buena idea.
—Tu opinión ha sido anotada e ignorada —dijo Wymack—. ¿Algo más? ¿O te vas a poner a firmar de una vez?
La opción más inteligente era salir pitando de allí. Incluso si Kevin no sabía quién era, todo aquello era muy mala idea. Los Zorros estaban en las noticias cada dos por tres, más aún desde que Kevin se había unido a ellos. Neil no debería someterse a ese tipo de escrutinio. Debería hacer pedacitos el contrato y marcharse.
Marcharse significaba vivir, pero para Neil vivir significaba tan solo sobrevivir, nada más. Significaba nombres nuevos y lugares nuevos y nunca mirar atrás. Significaba hacer la maleta y ponerse en marcha cada vez que empezaba a sentirse a gusto en un sitio. Y aquel último año, sin su madre a su lado, significaba estar completamente solo, a la deriva. No sabía si estaba preparado para aquello.
Tampoco sabía si estaba preparado para volver a renunciar al exy. Era lo único que le hacía sentir que era alguien real. El contrato de Wymack significaba tener permiso para seguir jugando y una oportunidad de fingir ser normal durante un poco más. Wymack había dicho que el contrato era de cinco años, pero Neil no tenía por qué quedarse hasta el final. Podía echar a correr cuando le apeteciera, ¿no?
Volvió a observar a Kevin. No parecía saber quién era, pero quizás una parte de él aún recordaba al chico que había conocido hacía años. El pasado de Neil estaba encerrado en los recuerdos de Kevin. Era la prueba de que existía, al igual que el deporte que ambos practicaban. Kevin era la prueba de que Neil existía. Quizás era también el mejor indicador de cuándo debía marcharse de nuevo. Si vivía, entrenaba y jugaba con Kevin, sabría cuándo empezaba a sospechar. En cuanto empezara a hacer preguntas o a mirarle raro, se largaría.
—¿Y bien? —preguntó Wymack.
Su instinto de supervivencia se rebeló y se retorció sumiéndole en un pánico debilitante.
—Tengo que hablar con mi madre —dijo Neil, por decir algo.
—¿Por qué? —preguntó Wymack—. Eres mayor de edad, ¿no? En tu expediente pone que tienes diecinueve.
Neil tenía dieciocho, pero no iba a llevarle la contraria a su documentación falsa.
—Aun así, tengo que consultárselo.
—Seguro que se alegra por ti.
—Puede ser —aceptó Neil en un susurro, pero sabía que estaba mintiendo. Si su madre supiera que se lo estaba pensando siquiera, se habría puesto hecha una furia. Probablemente era bueno que nunca fuera a saberlo, aunque Neil sospechaba que las cosas «buenas» no provocaban la sensación de recibir una puñalada en el pecho—. Hablaré con ella esta noche.
—Si quieres te acercamos a casa.
—No hace falta. Estoy bien.
Wymack se volvió hacia sus Zorros.
—Esperadme en el coche.
Kevin recogió sus papeles y se bajó del mueble. Andrew lo esperó antes de salir del vestuario. Wymack aguardó a que se hubieran ido antes de volverse hacia Neil con una mirada seria.
—¿Necesitas que hablemos nosotros con tus padres?
—No, estoy bien —repitió Neil.
Wymack planteó la siguiente pregunta sin ningún intento de sutileza:
—¿Son ellos los que te están haciendo daño?
Neil se lo quedó mirando, sin palabras. La pregunta estaba fuera de lugar a tantos niveles que era imposible escoger por dónde empezar a responderla. Wymack pareció darse cuenta de ello, porque insistió antes de que Neil pudiera decir algo.
—Déjame volver a empezar. Te lo pregunto porque el entrenador Hernández cree que estás pasando la noche aquí varias veces por semana. Cree que ocurre algo porque te niegas a cambiarte con los demás y no dejas que nadie conozca a tus padres. Por eso me mandó tu expediente; pensó que encajarías en el perfil. Ya sabes lo que quiero decir con eso, ¿verdad? Sabes el tipo de personas que busco. «No sé si encajará», me dijo, «pero sé que no ando del todo desencaminado». Sea lo que sea, el vestuario va a estar cerrado una vez acabe el curso. No vas a poder quedarte aquí en verano. Si tus padres son un problema para ti, te trasladaremos a Carolina del Sur antes.
—¿Qué? —se sorprendió Neil.
—El grupo de Andrew se queda allí durante las vacaciones de verano —explicó Wymack—. Se quedan en casa de Abby, la enfermera del equipo. Su casa está llena, pero tú podrías quedarte conmigo hasta que abran la residencia en junio. Mi piso no está pensado para dos personas, pero tengo un sofá que es un poquito más blando que una roca.
»Les diremos a todos que te hemos traído para someterte a un entrenamiento condicional. Lo más probable es que la mitad se lo crean. A los demás no los engañaremos tan fácilmente, pero no importa. Los Zorros son Zorros por un motivo y saben que no te ficharíamos si no encajaras. Pero eso no quiere decir que conozcan todos los detalles. Yo no voy a hacer preguntas porque no es asunto mío y, desde luego, no les voy a contar nada a ellos.
—¿Por qué? —consiguió decir Neil, tras dos intentos.
El entrenador Wymack se quedó en silencio durante un momento.
—¿Crees que monté este equipo como lo hice porque pensé que sería una buena estrategia publicitaria? Lo hice para dar segundas oportunidades, Neil. Segundas, terceras, cuartas, las que sean. Siempre que tengas una más de las que te ha dado el resto.
Neil había oído a varias personas referirse a Wymack como un idiota idealista, pero era difícil escucharle hablar y no creer que era sincero. Se sentía dividido entre la incredulidad y el desdén. No entendía por qué Wymack se arriesgaba de aquella manera a que le decepcionaran una y otra vez. Él hubiera dado a los Zorros por perdidos hacía años.
Wymack le dio un segundo para pensar antes de volver a preguntarle.
—¿Tus padres van a ser un problema?
Era demasiado arriesgado, pero también demasiado tentador. Le dolió asentir, pero más le dolió ver la mirada cansada que se instaló en los ojos de Wymack. No era la lástima que creía ver de vez en cuando en Hernández, sino algo familiar que le decía que Wymack comprendía lo que implicaba ser Neil. Que sabía lo que era tener que luchar por levantarse y seguir adelante cada día. Dudaba que pudiera entenderle de verdad, pero incluso aquel pequeño indicio de comprensión ya era más de lo que había recibido en toda su vida. Tuvo que apartar la mirada.
—Tu graduación es el once de mayo, según me ha dicho tu entrenador —dijo Wymack, por fin—. Mandaremos a alguien a recogerte al aeropuerto Upstate Regional el viernes día doce.
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