Philip Pullman - La maldición del rubí

Здесь есть возможность читать онлайн «Philip Pullman - La maldición del rubí» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Фантастика и фэнтези, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La maldición del rubí: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La maldición del rubí»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La maldición del rubí es el primer número de Sally en donde se nos presenta a una chica de 16 educada para ser una mujer independiente, en un siglo donde la mujer no lo era tanto. Sus conocimientos en economía, finanzas e inversiones igualan y superan a los mejores en su tiempo, como lo fué su padre.
En fin. Sally no será lo mejor del mundo, sin embargo logra conjugar aventuras infantiles y una trama un tanto detectivesca.

La maldición del rubí — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La maldición del rubí», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Un momento después, Jim se despertó y vio que Frederick estaba de rodillas a sólo un metro, protegiéndose de una descarga de golpes que caían como rayos sobre sus hombros y cabeza. Fred también le golpeaba, pero fallaba tres golpes de cada uno que lograba dar. Estaba ya tan débil ahora, que sus puñetazos no hubiesen podido hacer daño ni a Adelaide. Jim se retorció e intentó alcanzar el bastón con el brazo bueno. «Voy a morir de dolor -pensó-, no puedo soportarlo… Pero mira a Fred… No parará, nada le puede parar… Es como yo, él es… es un buen tipo…»

– Fred, ¡cógelo! -gritó Jim, empujando el bastón lo suficiente para ponerlo a su alcance. Frederick lo sintió entre sus manos antes de que Berry viera lo que estaba sucediendo y el hecho de sentirlo parecía que le hubiese dado nuevas fuerzas. Lo cogió fuertemente, con las dos manos, y lo hincó en el estómago del gigante. Berry jadeó y Frederick le volvió a golpear, y se puso de pie, tambaleándose.

Estaba a casi un metro del borde del muelle. Frederick sabía que era su última oportunidad. Logró recuperar de su memoria lo que aún quedaba de sus clases de esgrima, se sostuvo en equilibrio y le atacó. Casi no podía ver; tenía los dos ojos inundados de sangre, pero sentía el bastón en las manos y oyó los gritos de Jim.

– ¡Así! ¡Así, Fred!

Golpeó a Berry otra vez y se limpió los ojos. Jim se lanzó a las rodillas del matón y se enredó en ellas, haciéndole caer, justo al borde del muelle. Frederick atacó de nuevo; Berry se levantó de rodillas y dirigió su puño hacia Jim, y le dio en la oreja. Jim se cayó, pero el gigante perdió el equilibrio. Frederick vio que había llegado su oportunidad y, con las últimas fuerzas que le quedaban, golpeó a Berry con el bastón.

Berry desapareció.

Jim aún estaba en el suelo, inmóvil. Frederick se dejó caer de rodillas y se sintió mareado, con náuseas. Luego, Jim se arrastró hasta el borde del muelle y miró hacia abajo. No se oía nada.

– ¿Dónde está Berry? -preguntó Frederick, con los labios hinchados y algunos dientes rotos.

– Allí abajo -dijo Jim.

Frederick se arrimó gateando hasta el borde. Había una plataforma de piedra, de un metro más o menos de ancho, al pie del embarcadero; Berry estaba tendido entre la plataforma y el barro. Tenía el cuello roto.

– Lo has conseguido -dijo Jim-. Lo hemos conseguido, le hemos matado.

– ¿Dónde está Adelaide?

Miraron a su alrededor. El muelle estaba vacío. Había parado de llover y los charcos brillaban por la luz tenue. Allí abajo, en el barro, las barcas más pequeñas empezaban a balancearse y luego, lentamente, se enderezaban definitivamente, como si se estuvieran levantando de sus tumbas; pero sólo era la marea, que estaba subiendo. Jim y Frederick estaban solos. Adelaide ya no estaba.

El Puente de Londres

Sally se despertó mucho más tarde. Las agujas del reloj de la cocina señalaban la medianoche y el fuego se había ido consumiendo. Trembler estaba dormido en la butaca. Todo seguía igual, excepto ella; había cambiado y, con ella, también el mundo entero había cambiado. Casi no podía creer lo que había descubierto… Eso lo explicaba todo.

Trembler se despertó, sobresaltado.

– ¡Dios mío, señorita! ¿Qué hora es?

– Medianoche.

– Ah… ¡Oh no! ¡Me he quedado dormido!

Ella asintió.

– No pasa nada.

– ¿Está bien, señorita? Lo siento muchísimo…

– No, no, tranquilo, estoy bien.

– Parece completamente conmocionada, como si hubiera visto un fantasma… Le prepararé un té. ¡Y pensar que le prometí que me quedaría despierto…! ¡Soy un patán, un estúpido!

Sally no le escuchaba. Trembler se levantó y le tocó el hombro.

– ¿Señorita?

– Tengo que encontrar el rubí. Tengo que encontrarlo.

Se levantó y se dirigió a la ventana; miró afuera distraída, golpeando suavemente el cristal con los dedos. Trembler se alejó, alarmado, mordiéndose el bigote. Entonces habló de nuevo.

– Señorita, espere a que el señor Frederick regrese…

Se oyó que alguien llamaba a la puerta. Trembler se levantó rápidamente para ir abrir y, un momento después, Rosa entraba en la cocina, muerta de frío, empapada y muy enfadada.

– ¿Por qué diantres teníais la puerta cerrada con llave? ¡Buf! ¡Qué noche! Y la casa medio vacía y ¡éramos unos cuantos!… Sally, ¿qué pasa? ¿Qué es esto? ¿Qué es este olor?

Arrugó la nariz, aún mojada, se secó la cara mientras miraba a su alrededor y vio las cenizas y las cerillas sobre la mesa.

– ¿Qué es esto? ¿No será opio?

Trembler volvió antes de que Sally pudiera hablar.

– Ha sido culpa mía, señorita Rosa -dijo rápidamente-. Yo permití que lo hiciera.

– ¿Y qué te ha pasado a ti? -Dejó caer su capa al suelo y se apresuró a mirar el ojo y la mejilla amoratados.

– ¿Pero qué diablos ha pasado? ¿Dónde está Fred?

– Adelaide no está -dijo Trembler-. La señora Holland vino con un tipo gigantesco y se la ha llevado. El señor Fred y ese chico, Jim, fueron a buscarla.

– ¿Cuándo?

– Hace horas.

– ¡Oh, Dios mío!… Sally, ¿por qué el opio?

– Tenía que hacerlo. Ahora debo encontrar el rubí, porque lo sé todo sobre esa piedra preciosa. Oh, Rosa, yo…

Su voz tembló, abrazó a Rosa y se puso a llorar. Rosa también la abrazó y, con suavidad, hizo que se sentara.

– ¿Qué pasa, cariño? ¿Qué te preocupa?

Le acarició la cara con las manos, frías y húmedas. Sally movió la cabeza y se incorporó, secándose las lágrimas con la mano.

– Tengo que encontrar ese rubí como sea. Es la única forma de solucionar el problema. Tengo que solucionarlo…

– Espera aquí -dijo Rosa.

Subió las escaleras corriendo y volvió en menos de un minuto. Dejó caer algo encima de la mesa, algo pesado, envuelto en un pañuelo; algo que brillaba en los pliegues de lino.

– No me lo puedo creer -dijo Trembler.

Sally la miró completamente sorprendida.

– Fue Jim -explicó Rosa-. Él, ya sabes esas historias que siempre lee, creo que piensa como un novelista sensacional. Lo resolvió hace algún tiempo. Estaba en un pub, en Swaleness, parece… No puedo recordar los detalles, pero te lo ocultó porque pensó que tenía un maleficio y no quería que te causara ningún daño. ¿Sabes lo que piensa de ti, Sally? Te adora. Lo trajo el otro día y me lo dio porque pensó que yo sabría qué hacer con él. Me contó toda la historia justo antes de que me fuera al teatro…, por eso no tuve tiempo de explicártelo antes. Es a Jim a quien tienes que estarle agradecida. De todas formas…, aquí está.

Sally alargó la mano y abrió el pañuelo. En el centro de aquella blancura arrugada se encontraba una cúpula de sangre, una piedra del tamaño de la articulación superior de un dedo pulgar, que contenía todas las tonalidades de rojo que podían existir en el mundo. Parecía que atraía la luz de la lámpara, que la aumentaba y la cambiaba, que la expulsaba luego como si fuese una especie de calor visible; y dentro escondía el reluciente e indescriptible paisaje hipnótico de cavernas, barrancos, abismos, que tanto había fascinado al comandante Marchbanks. Sally sintió que su cabeza flotaba y que se le cerraban los ojos. Entonces envolvió con su mano la piedra. Era dura, pequeña, fría. Se levantó.

– Trembler -dijo Sally-, coge un taxi ahora mismo y ve al Muelle del Ahorcado. Dile a la señora Holland que tengo el rubí y que me encontraré con ella en el Puente de Londres, dentro de una hora. Eso es todo.

– Pero…

– Te daré el dinero. Hazlo, Trembler. Tú… te quedaste dormido durante la Pesadilla; te lo ruego, hazme este favor.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La maldición del rubí»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La maldición del rubí» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La maldición del rubí»

Обсуждение, отзывы о книге «La maldición del rubí» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x