Puede que esto no me ocurriera a mí. Pero todos los indicios sugerían que sí ocurriría… si iba a El Reino.
¿Simplemente quedarme a bordo? Pensé en ello… pero las palabras de Pete-Mac resonaron en mis oídos: «Cuando lleguemos, un oficial de la guardia de palacio subirá a bordo, y a partir de entonces usted será su problema». Aparentemente ni siquiera iban a aguardar a que yo bajara al suelo y pretendiera ponerme enferma.
Ergo, tenía que abandonar la nave antes de que alcanzáramos El Reino… es decir, Botany Bay, no había otra elección.
Sencillo. Simplemente salir de la nave.
¡Oh, seguro! Bajar por la plancha y decirles adiós desde el suelo.
Esta no es una nave oceánica. Lo más cerca que llega nunca la Adelantado de un planeta es su órbita estacionaria… en el caso de Botany Bay eso es aproximadamente treinta y cinco mil kilómetros. Es un largo trecho para recorrerlo en un vacío casi perfecto.
La única forma posible de bajar a la superficie de Botany Bay sería en una de las naves de aterrizaje, tal como había hecho en Frontera.
Viernes, no te van a permitir que subas a bordo de esa nave de aterrizaje. En Frontera conseguiste meterte. Eso los alertó; no van a permitírtelo una segunda vez. ¿Qué ocurrirá? El señor Woo o alguien estará en la compuerta estanca con una lista… y de nuevo tu nombre no figurará en ella. Pero esta vez tendrá a un maestro de armas armado a su lado. ¿Qué podrás hacer tú?
Bueno, desarmarlo, golpear sus cabezas entre sí, saltar por encima de sus inconscientes cuerpos, y ocupar un asiento. Puedes hacerlo, Viernes; has sido entrenada para ello y diseñada genéticamente para ese tipo de trabajo rudo.
¿Y luego que ocurrirá? La nave de desembarco no partirá a su tiempo. Aguardará en su alojamiento mientras una escuadra de ocho hombres penetra en ella y por la fuerza bruta y con dardos tranquilizantes te sacan de ella y te encierran en tu cabina BB… donde no te quedará más remedio que permanecer hasta que ese oficial de la guardia de palacio tome a su cargo tu pellejo.
Este no es un problema que la acción bruta pueda resolver.
Eso deja las palabras dulces, el sex appeal y el soborno.
¡Espera! ¿Qué hay acerca de la honestidad?
¿Eh?
Por supuesto. Ve directamente al Capitán. Cuéntale lo que el señor Sikmaa te prometió, dile cómo te engañaron, haz que Jerry le muestre los tests de embarazo, dile que estás asustada y que has decidido esperar en Botany Bay hasta que pase alguna nave que se dirija de vuelta a la Tierra, no hacia El Reino. Es un viejo bondadoso y paternal; has visto fotos de sus hijas… ¡él cuidará de ti!
¿Cuál sería la opinión del Jefe sobre eso?
Te haría la observación de que te sientas a la derecha del capitán… ¿por qué?
Se te entregó una de las más lujosas cabinas de la nave en el último minuto… ¿por qué?
Se halló alojamiento para otras siete personas, gente que pasa todo su tiempo vigilándote… ¿crees que el capitán no sabe todo esto?
Alguien retiró tu nombre de la lista del viaje al suelo en Frontera… ¿quién?
¿Quién es el propietario de las Líneas Hiperespaciales? El treinta por ciento corresponde a la Interworld, que a su vez es controlada por varios segmentos del grupo Shipstone. Y supiste también que tres bancos de El Reino eran propietarios de un 11 por ciento… lo supiste porque los propietarios de otros segmentos de las compañías Shipstone eran también de El Reino.
Así que no esperes demasiado del gentil y viejo capitán van Kooten. Puedes casi oírle decir: «Oh, no lo creo. El señor Sikmaa es un viejo amigo mío; lo conozco desde hace años. Sí, le prometí que tomaría medidas acerca de su seguridad; por este motivo no quiero que visite planetas salvajes y no civilizados. Pero cuando volvamos, le mostraré yo personalmente Halcyon, se lo prometo. Ahora tiene que ser usted buena chica y no causarme más problemas, ¿eh?» Puede que incluso lo crea.
Lo que sí es casi seguro es que sabe que tú no eres «la Señorita Mucho Dinero», y probablemente se le haya dicho que has sido contratada como madre huésped (probablemente sin decirle que era para la Familia Real… aunque puede que se lo imagine), y simplemente piense que estás intentando aprovecharte de un contrato legal y equitativo. Viernes, no tienes ninguna palabra por escrito que pueda demostrar que has sido engañada.
No esperes ayuda del capitán. Viernes, tienes que arreglártelas por ti misma.
Faltaban sólo tres días para el tiempo previsto de nuestra llegada a Botany Bay sin que se hubiera producido ningún cambio. Había estado rumiando mucho, aunque la mayor parte eran divagaciones… fútiles imaginaciones que no servían más que para perder el tiempo acerca de lo que haría si no podía conseguir subir a la nave de desembarco en Botany Bay. Como esto: «¡Ya me ha oído, capitán! Voy a encerrarme en mi cabina hasta que abandonemos El Reino. Si fuerza usted la puerta para poder entregarme a ese oficial de la guardia de palacio no podré impedirlo… ¡pero un cadáver es todo lo que encontrará!» (Ridículo. Gas adormecedor a través de los conductos de aire es todo lo que necesita para vencerme).
O… «Capitán, ¿ha presenciado usted algún aborto practicado con una aguja de hacer media? Está usted invitado a verlo; aunque comprendo que puede ser algo desagradablemente sangriento».
(Más ridículo aún. Puedo hablar de aborto; soy incapaz de hacerlo. Aunque esto que hay dentro de mí no pertenece a mi propia carne, es sin embargo mi huésped inocente).
Intenté no perder el tiempo en tales pensamientos inútiles sino concentrar mi mente en buscar una solución mientras seguía comportándome normalmente. Cuando la oficina del sobrecargo anunció que los pasajeros podían apuntarse para las excursiones a Botany Bay, yo fui una de las primeras en aparecer, agotando todas las posibilidades, haciendo preguntas, llevándome folletos a mi cabina, y apuntándome y pagando en efectivo para todos los mejores y más caros viajes.
Aquella noche en la cena charlé con el capitán acerca de los viajes que había elegido, le pedí su opinión sobre cada uno de ellos, y me quejé de nuevo de que mi nombre hubiera desaparecido de la lista en Frontera, y le pedí que esta vez lo comprobara por mí… como si el capitán de una gigantesca nave de línea no tuviera nada mejor que hacer que actuar de recadero de la Señorita Mucho Dinero. Por todo lo que pude ver, no se inmutó por nada de eso… y por supuesto no dijo que no podía bajar al suelo. Pero puede que estuviera tan hundido en el pecado como yo; aprendí a mentir sin inmutarme mucho antes de abandonar la inclusa.
Aquella noche (tiempo de la nave), me encontré en El Agujero Negro con mis primeros tres amigos: el doctor Jerry Madsen, Jaime «Jimmy» López, y Tom Udell. Tom es el primer ayudante del sobrecargo, y yo no había llegado a saber nunca por completo qué era eso. Todo lo que sabía realmente era que llevaba un galón más que los otros dos.
Aquella primera noche a bordo Jimmy había dicho solemnemente que Tom era el portero mayor.
Tom no lo había negado. Respondió:
— Olvidas «transportamuebles».
Esta noche, a menos de setenta y dos horas de Botany Bay, descubrí parte de lo que hacía Tom. La nave de desembarco de estribor estaba siendo cargada con artículos para Botany Bay.
— La nave de babor fue cargada en el Tallo — me dijo —. Pero tuvimos que cargar la nave de estribor para Frontera. Necesitamos las dos naves para suministrar a Botany Bay, así que ahora tenemos que trasladar la carga ese trecho. — Sonrió —. Montones de sudoroso trabajo.
— Eso es bueno para ti, Tommy; te estás poniendo gordo.
— Habla por ti mismo, Jaime.
Pregunté cómo lo hacían para cargar la nave de desembarco.
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