Robert Heinlein - Viernes

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Viernes: краткое содержание, описание и аннотация

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Viernes es su nombre. Es una mujer. Y es un mensajero secreto. Está empleada por un hombre al que únicamente conoce como "Jefe". Operando desde y a través de una Tierra de un futuro próximo, en la cual Norteamérica ha sido balcanizada en docenas de estados independientes, en donde la cultura ha sido extrañamente vulgarizada y el caos es la norma feliz, se enfrenta a una sorprendente misión que la hace ir de un lado para otro bajo unas órdenes aparentemente absurdas. De Nueva Zelanda al Canadá, de uno a otro de los nuevos estados desunidos de América, mantiene ingeniosamente su equilibrio con rápidas y expeditivas soluciones, de una calamidad y embrollo a otro. Desesperada por la identidad y las relaciones humanas, nunca está segura si se halla un paso por delante, o un paso por detrás, del definitivo destino de la raza humana. Porque Viernes es una Persona Artificial… la mayor gloria de la ingeniería genética.
Una de las mejores obras de Heinlein, lo cual es lo mismo que decir una de las mejores de toda la ciencia ficción…

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— ¿Está siendo usted intencionadamente ofensivo?

— No, en absoluto. No se confunda. Usted y yo sabemos que una persona artificial puede ser tomada, sin preparación, por una persona natural. Llevará usted, en estasis, un óvulo humano modificado. Lo llevará usted en su bolsa del ombligo, donde la temperatura constante y lo blando de las paredes protegerán la estasis. Cuando llegue usted a El Reino, atrapará usted un resfriado o algo así y será llevada al hospital. Mientras esté usted en ese hospital, lo que lleve será transferido a donde corresponde para seguir su proceso. Recibirá usted la bonificación y abandonará el hospital… con la feliz seguridad de que habrá hecho que una pareja joven tenga un perfecto bebé allá donde están seguros de que van a tener un bebé tarado. La enfermedad navideña.

Decidí que la historia era cierta en su mayor parte.

— La delfinitis.

— ¿Qué? ¡No sea estúpida!

— Y es considerablemente peor que la enfermedad navideña, la cual, por sí misma, puede ser ignorada en una persona real. El propio Primer Ciudadano está preocupado por eso debido a que su sucesión deberá pasar a su hija en vez de a su hijo. Este trabajo es mucho más importante y mucho más peligroso de lo que usted me ha dicho… así que el precio sube.

Aquel par de hermosos bayos recorrió un centenar de metros Rodeo Drive arriba antes de que Mosby respondiera.

— De acuerdo. Dios la ayude si habla. No vivirá mucho tiempo. Incrementaremos la bonificación. Y…

— Doblarán la bonificación y la depositarán en mi cuenta antes de que empecemos. Este es el tipo de trabajo en el que la gente se muestra desmemoriada una vez ha terminado todo.

— Bien… veré lo que puedo hacer. Vamos a comer con el señor Sikmaa… y se supone que no debe saberse el hecho de que es el representante personal del Primer Ciudadano con el rango interplanetario de Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario.

Ahora compórtese y recuerde sus modales en la mesa.

Cuatro días más tarde estaba de nuevo recordando mis modales en la mesa a la derecha del capitán de la H. S. Adelantado. Mi nombre era ahora señorita Marjorie Viernes y era tan ofensivamente rica que había sido conducida del suelo a la Estación Estacionaria en el propio yate antigrav del señor Sikmaa e introducida en la Adelantado sin tener que molestarme en pasar por algo tan plebeyo como el control de pasaportes, sanidad, y todas esas cosas. Mi equipaje había sido subido a bordo al mismo tiempo — caja tras caja de caros y elegantes trajes, con sus joyas correspondientes —, pero otros se ocuparon de ello; yo no tenía que molestarme por nada.

Tres de esos días los había pasado en Florida en lo que parecía un hospital pero era (¡lo sabía!) un soberbiamente equipado laboratorio de ingeniería genética. Podía inferir cuál era, pero me guardé mis suposiciones para mí misma porque cualquier especulación respecto a cualquier cosa era rápidamente desanimada. Mientras estuve allí fui sometida al más completo examen físico del que haya oído hablar nunca. No sabía por qué estaban comprobando mi salud de una forma que normalmente se reserva tan sólo a los jefes de estado y a los presidentes de las multinacionales pero supuse que querían asegurarse de que estaba en perfecto estado de salud quien iba a proteger y entregar el óvulo que iban a convertirse, con el transcurso de los años, en el Primer Ciudadano del fabulosamente rico El Reino. Era una buena ocasión de mantener mi boca cerrada.

El señor Sikmaa no utilizó ninguna de las marrullerías que tanto Fawcett como Mosby habían intentado. Una vez decidió que yo era apta para hacer el trabajo, envió a Mosby a casa y complació todos mis deseos tan espléndidamente que no tuve necesidad de regatear nada. ¿Un veinticinco por ciento para dinero de bolsillo?… insuficiente; tome el cincuenta por ciento. Aquí está, guárdeselo… en oro y en certificados de oro de Luna City.

Y si necesita más, simplemente pídaselo al sobrecargo y firme una libranza a mi nombre.

No, no vamos a utilizar un contrato escrito; esta no es ese tipo de misión… simplemente dígame lo que desea y haré que lo tenga. Y aquí hay un pequeño opúsculo que le dice quién es usted y dónde estudió y todo lo demás. Tendrá todo el tiempo que necesite durante los próximos tres días para memorizarlo y, si se olvida de quemarlo luego, no se preocupe; las fibras están impregnadas de modo que se autodestruirá dentro de otros tres días… no se sorprenda si las páginas se vuelven amarillentas y algo quebradizas al cuarto día.

El señor Sikmaa había pensado en todo. Antes de que abandonáramos Beverly Hills, hizo traer a un fotógrafo; me tomó varias fotos desde distintos ángulos, yo vestida con una sonrisa, con tacones altos, con tacones bajos, descalza. Cuando mi equipaje estuvo instalado en la Adelantado, todos los artículos me encajaban perfectamente, todos los estilos y colores, y los vestidos llevaban etiquetas de diseñadores famosos de Italia, París, Bei-Jing, etc.

No estoy acostumbrada a la alta costura y no sé como llevarla, pero el señor Sikmaa había previsto eso también. En la esclusa estanca fui presentada a una pequeña y preciosa criatura oriental llamada Shizuko que me dijo ser mi doncella personal. Puesto que yo me había bañado y vestido sola desde que tenía cinco años, no sentía la necesidad de ninguna doncella, pero de nuevo había que representar el papel.

Shizuko me condujo a la cabina BB (un poco más pequeña que un campo de balonvolea). Una vez allí, pareció que (en la opinión de Shizuko), apenas había el tiempo suficiente para prepararme para la cena.

Con la cena a tres horas por delante, me pareció algo excesivo. Pero ella se mantuvo firme, y decidí seguir sus sugerencias… no necesitaba ningún diagrama para comprender que el señor Sikmaa era quien la había puesto allí.

Me bañó. Mientras lo estaba haciendo, hubo una repentina alteración en el control de gravedad cuando la nave inició su viaje. Shizuko me sujetó e impidió que aquello se convirtiera en un desastre acuático, y lo hizo con tanta habilidad que me convenció de que estaba acostumbrada a los despegues de las naves. No parecía tan mayor como eso.

Se pasó toda una hora con mi pelo y mi rostro. En el pasado yo me lavaba la cara cuando creía que lo necesitaba y me arreglaba el pelo con enérgicos golpes de cepillo únicamente para mantenerlo desenredado. Aprendí lo palurda que era. Mientras Shizuko estaba reencarnándome como la Diosa del Amor y de la Belleza, la pequeña terminal de la cabina zumbó. Aparecieron unas letras en la pantalla, mientras el mismo mensaje surgía de la impresora, una desvergonzada lengua:

El Capitán de la nave hiperespacial Adelantado solicita el placer de la compañía de la señorita Marjorie Viernes para un jerez y un poco de charla en la mesa del Capitán a las diecinueve horas mis excusas Me sorprendí. Shizuko no. Ya había sacado y preparado un traje de cóctel. Me cubrió completamente con él, y nunca me vi tan indecentemente vestida.

Shizuko se negó a dejarme marchar a la hora. Me envió a la mesa del capitán con el tiempo calculado exactamente para que llegase siete minutos después de la hora. La maestra de ceremonias ya conocía mi nombre (actual), y el capitán inclinó su cabeza sobre mi mano. Tengo la impresión de que ser una VIP en una nave espacial es un oficio mejor que ser una maestro de armas.

El «jerez» incluía licores, cócteles, Muerte Negra islandesa, Lluvia de Primavera procedente de El Reino (mortal… no tocar), cerveza danesa, algo de color rosado procedente de Fiddler’s Green, y, no tengo la menor duda, Sudor de Pantera si una lo pedía. También incluía treinta y una clases diferentes (las conté) de pequeños canapés que se comían cogiéndolos con los dedos. Cumplí con el señor Sikmaa; tomé solamente jerez y únicamente un vaso pequeño, y rechacé amablemente los ofrecimientos, una y otra y otra y otra y otra vez, de probar aquellas pequeñas treinta y una tentaciones.

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