Hal Clement - Persecución cósmica

Здесь есть возможность читать онлайн «Hal Clement - Persecución cósmica» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Город: Buenos Aires, Год выпуска: 1957, Издательство: Muchnik Ediciones, Жанр: Фантастика и фэнтези, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Persecución cósmica: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Persecución cósmica»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Un detective alienígena sigue el rastro de un malvado asesino de su misma raza; durante su persecución, se estrella junto a una isla solitaria de la Tierra de 1949. Estos seres necesitan de otra raza para ocupar sus cuerpos, ya que no poseen uno propio. Nuestro “héroe” consigue encontrar un anfitrión: el cuerpo de un joven que vive en la isla.

Persecución cósmica — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Persecución cósmica», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Cuando regresó al tanque, Rice había descendido de las alturas; ahora estaba lo más abajo que se podía llegar y llevaba postes para apuntalar los soportes. Le preguntó por qué había cambiado de ocupación y su rostro tomó una expresión divertida.

—Se me escapó una tuerca y casi lastimé a mi padre —explicó—; entonces me exigió que bajara antes de cometer un homicidio. Estuvo amonestándome casi todo el tiempo que faltaste. Me intimó a que bajara aquí o me mandase a mudar. ¡Quisiera sabe qué me va a decir si se afloja algún tornillo!

—Sería mejor que los afirmaras un poco. Esto es demasiado peligroso como para que resulte gracioso.

—Tienes toda la razón.

Rice dejó de dar vueltas y empezó a hincar la cuñas. Roberto miró en su derredor en busca de algo que le interesara. Sostuvo durante un rato el extremo de la cinta de medir que manejaba su padre, recibió la formal prohibición de acarrear las bolsas de cemento que pesaban algo más de cincuenta kilogramos y se instaló, por fin, en la cima de una escalera de mano midiendo con un instrumento especial el nivel de las distintas secciones, antes de que la mezcla quedase definitivamente fraguada. Era un trabajo suficientemente importante como para que pudiera sentirse satisfecho consigo mismo; fácil, nada cansador y a salvo de peligros, de modo que su padre lo dejaría en paz.

Se hallaba entregado a su tarea desde hacía bastante tiempo cuando recordó que no había ido a ver al doctor, a la salida del colegio, para la prueba siguiente. Y ahora estaba como clavado allí, en la punta de esa escalera; como les sucede a muchos conspiradores, sean cuales fueren sus motivos, se creía en la obligación de dar cuenta de sus movimientos. Permanecía, sin embargo, atendiendo su trabajo, tratando de encontrar un pretexto para partir sin despertar la curiosidad de los presentes. Los obreros podrían ignorarlo, pero sus amigos lo advertirían en seguida; y aun en el caso de que estuviesen distraídos, estaba todo ese enjambre de gente que iba y venía y que querrían saber adónde se dirigía. Esto, al menos, era lo que Roberto se imaginaba.

Sus meditaciones se vieron interrumpidas por Colby, quien, trabajando aún en uno de los andamios, había llegado a un tramo situado encima de su cabeza.

—Mira, ahí viene Carlos, solo. Creía que el Petiso había ido a verlo.

Roberto miró hacia el camino que se extendía al pie de la colina y comprobó que Hugh no se había equivocado. Teroa se acercaba lentamente, en dirección al tanque; era difícil apreciar la expresión de su cara a tanta distancia, pero Roberto tuvo la certeza, observando su aspecto distraído, negligente, de que había estado con el doctor. Su propia expresión adquirió un rictus que denotaba su tensión y sintió un sobresalto de su conciencia; su primer impulso fué bajar de la escalera y escapar, pero logró contenerse y permaneció a la expectativa sin cambiar de posición.

Ahora Teroa estaba cerca y se lo veía con claridad. Su rostro se mostraba totalmente inexpresivo, lo que ofrecía un contraste muy grande con su habitual expresión de buen humor. Contestó con indiferencia los saludos que le dirigían los muchachitos más jóvenes, que lo envidiaban. Dos o tres obreros observaron algo raro en él, más callaron discretamente. Pero si algo faltaba en el vocabulario de Kenneth Rice era precisamente la palabra tacto.

Este muchacho se hallaba exactamente a treinta metros más abajo de donde estaba ubicada la escalera de Roberto. Aún clavaba postes y se ayudaba con el furgón que había, por fin, reparado; éste parecía ridículamente grande junto a su conductor, que era de corta estatura para su edad.

Rice levantó la cabeza al aproximarse Teroa y gritó:

—¡Hola, Carlitos! ¿Ya tienes todo listo para el viaje?

Carlos no se inmutó y respondió con una voz desprovista de inflexiones:

—No me voy.

—¿No había suficientes cuchetas a bordo?

Era ésta una broma inoportuna y Rice se arrepintió inmediatamente de haberla formulado porque aunque aturdido, era un buen amigo y tenía buen corazón. Pero no se disculpó, no tuvo oportunidad de hacerlo.

Roberto no se había equivocado, Teroa acababa de ver al doctor Seever. El muchacho había esperado el nombramiento durante meses; durante una semana había preparado su partida y, lo que era peor, se lo había anunciado a medio mundo. La prescripción de doctor de esperar por lo menos el viaje siguiente le había producido un fuerte golpe. No descubría las razones para semejante postergación, lo que no era demasiado de extrañar. Había caminado, abatido durante más de una hora, desde que saliera del consultorio hasta que sus pasos inciertos lo habían conducido al emplazamiento de la construcción. Es posible que en estado consciente hubiese evitado esta concentración de obreros y muchachos. No se hallaba, por cierto, en el mejor estado de ánimo para actuar en sociedad; cuanto más meditaba sobre esto, más injusta le parecía la orden del doctor y más furioso se ponía. La broma de Kenny Rice resultó cruel.

Carlos no se detuvo un minuto para pensar. Estaba a un metro o dos de Rice cuando este lo interpeló y reaccionó de inmediato: saltó y embistió.

El muchacho bajito era de reacciones rápidas y logró evitar un golpe serio. Teroa había puesto todo su vigor en este primer puñetazo. Rice dió un paso atrás, soltó sus herramientas y se puso en guardia. Teroa, desconcertado al verse pegando en el aire, se recobró en seguida y curvándose nuevamente atacó con ambos puños; y su contrincante, bloqueado por los moldes que formaban una barrera a sus espaldas, se defendió.

El obrero que trabajaba ayudado por Rice no había tenido tiempo para intervenir a causa de lo inesperado de la reacción; Roberto estaba demasiado lejos de ellos y lo mismo los demás trabajadores, quienes se hallaban de ese lado del tanque; Colby carecía de medios para descender con rapidez de sus andamios. La pelea se desarrollaba con la mayor violencia. Rice primeramente se mantuvo a la defensiva, pero en cuanto los primeros golpes de Teroa dieron sólidamente sobre sus costillas, no se contuvo más y desde ese momento en adelante sus puñetazos apuntaron decididamente al adversario.

El otro muchacho tenía tres años más, le llevaba una cabeza de ventaja y lógicamente, su peso era mayor; estos factores debían influir, forzosamente, en el resultado final. Ninguno de los beligerantes era un boxeador consumado; no obstante, algunos puñetazos efectivos dieron en el blanco. La mayor parte provenían de Teroa, quien encontraba el rostro de su compañero a un nivel muy accesible; pero sus propias costillas soportaban un ataque incesante y por lo menos una vez, el mayor de los jóvenes trastabilló ante un golpe recibido en el plexo solar.

Involuntariamente, Teroa se replegó y protegió con los antebrazos la región vulnerable. Este fué el momento en que la lucha alcanzó, para Rice, el máximo de intensidad. No lo premeditó y no estaba acostumbrado a pelear, pero si se hubiese entrenado durante años en el ring no hubiese reaccionado más rápida y más correctamente. Como los brazos de Teroa se bajaron por un momento, el puño izquierdo de Rice se lanzó rudamente hacia adelante impulsado por los músculos de sus hombros, de la cintura y de sus piernas fortalecidos por el remo y la natación, alcanzando de lleno la nariz de su contrario. Fué un magnífico puñetazo y Rice, que no tenía mayores motivos para alegrarse o envanecerse de la pelea, lo recordó siempre con satisfacción. Y fué su única satisfacción. Teroa recuperó el aliento, recuperó su guardia y también su equilibrio y pudo responder con un golpe tan bien colocado que puso a prueba las condiciones de la guardia de Rice. Fué la última del match. El obrero del furgón había salido de su estupefacción y corrió a rodear a Teroa con sus brazos, por detrás. Roberto descendió de la escalera, irrumpió en escena e hizo lo mismo con Rice. Ninguno de los combatientes procuró zafarse; esta rápida intromisión les había dado resuello. Aprovechando la pausa forzosa avaluaron la situación y los dos ofrecieron sus rostros semi avergonzados —o lo que podía verse de sus rostros— ante una muchedumbre que continuaba acrecentándose.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Persecución cósmica»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Persecución cósmica» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Hal Clement - Luce di stelle
Hal Clement
Hal Clement - Critical Factor
Hal Clement
Hal Clement - Hot Planet
Hal Clement
Hal Clement - Still River
Hal Clement
Hal Clement - Ocean on Top
Hal Clement
Hal Clement - The Nitrogen Fix
Hal Clement
Hal Clement - Star Light
Hal Clement
Отзывы о книге «Persecución cósmica»

Обсуждение, отзывы о книге «Persecución cósmica» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x