Ella usaría esto para su ventaja. La realidad era que hoy tenía en la mente más que su boda mañana. Pensamientos de los libros de historias le habían colmado los sueños y la habían despertado temprano ese día. Su anhelo de entender los misterios ocultos en esas páginas era más grande que cualquier deseo que ella hubiera conocido.
Chelise enfrentó a Woref, quien se había recuperado de sus súplicas y la contemplaba con algo que parecía más desprecio que remordimiento.
– Um. ¿Me dará lo que yo quiera?
– Cualquier cosa que esté en mi poder. Debo tener tu amor. Lo que sea.
– Entonces le dirá a mi padre que la boda se deberá retrasar hasta que se hallen los libros en blanco… los dos insistiremos. El rostro de él se ensombreció.
– Ese es el precio por su falta de control. Si quiere ganar mi amor, puede empezar por mostrarme que es un hombre que puede castigar y ser castigado.
– Como quieras -asintió él bajando la cabeza.
– Y además quiero también un regalo de su parte.
– Sí, por supuesto. Lo que sea.
– Quiero un nuevo criado.
– Te daré diez.
– No solo cualquier criado. Quiero al albino. Thomas de Hunter. Ella le podría haber lanzado agua en el rostro.
– Eso es imposible.
– ¿Lo es? Extraño, sí. Desagradable, sin duda. Pero he oído que este hombre puede interpretar los libros de historias. ¿Pretende usted ejecutar al único hombre que puede cumplir mi sueño de revelarme los libros? Su muerte no solo me afrentaría sino que sería demasiado honorable para él Mejor es mantenerlo encadenado a un escritorio como esclavo. El pueblo s£ lo festejaría a usted.
Ella había tomado la decisión de manera impulsiva, exactamente ahora motivada tanto por un rencor como por lo que Thomas podría brindarle. Que ella supiera, él solo pretendía leer de los libros para prolongarse la vida.
– Qurong nunca permitiría que un albino viviera en este castillo – declaró él, con menos convicción de la debida.
– No vivirá en este castillo. Vivirá en el jardín real. En el sótano de la biblioteca, bajo mi supervisión. Si él puede leer los libros, mi padre estará de acuerdo.
A Woref no le gustó la idea, pero efectivamente ella lo tenía agarrado de los tobillos. Había cierta lógica en toda la idea.
– Ciphus no estará de acuerdo.
– Ciphus no es tonto. Verá mi razonamiento. ¿Y qué de ti, Woref? ¿Eres un tonto?
– Considérelo un regalo anticipado de bodas-siguió diciendo Chelise antes de que él cavilara demasiado sobre la insinuación de ella-. Estoy pidiendo a Thomas de Hunter encadenado, un regalo más apropiado para mí que su cabeza en una bandeja.
El solamente la miraba.
– Usted dijo: «Cualquier cosa». ¿Le asusta Thomas de Hunter? Una mirada de desprecio le cruzó el rostro a Woref. Ella había ido demasiado lejos. Él se volvió y salió de la habitación.
EL CALABOZO muy bien podría ser la parte más limpia de toda la ciudad. Lo habían discutido extensamente y decidieron que, a causa del hedor que se filtraba de todo encostrado vivo, este hoyo profundo en la tierra era uno de los mejores lugares en el cual estar. Era preferible el olor a humedad de la tierra y las rocas. En realidad, de lo más celestial, declaró Caín.
– Yo lo sabía -manifestó Suzan, caminando al lado de un muro.
– La cuestión es si nos van a ejecutar -expresó William. Thomas miró a sus compañeros, rabiando porque aún no se hubiera decidido el destino de ellos.
– Haré todo lo que esté en mi poder para que salgamos.
– ¿Y qué poder es ese? -investigó William.
Se lo habían hecho saber menos de cinco minutos antes por intermedio de un guardia del templo.
– Parece que la muerte es demasiado honorable para ustedes -les informó el guardia con una sonrisita de complacencia-. El poderoso guerrero es ahora un esclavo, ¿no es así? Mejor lamer los pies de su conquistador que terminarlo todo con una espada.
El guardia se volvió a reír.
– Pasarán por usted en diez minutos. Despídase de sus amigos.
– ¿Adónde voy? -preguntó Thomas.
– Adondequiera que Qurong desee. Hoy a la biblioteca real. Parece que necesitan un traductor.
– ¿Y nosotros? -interrogó William.
– Ustedes son un regalo para la boda -contestó el hombre sonriend0
y dando la vuelta para salir; luego musitó mientras salía-. Por desgracia la boda se ha aplazado.
Ahora ellos esperaban.
– El mismo poder que él utilizó para ganarse la lealtad de ella -le dijo Suzan a William.
– No estés tan segura. ¡Está tan claro que ella es una serpiente mentirosa como que ante sus ojos somos salamandras! -exclamó William escupiendo a un lado-. Preferiría morir antes de servir a la mesa de Qurong.
– No creo que sea a la mesa de él -objetó Suzan-. Sino a la de su hija. La treta de Thomas funcionó. Los libros de historias podrían salvar nuestro pellejo antes de que esto termine.
– ¡La mesa de su hija sería peor! No hay nada tan repugnante como una mujer encostrada.
– Coincido con William -terció Caín-. Preferiría servir a la mesa de Qurong que a la de su esposa o su hija. Es mejor enfrentar la espada de un guerrero que las lenguas mentirosas de esas mujeres.
– Quieres decir lenguas podridas, ¿no es verdad? Se pueden oler cuando vienen…
– ¡Basta! -exclamó Thomas-. Ustedes me están haciendo asquear. No es culpa de ellas que apesten.
– Si escogieran el ahogamiento, no apestarían; ¿cómo puedes decir que no es culpa de ellas?
– Está bien, es su culpa. Pero apenas lo comprenden. Estas son las personas a las que Justin está cortejando.
– Nosotros somos su novia -afirmó William-. No estas rameras.
A Thomas le desconcertó que William usara esta palabra. Una vez había sido una expresión común para él, pero no desde el ahogamiento.
– Estaríamos tremendamente agradecidos si pudieras convencer a esta ramera de que nos salve la vida -expresó Suzan mirando a William-. ¿Tienes un plan?
Thomas fue hasta el rincón de la celda y volvió.
– Imagino que lo podrías llamar así. Soñaré si logro evitar el jugo de rambután. Si sueño, despertaré en las historias y le diré a mi hermana cómo acatarnos.
– Tu hermana, Kara, quien también era Mikil en la reunión del consejo -manifestó William con una ceja arqueada-. ¿Estás poniendo nuestras vidas en manos de un personaje de tus sueños?
– No, en las de Mikil -contradijo Thomas-. A menos que tengas un mejor plan.
Lo miraron en silencio. Así era; no había más planes.
– Bueno, Thomas de Hunter. Por lo pronto pondré mi confianza en ti -expuso finalmente Caín yendo hacia Thomas y agarrándole los antebrazos para formar un círculo entre ellos, el tratamiento común-. Esto no tiene sentido para mí, pero siempre nos has dirigido por el sendero correcto. La fortaleza de Elyon.
– La fortaleza de Elyon.
Thomas repitió el apretón con cada uno.
– Ten cuidado, amigo mío -advirtió William-. No dejes que la enfermedad te manipule la mente. Si yo fuera Teeleh no vería victoria más grandiosa que atraer al gran Thomas de Hunter a la senda de Tanis.
Thomas le agarró los brazos. Ellos nunca habían visto que nadie del Círculo volviera otra vez a tener la enfermedad después de ahogarse… ni siquiera estaban seguros de que esto fuera posible. Pero algunas de las palabras de Las historias escritas por el Amado sugerían que era posible. El libro decía: Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Ellos no sabían exactamente qué significaba esto, pero creían que lo opuesto también era cierto. La advertencia de William era buena.
– La fortaleza de Elyon.
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