Thomas Harris - Hannibal
Здесь есть возможность читать онлайн «Thomas Harris - Hannibal» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Hannibal
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:4 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 80
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Hannibal: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Hannibal»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Hannibal — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Hannibal», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
– Uccidimi! -y un nuevo grito.
El primero le heló la sangre, el segundo la lanzó al galope con la 45 aún enfundada, una mano sosteniendo la linterna y la otra extendida por delante hacia la negrura. «No, Mason, no lo hagas. No lo conseguirás. Rápido. Rápido.» Se dio cuenta de que podía seguir el surco de grava apisonada si se guiaba por el sonido de sus pisadas y por las piedras sueltas de los bordes. El camino giraba y seguía a lo largo de una valla. Una buena valla, de tubos, de tres metros de altura.
Le llegaban sollozos aterrados y ruegos, el grito que crecía, y más adelante, al otro lado de la valla, percibió movimientos entre los matorrales, que se convirtieron en un trote, más ligero que el de un caballo y de ritmo más vivo. Oyó gruñidos que no tardó en reconocer.
Los gritos de agonía llegaban ahora de más cerca, claramente humanos aunque distorsionados, dominados por un solo alarido durante un segundo, y Starling supo que estaba oyendo una grabación o bien una voz amplificada con retroalimentación por un micrófono. Luz entre los árboles y la silueta del granero. Starling apretó la cabeza contra el frío hierro para mirar a través de la valla. Formas oscuras que corrían, largas, altas hasta la cintura de un hombre. A cuarenta metros de terreno despejado, el extremo de un granero, con las enormes puertas abiertas de par en par y una barrera con una puerta holandesa sobre la que pendía un espejo de marco recargado, que reflejaba la luz del granero proyectando un charco de claridad en el suelo. De pie en el césped sin árboles cercano al granero, un hombre corpulento con sombrero y un descomunal radiocasete. Se tapaba un oído con la mano mientras una retahila de aullidos y sollozos salía por los altavoces.
De pronto, salieron de entre los arbustos. Cerdos salvajes con pavorosas jetas, rápidos como lobos, con largas patas y anchos pechos, peludos, cubiertos de grises cerdas puntiagudas.
Carlo volvió atrás a toda prisa y cerró la puerta holandesa tras sí cuando las bestias estaban todavía a unos treinta metros. Se pararon en un semicírculo y quedaron expectantes, con los grandes colmillos curvos arremangando los morros en un refunfuño permanente. Como delanteros esperando el lanzamiento del balón, echaban a correr, se paraban, entrechocaban, gruñendo y haciendo rechinar los dientes.
Starling había visto toda clase de ganado, pero nada parecido a aquellos cerdos. Una belleza terrible emanaba de ellos, todo gracia y velocidad. Vigilaban la portezuela, chocaban entre sí y echaban a correr, y después retrocedían, sin dejar de escudriñar la barrera que cerraba el extremo del granero.
Carlo dijo algo por encima del hombro y desapareció en el interior del granero.
La furgoneta retrocedió por el interior del granero hasta quedar a la vista. Starling reconoció el vehículo gris al instante. Se detuvo en ángulo junto a la barrera. Cordell salió de ella y abrió la puerta corrediza del costado. Antes de que apagara la luz superior, Starling pudo ver a Mason bajo el duro caparazón de su respirador, medio incorporado mediante almohadones y con el pelo enroscado sobre el pecho. Un asiento junto al ring. La luz de los focos se derramó sobre la portezuela.
Carlo cogió del suelo un objeto que Starling no consiguió reconocer al principio. Parecían unas piernas humanas, o toda la mitad inferior del cuerpo de una persona. Si se trataba de eso, Carlo tenía que ser tremendamente fuerte. Por un momento temió que fueran los restos del doctor Lecter, pero las piernas se doblaron de una forma que las articulaciones hubieran hecho imposible.
Sólo podían ser las piernas de Lecter si lo hubieran atado a una rueda y descoyuntado, pensó durante un segundo funesto. Carlo gritó hacia el interior del granero. Starling oyó un motor poniéndose en marcha.
La carretilla elevadora apareció en el ángulo de visión de Starling conducida por Piero, con el doctor Lecter alzado en alto por la horquilla, los brazos extendidos en el balancín y las botellas de plasma balanceándose por encima de sus manos con el movimiento del vehículo. Levantado para que pudiera ver a los voraces cerdos, para que pudiera contemplar lo que estaba a punto de ocurrirle.
La carretilla avanzaba con una espantosa lentitud procesional, mientras Carlo caminaba a un lado y Mogli, armado, al otro.
Starling se fijó en la insignia de ayudante de Mogli. Una estrella, a diferencia de las insignias de aquel condado. Pelo blanco, camisa blanca, como el conductor de la furgoneta de los secuestradores.
La profunda voz de Mason resonó desde la furgoneta. Tarareó Pompa y circunstancias y se carcajeó.
Los cerdos, avezados a los ruidos, no se asustaron de la máquina, que más bien pareció excitarlos.
La carretilla se detuvo junto a la barrera. Mason dijo algo al doctor Lecter que Starling no pudo oír. Lecter no movió la cabeza ni mostró el menor signo de haber oído. Estaba más alto que el mismo Fiero al volante del vehículo. ¿Miraba en dirección a Starling? Ella nunca lo sabría, porque había empezado a avanzar a toda prisa a lo largo de la valla, a lo largo de un lado del granero, hasta encontrar la gran puerta de dos hojas por la que la furgoneta había entrado marcha atrás.
Carlo arrojó los pantalones rellenos por encima de la barrera. Los animales se abalanzaron sobre el incompleto maniquí. Desgarraban, gruñían, tironeaban y rompían, sacaban pollos de los pantalones y hacían ondear las entrañas sacudiendo las cabezas con violencia. Una mélée de lomos erizados.
Carlo les había preparado un aperitivo ligero, sólo tres pollos y un poco de ensalada. En unos instantes habían hecho trizas los pantalones y con las fauces inundadas de saliva volvieron sus ávidos ojillos hacia la barrera.
.Fiero hizo descender la horquilla hasta casi el nivel del suelo. La mitad superior de la puerta holandesa mantendría a los cerdos lejos de los puntos vitales del doctor Lecter, por el momento. Carlo le quitó al doctor los zapatos y los calcetines.
– «Este cerdito lo encontróooo, éste encendió el fueeeego, éste lo vigilóooo -entonó Mason desde la furgoneta-, éste echó la saaaal y éste tan gordito… ¡se lo comióoooo!».
Starling se estaba acercando a ellos por detrás. Todos miraban hacia el otro lado, hacia los cerdos. Pasó la puerta de la guarnicionería y avanzó hacia el centro del granero.
– No vayáis a dejar que se desangre -dijo Cordell, que estaba limpiando la lente de Mason con un paño, desde la furgoneta-. Estad atentos para apretar los torniquetes cuando yo os diga.
– ¿Unas palabras antes del espectáculo, doctor Lecter? -dijo la profunda voz de Mason.
La cuarenta y cinco retumbó dentro del granero y de inmediato se oyó la voz de Starling:
– ¡Las manos arriba y quietas! Apaga el motor.
Fiero parecía no entender.
– Fermate il motore -dijo el doctor Lecter, siempre dispuesto a ayudar.
Ya sólo se oían los apremiantes chillidos de la piara.
Starling no veía más que un arma, en la cadera del hombre canoso de la estrella, inmovilizada en la pistolera por una correa de cuero de las que se desabrochan con el pulgar. «Lo primero de todo es hacer que se tumben», dijo la voz del instructor de la Academia en la mente de Starling.
Cordell se deslizó detrás del volante con rapidez y la furgoneta se puso en marcha, con Mason gritando dentro. Starling empezó a girar, pero captó el movimiento del sujeto canoso con el rabillo del ojo, se volvió hacia él, que gritó «¡Policía!» y desenfundó, y le alcanzó dos veces en el pecho, que al instante vertió copiosos chorros de sangre.
La 357 de Mogli disparó dos veces contra el suelo, y él dio medio paso atrás mirándose el pecho, con la insignia agujereada por el grueso proyectil del 45 que, desviado por ella, había horadado el corazón al bies.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Hannibal»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Hannibal» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Hannibal» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.