– ¿Espolearme? -Tuvo un recuerdo momentáneo de aquellas conversaciones de pesadilla. Del odioso momento en que había contemplado el cuerpo de Carolyn-. Oh, sí, ha sido muy persuasivo. ¿Y cuál era tu precio, Phil?
Dio un paso atrás, incómodo.
– Creo que es mejor que se marchen ahora.
– Aún no. -Kelby dio otro paso hacia él-. Vamos a hablar de objetivos. Usted dijo que Melis no era el objetivo. ¿Quién era entonces, Lontana?
Phil comenzó a girar para regresar al chalet.
– Eras tú, Kelby -dijo Melis -. Eras tú desde el principio. Archer me sometió a todo eso sólo para obligarnos a venir a Marinth. Para hostigarme, para desequilibrarme, para cerciorarse de que yo seguía presionándote. No estaba seguro de que pudiera sacarme los papeles de la investigación. ¿No es eso verdad, Phil?
– Tonterías.
– Tú anhelabas Marinth. Le tendiste una trampa a Kelby para que la encontrara. Pero, ¿qué pasa después de que la encuentre? Creo que le dijiste a Archer que matara a Kelby y destruyera el Trina para que tú pudieras ocuparte del proyecto. Ésa sería la única retribución que tendría sentido. Marinth y la muerte de Kelby por los papeles de tu investigación. ¿Por qué vaciaste el cofre de la montaña?
Lontana se quedó callado unos segundos y después se encogió de hombros.
– Sabía que lo más probable era que Archer estuviera jugando a dos bandas. Él sabía que tú conocías dónde estaba escondido el cofre. Si podía quitarte los papeles de la investigación, me habría dejado tirado.
– Quiere decir que no me habría eliminado -intervino Kelby.
– No he admitido nada -replicó Phil -. En realidad creo que podría caerme simpático, Kelby. Tenemos muchas cosas en común.
– Archer sí jugaba a dos bandas. Esperaba que vinieras esta noche a la montaña a ayudarme, Kelby -dijo Melis -. Me sorprendió que se sintiera molesto cuando sus hombres no encontraron a nadie entre los árboles. Esperaba que tú estuvieras allí. Y en caso de que yo le mintiera sobre el sitio donde estaban los papeles, aún podía conseguirlos de Phil como pago para matarte. ¿Dónde está el contenido del cofre, Phil?
Lontana vaciló un instante.
– En el despacho, bajo el asiento junto a la ventana.
– ¿No temías que Archer viniera aquí y lo encontrara?
– No sabe que estoy aquí. No soy tan estúpido como para dejar que me ponga las manos encima. Nos comunicamos por teléfono. Es un salvaje.
– ¿Y tú qué eres, Phil?
– Coge el cofre, Nicholas -dijo Kelby.
Lyons asintió y echó a andar hacia la casa.
– Esas tablillas son mías, y los papeles también -repuso Phil con celeridad-. No me los podéis quitar.
– Mira cómo lo hacemos -le espetó Kelby-. Melis fue quien encontró las tablillas, y de ahí salieron las investigaciones. Te quedas sin nada, Lontana.
– Detenlo, Melis. Tú sabes cuánto trabajo me ha costado todo eso.
– Eres increíble -dijo Kelby-. ¿De veras esperas que te ayude?
– Yo la ayudé. Le di un hogar cuando le hizo falta -dijo, defendiéndose-. Si no hubiera sido tan terca, nada de esto habría sido necesario.
– Aquí lo tengo todo. Tablillas y papeles. -Nicholas salió del chalet llevando en las manos una gran caja de madera-. Voy a ponerlo en el coche.
– No dejes que se lo lleven, Melis. Sólo hice lo que tenía que hacer -dijo Phil con desesperación-. No hice nada verdaderamente malo. En Marinth hay muchas riquezas. Ese dispositivo sónico es sólo la punta del iceberg. Yo soy el único que tiene derecho a explorar la ciudad. El mundo entero podría beneficiarse de lo que yo encuentre allá abajo.
– ¿De veras? -la voz de Melis temblaba-. En este momento no me importa que el mundo pueda ser un lugar mejor debido a tus mentiras. Yo quiero una sola cosa. Cuando estabas intentando persuadir a Archer de que financiara lo de Marinth, seguramente le contaste muchas cosas sobre mí. ¿Le hablaste de Carolyn?
Lontana no respondió de inmediato.
– Es posible que lo haya hecho -dijo por fin-. Dijo que necesitaba algo para empezar. Estábamos discutiendo diversas posibilidades.
Melis se sintió enferma.
– ¿Posibilidades? Dios mío. -La rabia la estremeció y se aproximó a él-. Carolyn murió porque le hablaste a Archer de ella y de las grabaciones. Hijo de puta. Él la destrozó.
– ¿Está muerta? -los ojos de Phil se abrieron desmesuradamente.
– ¿Qué creíste que iba a ocurrir después de soltar a ese cabrón tras las huellas de Carolyn? Así que lo pusiste todo a funcionar y te quedaste aquí, en tu isla, a esperar a que Marinth cayera en tus manos.
– No fue mi intención que le ocurriera nada.
– ¿Y tampoco tenías la intención de que mataran a Kelby? Phil se humedeció los labios.
– Nunca he admitido…
– Eres un soñador pero no eres un tonto. En algún rincón de tu cabeza debes de haber sabido a qué posibilidades se enfrentaba Carolyn. – La voz de Melis temblaba de ira-. Ella no te importó. Kelby tampoco. Y lo mismo yo. Únicamente te importaba Marinth.
– No eres justa. Tú me importabas. Siempre te he tenido mucho cariño, Melis.
– ¿De veras? ¿Esa es la razón por la que te olvidaste de los años que pasamos juntos? ¿Es por eso por lo que hiciste un trato para que mataran a Kelby? ¿Es por eso por lo que dejaste que Archer matara a mi mejor amiga? ¿Es por eso por lo que dejaste en libertad a ese asesino para que me destrozara con su mierda?
– No es culpa mía -dijo, intentando sonreír-. Y nadie puede destrozarte. Sé cuan fuerte eres. Sabía que te repondrías. Siempre has tenido muchas agallas para…
– No tiene sentido hablar contigo. Eres tan asesino como Archer y ni siquiera te das cuenta. Bien, yo sí. Maldito seas, Phil. -Melis se volvió y echó a andar hacia el coche.
– Nunca entendiste lo de Marinth. Yo tenía razón -le dijo mientras ella se alejaba-. No es culpa mía si algunas cosas sin importancia no funcionaron. Tienes que hacer que me devuelvan el cofre. Lo necesito.
¿Algunas cosas sin importancia? Melis estaba anonadada. Tres personas inocentes habían muerto debido a la pasión de Phil por una ciudad extinta y él no entendía la enormidad de lo que había hecho. Probablemente nunca lo entendería.
– Creo que es un error dejar aquí a Lontana, tranquilo en su cómodo chalet -murmuró Kelby mientras le abría a Melis la puerta trasera del coche-. ¿Por qué tú y Nicholas no os quedáis aquí y yo regreso a cerciorarme de que Lontana no vuelva a causarle a nadie todas estas desgracias?
Ella negó con la cabeza…
– ¿Por qué no? De todos modos, oficialmente está muerto. Lo decía en serio. La expresión de su rostro era la más dura que ella le había visto.
Melis volvió a decir que no.
Kelby se encogió de hombros.
– Está bien. Quizá más adelante. Creo que hoy has tenido suficiente. -Se sentó en el asiento trasero, al lado de la chica-. Nos vamos, Nicholas.
– Se lo merece, Melis -dijo Nicholas mientras ponía en marcha el coche-. Deberías reconsiderarlo.
– Sé que se lo merece. Es que… en este mismo momento no puedo pensar en eso. Me ayudó cuando lo necesitaba. Es lo que me impide… -Agotada, se frotó las sienes -. Y ni siquiera cree que haya hecho algo malo. Cuando se trata de Marinth, algo no le funciona en la cabeza.
– ¿Cómo supiste que había sido Lontana? -preguntó Kelby.
– No lo sabía. Fue un pálpito. Nada encajaba. Yo estaba allí acostada en el chalet del médico tratando de armar el puzzle, pero no lo lograba. Me habías dicho que no lo hiciste tú. Y las únicas personas que sabíamos dónde estaba enterrado el cofre éramos Phil y yo.
– Yo pude haberte mentido.
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