Arkadi Strugatsky - DESTINOS TRUNCADOS
Здесь есть возможность читать онлайн «Arkadi Strugatsky - DESTINOS TRUNCADOS» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Старинная литература, на английском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:DESTINOS TRUNCADOS
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:5 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 100
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
DESTINOS TRUNCADOS: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «DESTINOS TRUNCADOS»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
DESTINOS TRUNCADOS — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «DESTINOS TRUNCADOS», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
—Qué desperdicio, Félix Alexándrovich —me decía—. Es la cuarta vez que te l amo —
decía—, y no haces el menor caso. Y nadie te está mandando a descargar patatas
podridas, tú, emborronador de cuartil as. A los científicos los mandan allí, a los doctores
en ciencias, pero a ti sólo se te pide que pases por la Bánnaia y que entregues diez
cuartillas mecanografiadas, por hacerlas no te quedarás manco. Y no es para que alguien
se divierta, no —me decía—, no se trata del tonto capricho de cualquiera, sino que tú
mismo votaste por ayudar a los científicos, a esos lingüistas, a esos matemáticos
cibernéticos... No has cumplido... nos has hecho quedar mal... has echado a perder... no
sé quién te crees que eres...
9
A
r k a d i y B o r i s S t r u g a t s k y D
e s t i n o s t r u n c a d o s
¿Qué podía hacer yo? Prometí una vez más que aquel mismo día pasaría por allí, y al
otro lado del hilo colgaron con ira, con reproche. Me apresuré a servirme los restos de
vino y bebí para calmarme, mientras pensaba con desesperada claridad que el día
anterior debía haber comprado coñac, y no aquel vino asqueroso. O, mejor todavía, vodka
de trigo.
Se trataba de que el otoño anterior, nuestro secretariado decidió satisfacer la petición
de cierto instituto lingüístico, creo que de investigaciones científicas, de que todos los
escritores moscovitas presentaran varias páginas de sus manuscritos para unas
investigaciones especiales, algo relacionado con la teoría de la información, con una cosa
llamada entropía del lenguaje... Ninguno de nosotros entendió bien de qué se trataba, con
excepción quizá de Garik Aganián quien, según dicen, lo comprendió pero no pudo
explicárselo a nadie. Sólo entendimos que ese instituto necesitaba la mayor cantidad
posible de escritores, y lo demás no tenía importancia: ni cuántas páginas, ni qué páginas,
ni qué contenido, nada, sólo había que ir a verlos a la calle Bánnaia, cualquier día
laborable, de nueve a cinco. En aquel momento nadie tuvo objeciones, todo lo contrario,
muchos se sintieron halagados de participar en el progreso científico-técnico; así que,
según se comenta, en la Bánnaia los primeros días hubo cola y hasta algún que otro
escándalo. Y después, todo se disolvió, se olvidó, y ahora el pobre de Fiódor Mijéievich
nos molesta una vez al mes, a veces antes, nos avergüenza e insulta por teléfono y
cuando nos pesca, en persona.
Por supuesto, no es bueno atravesarse en el camino del progreso científico-técnico, y
por otra parte, somos personas como las demás: voy por la cal e Bánnaia y recuerdo que
debo pasar por el Instituto, pero no llevo conmigo el manuscrito; o tengo el manuscrito en
el bolsil o, me dirijo precisamente hacia la Bánnaia y de alguna extraña manera termino en
el club. Yo explico todas estas misteriosas desviaciones debido a que, según creo, no es
posible considerar con seriedad este invento de nuestro secretariado, al igual que muchas
otras ocurrencias suyas. Pero, ¿qué entropía del lenguaje puede haber aquí, junto al río
Moscova? Y sobre todo, ¿qué tengo que ver yo con eso?
Pero no había manera de huir, y me dediqué a buscar la carpeta en la que, recuerdo,
guardé el manuscrito hacía más de dos semanas. La carpeta no estaba encima del
escritorio, y en ese momento me acordé de que me dispuse a ir a la Bánnaia cuando
estaba en la redacción de El Extranjero Inválido, adonde había ido con Kap-Kápich y Nos-
Nósich a discutir, a causa de un artículo. Pero al volver del Inválido, no fuimos a la
Bánnaia, sino al restaurante Pskov. Así que, en aquel momento, no servía de nada buscar
aquella carpeta.
Gracias a Dios, siempre tengo suficientes manuscritos. Me levanté con dificultad del
butacón, caminé hasta el rincón más lejano de la estantería y allí me senté, con un
gemido, en el suelo. Ah, hay muchos movimientos que ahora sólo puedo realizar con gran
dificultad, tanto corporales como espirituales.
(Nos levantamos con dificultad después de dormir. Cambiamos las sábanas con
dificultad. Y con dificultad seguimos el hilo de nuestros pensamientos. El avance del fuego
lo oímos con dificultad, pero siempre estamos dispuestos a dirigir las oleadas de l amas.
Con dificultad. Creo que eso lo dicen los Upanishad. O quizá no sean los Upanishad.)
Con dificultad abrí la portezuela de un pequeño armario empotrado y sobre mis rodillas
cayeron varias carpetas, libretas a rayas con cubiertas de hule de diversos colores,
cuartillas amaril entas, densamente escritas, sujetas con grapas oxidadas. Tomé la
primera carpeta que se me ocurrió, con las esquinas rotas por el tiempo, cerrada con una
cinta sucia, la cubierta llena de notas borrosas, donde sólo pude distinguir un número
antiguo de teléfono, de seis cifras, con una letra al principio, y una fila de ideogramas
escritos con tinta verde: seynen jiday-no saku: creaciones de los años mozos. No había
revisado aquella carpeta desde hacía quince años. Todo lo que había al í era muy
10
A
r k a d i y B o r i s S t r u g a t s k y D
e s t i n o s t r u n c a d o s
antiguo, de la época de Kamchatka, incluso anterior, de tiempos de Kansk, Kazan, del
Instituto de Traductores Militares: hojas a rayas, arrancadas de libretas, cuadernos
rústicos cosidos con hilos gruesos, algunas cuartillas de un papel rugoso, amarillento,
quizá de envolver o simplemente reseco hasta lo imposible, todo escrito a mano; ni una
línea, ni una letra a máquina.
El negro taciturno sacó de la oficina el butacón con aquel a ruina humana.
Cuando salió, el jefe cerró bien la puerta...
¿Qué negro era aquél? ¿Y esa ruina humana? No me acordaba de nada.
— A propósito, ¿vio si había chinos entre los bolcheviques? — preguntó el
jefe de repente.
— ¿Chinos? Hummm... Creo que sí. Chinos, o coreanos, o mongoles. En
una palabra, asiáticos...
¡Sí, sí, me acuerdo! Era un panfleto político mío... No... no me acuerdo de nada.
El castil o cayó, pero la guarnición había vencido.
Pues sí.
— ¡Ti vio! ¡Ti vio! — gritó Huevos de Conejo, al detectar a su adversario
invisible... Y un nuevo disparo desde arriba, en la niebla...
Ah, era cuando yo estaba traduciendo a Kipling, Kim, Stalky & Co. Mil novecientos
cincuenta y tres. Kamchatka. Estoy sentado en el puesto de mando, traduciendo a Kipling,
ya que cuando no hay un enemigo visible, el traductor no tiene nada que hacer.
Huevos de Conejo: Rabbit's Eggs. Y no hay de qué reírse, chicos. Si Kipling hubiera
querido decir lo que vosotros pensáis, habría escrito «Rabbit's Bal s». Sí, recuerdo que
me costó mucho trabajo aquella traducción, pero fue una excelente escuela, la mejor
escuela para un traductor es una obra escrita con talento, que describa un mundo
totalmente desconocido, ubicado de manera concreta en el tiempo y en el espacio...
Y aquí está Ocurrió durante la guardia. También el año cincuenta y tres, también en
Kamchatka.
«Posteriormente Berkutov, el centinela que custodiaba la puerta del cuerpo de guardia,
no podía recordar qué fue lo primero que lo puso en alerta y le hizo apretar su arma con
más fuerza y prestar una tensa atención a los ruidos confusos de la cálida noche de julio.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «DESTINOS TRUNCADOS»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «DESTINOS TRUNCADOS» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «DESTINOS TRUNCADOS» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.