Antonio Molina - Ardor guerrero

Здесь есть возможность читать онлайн «Antonio Molina - Ardor guerrero» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Ardor guerrero: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Ardor guerrero»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En el otoño de 1979, un joven que sueña con ser escritor se incorpora por reclutamiento obligatorio al Ejército Español. Su destino es el País Vasco. Su viaje, que atraviesa la península de sur a norte, es el preludio de una pesadilla. En las paredes de los cuarteles estaban todavía los retratos de Franco y su mensaje póstumo. Es una historia biográfica donde el autor nos cuenta cómo fue su servicio militar.

Ardor guerrero — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Ardor guerrero», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Dar la vuelta al cuartel repartiendo y recogiendo papeles era cada mañana como dar la vuelta al mundo cerrado y populoso en el que vivíamos, y para no perderme cuando tuviera que repetir yo solo aquel trayecto procuraba fijarme en detalles que me orientaran y decía que sí a todas las explicaciones que me daba Matías, sonriéndole con atención incondicional, con gratitud, como si estuviera enterándome de algo. Desde arriba, desde la galería que daba la vuelta al patio, yo veía con alivio y sin la menor solidaridad a los otros, los condenados a la instrucción o a la gimnasia, los que braceaban y marcaban cansinamente el paso, con el cetme al hombro, siguiendo al cabo de guardia que los repartiría por las garitas, los que bajaban despavoridamente a formar porque estaba sonando el toque de retén.

Yo me había escapado, yo había logrado escaquearme, y calculaba, aconsejado por Matías, que en cuanto le diera un poco de coba a mi paisano el brigada Peláez éste me buscaría un permiso. Me sentaba delante de la máquina, esperando a que Matías o Salcedo me dictaran algo, y mientras escribía listas de nombres o extravagantes fórmulas protocolarias y abreviaturas idénticas a las del barroco miraba absorto por la ventana que tenía frente a mí, miraba el patio en el que durante tantos meses no dejó de llover, las filas de ventanas idénticas que se iban iluminando una por una mientras caía la noche prematura del norte.

Algunas tardes, después del toque de homenaje a los Caídos y de la bajada de bandera, que indicaba melancólicamente la hora de paseo, en lugar de salir a San Sebastián me quedaba en la oficina por el gusto de estar solo en ella, cerraba con llave, me ponía a leer, permanecía atento para prevenir el sonido de los pasos de algún suboficial, y si oía el gruñido y los taconazos del sargento Martelo o del sargento Valdés apagaba la luz y me quedaba inmóvil en la penumbra hasta que dejaban de golpear la puerta y se marchaban, no sin sacudir el pomo como si les costara convencerse de que la llave estaba echada, como si quisieran arrancarlo.

Una noche, al volver de la formación de retreta, encontré reventada mi taquilla. Los robos eran frecuentes en la compañía, pero a mí los ladrones no me habían quitado nada, limitándose a desordenar mi ropa, los pocos libros que guardaba. Cuando di parte del hecho al sargento Martelo, que era entonces sargento de semana, me miró de través, como miraba a todo el mundo, y me dijo que si no tuviera el empanamiento que tenía no me pasarían esas cosas.

A los pocos días, ya de noche, con la compañía desierta, porque aún no habían terminado las horas de paseo, yo copiaba a máquina un trabajo que debíamos entregar a la mañana siguiente mientras Salcedo limpiaba la oficina del capitán. Sonó el teléfono interior, el que el capitán utilizaba para darnos las órdenes: Ven enseguida, me dijo Salcedo. Empujé con sigilo la puerta de la oficina contigua y Salcedo, con la escoba y el trapo del polvo en la mano, como dispuesto a fingir que limpiaba si alguien nos sorprendía, me señaló sin decir nada un papel que había encima de la mesa. Era un escrito oficial, atravesado diagonalmente por un sello en tinta roja que daba sobre todo, o al menos eso pienso ahora, una impresión de melodramatismo y de novelería: Alto secreto.

Era un informe dirigido al capitán sobre un soldado que acababa de incorporarse a la compañía: con estupor primero, con un miedo súbito, recobrando de golpe el sentimiento de vulnerabilidad que me había angustiado cuando era un recluta, leí mi nombre en el informe. Desde la capitanía general de Burgos le comunicaban al capitán que yo había sido detenido por la policía en 1974, produciéndose en manifestación no pacífica, según los términos de aquella prosa entre confidencial y administrativa. Elemento potencialmente peligroso, continuaba el informe, se ruega discreta vigilancia durante seis meses. Encima de la fecha estaba escrita la misma fórmula que yo repetía diariamente en los oficios que Salcedo y Matías me dictaban: Dios guarde a Vd. muchos años.

XIII.

Quiero acordarme de la textura peculiar del miedo, de su cualidad del todo física, a la vez una punzada como de vértigo o de náusea y un peso sobre la respiración, una suma instantánea de todas las formas del miedo a la autoridad que uno había conocido en su vida, en su infancia escolar y franquista, el estremecimiento en la nuca una décima de segundo antes de que un cura me golpeara en ella con los nudillos secos y cerrados como un garfio, el sobresalto de oír pasos y cerrojos viniendo por el corredor de un sótano de la Dirección General de Seguridad, el terror ante la posible irrupción nocturna de la policía en un piso que compartí con militantes comunistas en el siniestro invierno entre 1976 y 1977, cuando había empezado a llegar la libertad sin que se retirase todavía la dictadura y vivíamos en una confusión turbia y asustada, en oscilaciones de alegría en el fondo cobarde y aluviones de pavor, de oscuridad y de sangre.

De nuevo habitaba yo en aquella clase especialmente afilada del miedo, lo respiraba como un aire muy enrarecido, el aire rancio de las dependencias militares que la Constitución de 1978 ni siquiera había empezado a ventilar, igual que nadie había cambiado aún los escudos en las banderas, que seguían luciendo el águila negra del franquismo, ni descolgado los retratos de Franco ni los carteles con su testamento, ni modificado la leyenda escrita con letras doradas en el monolito, Caídos por Dios y por España en la Cruzada de Liberación Nacional.

Faltaban unos días para que empezara la década de los ochenta, tan trepidante y celebrada luego, pero en alguna oficina militar de Burgos con muebles viejos de madera, tampones de almohadilla y retratos sepia del general Franco alguien había recibido y enviado luego una información secreta que concernía a un estudiante detenido en marzo de 1974 en la Ciudad Universitaria y encerrado durante algo más de cuarenta y ocho horas en una celda de la DGS. Pero la militancia antifranquista que seis años después me deparaba aquella notoriedad confidencial en el ejército había durado aproximadamente unos veinte minutos, los que transcurrieron entre el comienzo de la primera manifestación ilegal en la que participaba en mi vida y el momento en que fui tundido a golpes y amontonado junto a otros estudiantes en el interior de un autocar gris que tenía las ventanillas cubiertas por una celosía de alambre.

Me tomaron las huellas digitales, me hicieron fotos de perfil y de frente en un sótano con azulejos, me quitaron los cordones de los zapatos, el cinturón y el reloj antes de encerrarme en una celda casi a oscuras, hasta la que llegaban, por una tronera enrejada, los gritos de los vendedores de lotería y los pasos de las mujeres que taconeaban en la acera de la Puerta del Sol. Me interrogaron con más desgana que sadismo policías con gafas oscuras y trajes marrón claro, me soltaron dos días más tarde tan sin preámbulo como me habían detenido, después de inocularme un pavor que me duró mucho más que la dictadura, y que me inhabilitó para conspirar seriamente contra ella; la primera manifestación ilegal a la que asistí fue también la última, y mis raptos más febriles de antifranquismo se ciñeron desde entonces al ámbito inocuo y no muy arriesgado de la imaginación, de las conversaciones con amigos y de las asambleas tumultuosas y disparatadas de la Facultad: que el servicio secreto del ejército, a finales de 1979, me considerara un elemento potencialmente peligroso no sé si atestiguaba su aterradora omnisciencia o su desatada estupidez.

Pero no era posible entonces una ironía que me entibiara el miedo, la sensación súbita de que me vigilaban, de que todo se me hacía hostil de nuevo, la dificultad de respirar, viendo aquella hoja mecanografiada sobre la mesa del capitán, con el sello melodramático y rojo de alto secreto, sello que al capitán, por cierto, no debía de impresionarle mucho, pues no se había molestado en guardar bajo llave el informe, como si se hubiera olvidado de él nada más leerlo: el sobre que lo contenía, con el lacre abierto, también estaba encima de la mesa, todo lo cual le mereció a Salcedo un comentario terminante sobre la eficacia del espionaje militar español:

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Ardor guerrero»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Ardor guerrero» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Antonio Molina - In the Night of Time
Antonio Molina
Antonio Molina - A Manuscript of Ashes
Antonio Molina
Antonio Molina - In Her Absence
Antonio Molina
Antonio Molina - Sepharad
Antonio Molina
Antonio Molina - Los misterios de Madrid
Antonio Molina
Antonio Molina - El viento de la Luna
Antonio Molina
libcat.ru: книга без обложки
Antonio Molina
Antonio Molina - Córdoba de los Omeyas
Antonio Molina
libcat.ru: книга без обложки
Antonio Molina
Antonio Molina - El Invierno En Lisboa
Antonio Molina
Antonio Molina - El jinete polaco
Antonio Molina
Отзывы о книге «Ardor guerrero»

Обсуждение, отзывы о книге «Ardor guerrero» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.