– Yo… ah, mi nombre es Bella. Estoy buscando a La Hermandad. Necesito… ayuda.- Ella dejó su número y colgó el teléfono, pensando que menos era más. Si había sido mal informada, entonces no quería dejar un mensaje detallado en el contestador automático de algún humano.
Ella se asomó a una ventana, viendo el prado y la luminosidad de la casa de Mary a lo lejos. No tenía ni idea de cuanto tiempo pasaría hasta que alguien la contestara, si lo hacían. Tal vez debería volver y enterarse de dónde vivía el niño. Y cómo había conocido a Mary.
Dios, Mary. Esa horrible enfermedad había vuelto. Bella había sentido su regreso y había estado pensando como manejar lo que sabía de ella cuando Mary había mencionado que iba a ir a su reconocimiento médico trimestral. Eso había sido hacía un par de días, y esta noche Bella había tenido intención de preguntarle cómo habían ido las cosas. Tal vez ella podría ayudar a la mujer en alguna pequeña cosa.
Moviéndose rápidamente, ella regresó hacia las puertas francesas y que daban hacia el prado. Ella encontraría algo más sobre John y…
El teléfono sonó.
¿Tan pronto? No podía ser.
Ella llegó hasta el mueble mostrador y recogió la extensión que tenía en la cocina. -¿Hola?
– ¿Bella? La masculina voz era baja. Ordenando.
– Sí.
– Nos has llamado.
Santo Moisés, había surtido efecto.
Ella se aclaró la voz. Como cualquier civil, ella sabía todo sobre La Hermandad: sus nombres, sus reputaciones, sus triunfos y sus leyendas. Pero nunca se había encontrado con ninguno. Y era un poco difícil de creer que le iba a dirigir la palabra a un guerrero en su cocina.
Así que ve al punto, se dijo a sí misma.
– Yo, ah, tengo un asunto.-Ella le explicó al varón lo que sabía sobre John.
Hubo silencio durante un momento. -Mañana por la noche nos lo traerás.
Oh, hombre. ¿Cómo iba ella a hacerlo?
– Ah, él no habla. Puede oír, pero necesita un traductor para ser entendido.
– Entonces traiga uno con él.
Ella se preguntó cómo se sentiría Mary sobre enredarse con su mundo. -La mujer que él usa esta noche es humana.
– Nos ocuparemos de su memoria.
– ¿Cómo me acerco a vosotros?
– Os enviaremos un coche. A las nueve en punto.
– Mi dirección es…
– Sabemos dónde vives.
Cuando el teléfono se quedó muerto, ella tembló un poco.
Okey. Ahora solo tenía que hacer que John y Mary estuviesen de acuerdo en ver a La Hermandad.
Cuándo regresó al granero de Mary, John estaba sentado en la mesa de la cocina mientras la mujer tomaba una sopa. Ambos la miraron cuando se acercó, y ella trató de parecer casual cuando se sentó. Esperó un momento antes de lanzarse.
– Entonces, John, yo conozco a algunas personas que están metidas en las artes marciales.-Lo cual no era exactamente una mentira. Había oído que los hermanos eran muy buenos en algunos tipos de combates. -Y me preguntaba ¿tienes algún interés en conocerlos?
John ladeó su cabeza y movió sus manos mientras miraba a Mary.
– Él quiere saber por qué. ¿Para entrenarse?
– Tal vez.
John habló un poco más con las manos.
Mary se limpió la boca. -Dice que no puede pagar el coste del entrenamiento. Y que es demasiado pequeño.
– ¿Si fuera gratis iría?- Dios mío, qué estaba haciendo, ¿ofreciendo cosas que no podría efectuar la entrega? El cielo sabía lo que La Hermandad haría con él. -Escucha, Mary, puedo llevarle a un lugar donde puede encontrar… dile que es un lugar que frecuentan los mejores guerreros. Él podría hablarles. Llegarlos a conocer. Podría gustarle…
John tiró fuertemente de la manga de Mary, hizo algunos signos, y el hombre miró fijamente a Bella.
– Él quiere recordarte que puede oír perfectamente bien.
Bella miró a John. -Lo siento.
Él asintió, aceptando la disculpa.
– Solo ven a encontrarse con ellos mañana.- Dijo ella. -¿Qué puedes perder?
John se encogió de hombros e hizo un elegante movimiento con su mano.
Mary sonrió. -Él dice que de acuerdo.
– Tendrás que venir, también. Para traducir.
Mary pareció sorprendida, pero entonces se quedó mirando al niño. -¿A qué hora?
– A las nueve en punto.-Contestó Bella.
– Lo siento, entonces estaré trabajando.
– Por la noche. A las nueve en punto de la noche.
Butch entró en el One Eye sintiéndose como si alguien le hubiese arrancado los tapones da algunos de sus órganos internos. Marissa había rehusado verle, y aunque no le sorprendía, le dolía muchísimo.
Así es que era la hora para la terapia escocesa.
Después de apartarse del camino de un animado borracho, un grupo de prostitutas, y un par luchadores de pulseadas, Butch encontró la mesa habitual del triunvirato. Rhage estaba en la esquina más alejada, contra la pared con una morena. A V no se le veía, pero un vaso lleno de Grey Goose (vodka) y un agitador para la bebida que se encontraban enfrente de una silla.
Butch se tomó dos tragos y no se sintió mucho mejor cuando Vishous salió de la parte de atrás. Su camisa estaba fuera de los pantalones y arrugada en la parte inferior, y justo a sus talones había una mujer de cabello oscuro. V la despidió con la mano cuando vio a Butch.
– Hey, poli.- Dijo el hermano cuando se sentó.
Butch inclinó su trago. -¿Qué haces?
– ¿Cómo…?
– No va.
– Ah, caramba, hombre. Lo siento.
– Yo, también.
V cerró el teléfono y se levantó. El vampiro dijo dos palabras, lo puso de nuevo en su bolsillo, y alargó su mano hacia su abrigo.
– Era Wrath. Hemos de estar de regreso en la casa en media hora.
Butch pensaba en sentarse y beber solo. Que este plan era una mala idea estaba escrito. -¿Quieres al marica o volverás conmigo?
– Tenemos tiempo para conducir.
Butch lanzó las llaves del Escalade a través de la mesa. -Acerca el coche. Llamaré a Hollywood.
Él se levantó y se dirigió hacia la oscura esquina. El abrigo de Rhage cubría el cuerpo de la morena. Sólo Dios sabía lo lejos que habían llegado las cosas debajo.
– Rhage, colega. Nos largamos.
El vampiro levantó su cabeza, apretó los labios y estrechó los ojos.
Butch levantó sus manos. -No vengo a sacarte la chica. El buque madre ha llamado.
Con una maldición, Rhage dio un paso hacia atrás. Las ropas de la morena estaban desordenadas y jadeaba, pero aún no habían logrado nada. Los cueros de Hollywood estaban todos donde debían estar.
Cuando Rhage se retiraba, la mujer lo agarró como si se diera cuenta de que el orgasmo de su vida caminaba hacia la puerta. Con un suave movimiento, él pasó su mano por delante de su cara y la congeló. Luego ella miró hacia abajo, hacia sí misma mientras intentaba saber cómo había llegado estar tan excitada
Rhage se marchó dando media vuelta mirando encolerizadamente, pero cuando él y Butch estuvieron fuera, sacudió la cabeza con arrepentimiento.
– Poli, escucha, lo siento si te eché una mala mirada. Estaba un poco… concentrado.
Butch le golpeó ruidosamente en el hombro. -No hay problema.
– Oye, cómo fue con tu mujer…
– Ninguna oportunidad.
– Demonios, Butch. Esto apesta.
Entraron en el Escalade y fueron hacia el norte, siguiendo la ruta 22 atravesando el campo. Estaban bastante unidos, Thug Matrimony de Trick Daddy sonaba como una taladradora, cuándo de golpe V frenó. En un claro, a unos noventa metros de la carretera, había algo colgado de un árbol.
No, alguien estaba en proceso de colgar algo de un árbol. Con una audiencia de tipos rudos de pelo pálido y ropas negras, observando.
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