Cuando fueron a la sección VIP, la cuerda rosa de satín fue bajada inmediatamente para dejarles paso.
Phury saludó al gorila, luego miró a Butch.
– No me quedaré mucho.
– Ya sabes donde encontrarme.
Mientras el poli iba hacia la mesa, Phury anduvo por detrás de la zona de alta-etiqueta, parándose delante de los dos Moros que vigilaban la puerta privada del Reverendo.
– Le diré que está usted aquí -dijo el de la izquierda.
Una fracción de segundo más tarde le permitieron la entrada a Phury. La oficina era una cueva, débilmente iluminada con un techo bajo, y el vampiro tras del escritorio dominaba el espacio, especialmente cuando se levantó.
El Reverendo medía unos dos metros, y la estrecha cresta que llevaba en su pelo le combinaba lo mismo que lo hacía su excelente lujoso-culo Italiano. Su cara era despiadada e inteligente, colocándolo legítimamente en el peligroso negocio en el que estaba. Sus ojos, aunque… sus ojos no encajaban. Eran curiosamente hermosos, del color de las amatistas, un púrpura tan profundo que resplandecía.
– ¿De regreso tan pronto? -dijo el macho, con su voz grave, profunda más dura que de costumbre.
Toma el producto y luego lárgate, pensó Phury.
Sacó su fajo separando tres de los grandes. Desplegó los billetes de mil encima del escritorio de cromo.
– El doble de lo de costumbre. Y la quiero troceada.
El Reverendo sonrió fríamente y giró la cabeza hacia la izquierda.
– Rally, dale al macho lo que necesite. Y enfunda esa O-Zs. -Un subordinado salió de la oscuridad y se escabulló a través de la puerta corredera de la esquina más alejada de la habitación.
Cuando estuvieron solos, El Reverendo rodeó el escritorio lentamente, moviéndose como si tuviera aceite en las venas, todo poder sinuoso. Cuando dio la vuelta, se acercó lo bastante para tener a Phury deslizando su mano en el abrigo y encontrar una de sus armas.
– ¿Seguro que no estás interesado en algo más duro? -dijo El Reverendo-. Ese humo rojo es para un consumidor moderado.
– Si quisiera algo más, lo pediría.
El vampiro se detuvo a su lado. Muy, muy cerca.
Phury frunció el ceño.
– ¿Algún problema?
– Tienes un bonito cabello, ¿lo sabes? Es como el de las hembras. Todos esos colores diferentes. -La voz de el Reverendo era extrañamente hipnótica, sus ojos púrpuras puramente astutos-. Hablando de hembras, he oído que no te aprovechas de lo que ofrecen mis damas. ¿Es verdad?
– ¿Por qué te importa?
– Sólo quiero estar seguro de que tus necesidades están cubiertas. La satisfacción del cliente es malditamente importante. -El macho se acercó aún más señalando con la cabeza el brazo de Phury, el que desapareció dentro de su abrigo-. Tu mano está en la culata de la pistola, ¿no? ¿Tienes miedo de mí?
– Sólo quiero estar seguro de que puedo encargarme de ti.
– ¿Oh, de verdad?
– Sip. En el caso que necesite una pequeña Glock para pronunciar una reanimación.
El Reverendo sonrió ampliamente, destellando los colmillos.
– Sabes, he oído ese rumor… sobre un miembro de la Hermanada que es célibe. Sip, imagínate, un guerrero que se abstiene. Y he oído alguna que otra cosa sobre ese macho. Tiene mal una pierna. Tiene un cicatrizado sociópata por gemelo. ¿Por casualidad no conocerás a ese Hermano?
Phury negó con la cabeza.
– Nop.
– Huh. Curioso, te he visto merodeando con un tipo que parecía llevar una máscara de Halloween. En realidad, te he visto con un par de grandes machos que concuerdan con los tipos de los que oído. No crees…
– Hazme el favor de darme mis hojas. Esperaré fuera. -Phury se marchó de vuelta. Estaba de mal humor para empezar: frustrado por no haber encontrado una pelea, sangrando por dentro por haberse cerrado con Bella. Ahora no tenía tiempo para otro conflicto. Estaba puñeteramente al borde de sus nervios.
– ¿Eres célibe porque te gustan los machos?
Phury lo miró enfurecido por encima del hombro.
– ¿Qué pasa contigo esta noche? Siempre eres raro pero ahora mismo también estás siendo un verdadero gilipollas.
– Sabes, quizás sólo necesites tener sexo. No trafico con varones, pero estoy seguro que podríamos encontrarte a uno complaciente.
Por segunda vez en veinticuatro horas, Phury estalló. Avanzó a través de la oficina, cogió al Reverendo por las solapas de su Gucci, y lo clavó en la pared.
Phury presionó el pecho del tipo.
– ¿Por qué estás buscando pelea?
– ¿Me besarás antes del sexo? -murmuró el Reverendo, todavía jugando-. Creo que es lo mínimo que puedes hacer, considerando que sólo nos conocemos profesionalmente. ¿O no estás en los preliminares?
– Jódete.
– Eso es una contestación original. Habría esperado algo un poco más interesante por tu parte.
– Vale. ¿Cómo esta?
Phury le proporcionó una, irrefutable en la boca del macho, el beso, una presión entre caras, nada remotamente sexual. Y lo hizo sólo para borrar la expresión en la cara del bastardo. Funcionó. El Reverendo se puso tieso y gruñó, y Phury supo que había descubierto las intenciones del tipo. Pero sólo para asegurarse que había aprendido la lección, cortó el labio inferior del macho con un colmillo.
En el instante en que la sangre golpeó en su lengua, Phury retrocedió, con la boca abierta. A través de la sacudida respiró,
– Bien, quién lo iba a decir, comedor de pecados.
Al sonido de la palabra El Reverendo cortó toda la sandez, poniéndose bien y completamente serio. En el silencio parecía estar considerando sus negativas plausibles.
Phury negó con la cabeza.
– Ni lo intentes. Lo puedo saborear.
Los ojos amatistas se estrecharon.
– El término políticamente correcto es symphath
Las manos de Phury apretaron al macho en un acto reflejo. Mierda sagrada. Un symphath . Aquí en Caldwell y viviendo entre las especies. Tratando de hacerse pasar por cualquier otro civil.
Amigo, eso era información crucial. La última cosa que Wrath necesitaba era otra guerra civil de razas.
– Sólo te voy a señalar algo -dijo el Reverendo suavemente-. Si me delatas perderás a tu proveedor. Piensa en eso. ¿Dónde conseguirás lo que necesitas si estoy fuera de escena?
Phury miró al interior de esos ojos púrpuras, todavía cavilando sobre las implicaciones. Iba a contárselo a los Hermanos tan pronto como llegara a casa, e iba a vigilar al Reverendo de cerca. En cuanto lo de entregar al tipo… La discriminación que los symphaths habían afrontando a lo largo de la historia siempre le había parecido injusta… siempre y cuando no empezaran a sacar fuera la porquería y lo metieran en apuros. Y el Reverendo había hecho funcionar el club durante los últimos cinco años sin problemas relacionados con el comportamiento symphath
– Vamos a hacer un pequeño trato -dijo Phury, mirando enfurecidamente dentro de la violeta y fija mirada-. Me callo y tú te mantienes en el anonimato. Tampoco trates de joderme otra vez. No voy a seguirte el rollo para que me chupes las emociones, lo cual era lo que estabas haciendo ahora, ¿no? Me querías furioso porque estabas hambriento de sentimientos.
La boca del Reverendo se abrió justo cuando la puerta de la oficina se entreabrió. Una vampiro hembra entró sin invitación, parándose bruscamente cuando vio la indudable escena: dos machos juntos, el labio de El Reverendo sangrando, y sangre en la boca de Phury.
– ¡Por todos los infiernos, fuera de aquí! -ladró El Reverendo.
La hembra se fue tan rápido que tropezó golpeándose el codo con el marco de la puerta.
– ¿Entonces, tenemos un trato? -picó Phury cuando ella salió.
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