– Sí -dijo Zizanie-. Por otra parte tengo el mío desde hace quince días.
– ¡Ah! ¡ah! -dijo Antioche-. ¿Cuándo me va a dar lecciones?
– Pues… cuando usted quiera, mi querido amigo.
– ¿Y cuál es su opinión sincera sobre los caracoles?
– ¡Muy buenos! -dijo-. Con vino blanco en las narices.
– Bueno -dijo Antioche-, usted me dará una lección la semana próxima.
– ¿No tiene permiso? -dijo Zizanie.
– ¡Sí! ¿pero eso qué importa?
– Usted se burla de mí.
– Mi querida -dijo Antioche-, no me lo permitiría.
La apretó contra él un poco más estrechamente, y en conclusión, ella lo dejó hacer. Pero él aflojó rápidamente su abrazo porque ella abandonó su mejilla contra la de Antioche y éste tenía la impresión muy clara de que su slip no resistiría el golpe.
Nuevamente, la música se detuvo y Antioche logró salvar las apariencias poniendo discretamente la mano derecha en el bolsillo de su pantalón. Aprovechando que Zizanie había encontrado a una amiga, se reunió con el Mayor en un rincón.
– ¡Cochino! -dijo el Mayor-. ¡Me la vuelas!
– ¡No está mal!… -respondió Antioche-. ¿Tienes intenciones?
– ¡La amo! -dijo el Mayor.
Antioche tenía un aire soñador.
– Escucha -dijo-, no tengo la intención de dejarte hacer tonterías. Hoy voy a ocuparme un poco de ella y después te diré si te conviene.
– Verdaderamente eres un buen amigo -dijo el Mayor.
La surprise-party empezaba bien. Fenómeno normal cuando todos los invitados llegan más o menos al mismo tiempo. Caso contrario, durante las dos primeras horas sólo están los papanatas sin interés, que llegan siempre los primeros con postres caseros, que son un fiasco, pero asimismo excelentes. Al Mayor no le gustaba este tipo de postres, además, sus surprise-parties se bastaban a sí mismas porque proveían el líquido y el sólido. Eso le daba cierta independencia con respecto a sus invitados.
Digresión
Es muy deprimente encontrarse por descuido en una surprise-party que tiene un mal comienzo.
Porque el dueño -o la dueña- de casa se queda en la sala vacía con dos o tres amigos adelantados sin ninguna linda chica porque una chica linda siempre se atrasa.
Es el momento elegido por su hermanito para exhibiciones aventuradas -luego no se atreverá a hacerlo-. Y sobre todo, estaría sujeto.
Y uno mira a esos dos o tres desdichados adoptar poses plásticas en la pieza con parquet recientemente encerado, imitando a uno o a otro -pero esos saben bailar realmente-.
Luego ellos tampoco se atreverán.
Imagínense entonces que llega no tan temprano. Cuando la fiesta está en su apogeo. Entra. Los buenos amigos le palmean la espalda. Aquellos a los que usted no quiere darles la mano ya bailan -siempre bailan y es por eso que usted no está totalmente de acuerdo con ellos- y de una mirada ve si hay chicas disponibles. (Una chica está disponible cuando es linda.) Si hay, todo anda bien: entonces empieza la surprise-party, ellas no han sido muy invitadas ni muy peligrosamente exploradas, porque los muchachos que vinieron solos -por timidez la mayor parte- no bebieron lo suficiente como para tener audacia. Usted que no tiene necesidad de beber para tener audacia, también, ha venido solo.
No trate de ser ingenioso. Ellas nunca comprenden. Las que comprenden ya están casadas.
Hágala tomar con usted. Es todo.
Usted tiene entonces la ocasión de desplegar prodigios de picardía para encontrar una botella de algo.
(La toma simplemente del escondrijo que acaba de indicarle a algún recién llegado, no muy informado.)
Escóndala en su pantalón. Sólo el cuello sobrepasa la cintura. Vuelva a su presa. Adopte un aire anodino, con un toque de misterio. Tómela del brazo, hasta de la cintura, y dígale muy bajo: "A usted le toca buscar un vaso uno solo alcanza para nosotros dos, yo me defiendo… Chut…".
Después usted se infiltra en la pieza vecina. ¿Está cerrada con llave? ¡Vaya! ¡Qué casualidad! En el interior el Almirante. Es un camarada. Por supuesto, no está solo. Usted da en el tabique tres golpes pequeños y uno grande, o siete golpes medianos y dos pequeños según el arreglo hecho con el Almirante. Apenas entra vuelva a cerrar rápidamente con llave y no espíe demasiado para el lado del Almirante que vuelve a ponerse en posición de guerra. No se ocupa de usted, absorbido por la delicada maniobra que consiste en insinuar su mano por la abertura lateral de la pollera de su compañera chica inteligente y vestida inteligentemente. Saque su botella que le da frío, sin precauciones estupefectativas porque el Almirante tiene la suya. Quédese cerca de la puerta para escucharla golpear cuando ella vuelva…
Y ella no vuelve…
Para sobrellevar ese golpe descorche la botella. Tome un buen trago… ¡Atención! ¡No más de la mitad! Tal vez quede alguna esperanza…
¡Toc! ¡Toc! Golpean…
USTED (brutalmente, para enseñarle.) -¿No pudo apurarse un poco?
ELLA (falsamente sorprendida y bastante satisfecha.) -¡Pero, qué malo es usted!
USTED (atrayéndola ligeramente por la cintura.) -Pero no, no soy malo… usted lo sabe bien…
ELLA (haciendo como que se separa, lo que le permite a usted verificar negligentemente el seno derecho.) -Vamos, vamos, sea bueno…
USTED (siempre el seno derecho, pensando ostensiblemente en otra cosa, y muy separado.) -¿Tiene el vaso?
ELLA (exhibiendo triunfalmente un dedal.) -¡Sí, aquí está!
(Continúa.) Comprenda, Jacques me invitó a bailar, no podía negarme…
USTED (con aire enfurruñado.) -¿Quién es ese Jacques?
ELLA .- ¡Pero es Jacques! ¡El que me trajo en su auto!
USTED. -¡Ah! ese cretino de cabellos rubios. [1]
ELLA . -Por otra parte, muy gentil; además no tiene cabello rubio.
USTED. -En suma, le gustan los cabellos rubios.
ELLA (coqueta, riendo.) -¡Sí!
USTED (vejado, ya que es castaño.) -Cada cual con su gusto…
ELLA . -No sea tonto…
(Ríe y se acerca ligeramente colocando la mano derecha sobre su bíceps izquierdo, el brazo replegado. Usted le pasa el brazo derecho alrededor y la aprieta un poco, y dice:)
– ¿Pero, no toma?
– No me ha servido.
Sirve entonces con la mano izquierda libre, beben juntos, y usted moja su corbata. No tiene pañuelo. Molesto, se sienta en el único lugar libre (el Almirante ocupa la casi totalidad del diván). De pie frente a usted, ella seca la corbata con su pañuelo.
– Es más cómodo, usted es tan grande…
Ella gira un poco para presentar su costado izquierdo y un ligero empujoncito basta para hacerla caer en su rodilla derecha.
El resto depende de su imaginación del momento.
Al fin ella hace una descripción emocionante del tipo de muchachos que le gusta, después de haberlo mirado a los ojos para no decir castaños si los suyos son azules.
Esto pasa en las surprise-parties en las cuales usted no se desanima desde el principio por la pinta sinceramente extravagante de algunas posibilidades. Ese caso puede darse. La técnica se complica mucho.
Nota:
Se trata siempre de esas surprise-parties decentes donde se fornica en parejas aisladas, y solamente en piezas separadas de la sala de baile por lo menos por una cortina.
Las otras surprise-parties son mucho menos interesantes y jamás dan los resultados que pueden obtenerse dirigiéndose a los profesionales de este género de deporte.
En su juventud el Mayor había estudiado la solución teórica del problema planteado en las últimas líneas de la digresión que antecede.
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