Dan Chaon - Me recuerdas a mí

Здесь есть возможность читать онлайн «Dan Chaon - Me recuerdas a mí» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Me recuerdas a mí: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Me recuerdas a mí»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En 1974, un niño sufre el salvaje ataque del dóberman de su madre; en 1997, otro chiquillo desaparece del patio trasero de su abuela en una soleada mañana de verano; en 1966, una adolescente embarazada ingresa en una residencia de maternidad con el propósito de entregar a su hijo en adopción; en 1991, un joven diverge hacia una carrera como narcotraficante, aunque abriga esperanzas de algo mejor. En el proceso se examinan cuestiones relativas a la identidad, el destino y las circunstancias: ¿por qué nos convertimos en las personas que somos? ¿Cómo acabamos atrapados en una vida que nunca habíamos deseado? Y, ¿podemos cambiar el curso de lo que se nos antoja inevitable?

Me recuerdas a mí — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Me recuerdas a mí», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

No consigue imaginarse a Jonah desempeñando ese cometido, exactamente. Presiente que habría sido demasiado problemático: y tiene otra premonición culpable de ese hermano pequeño de ojos grandes, extravagante e indómito, al que habría herido y decepcionado. Ray no era un buen modelo, se dice. Ray había sido demasiado sencillo, demasiado sumiso, y a decir verdad, probablemente Troy le había hecho un flaco servicio, especialmente durante sus años de adolescencia, cuando Ray vivía con Carla y con él. Le había permitido hacer lo que quisiera, como si tuviera veinte años, y hasta le había alentado a beber cerveza, colocarse y conducir sin permiso, y básicamente a participar impunemente en los escándalos en los que se implicaban Carla y él. Le habría venido bien un verdadero padre.

Sin embargo, se preguntaba cómo habría sido Jonah si se hubiesen criado juntos ¿Se habría vuelto tan asustadizo y evasivo, tan ensimismado e insociable? Troy no lo cree así. No es solo un tipo que ha sufrido una desgracia en un accidente de coche, se dice. Sea cual sea su problema, se ha estado intensificando durante muchos años, y Troy no puede evitar la sospecha de que a Jonah le habría ido mejor si él hubiera estado presente para cuidarlo.

Y quizá él también sería distinto. Jonah no habría sido tan maleable como Ray. No habría sido una repetición del viejo juego de Tim y Tom: Jonah era mucho más listo, estaba mucho más profundamente embebido en su propia imaginación, y quizá si se hubieran conocido antes Troy se habría convertido, como decía Judy, en una persona más reflexiva.

Por supuesto, si hubiesen crecido juntos, no serían los mismos en absoluto. Si, si y si… Las pequeñas marcas y cicatrices que se habrían infligido el uno al otro los habrían moldeado de una manera que resultaba imposible calcular. Es un poco como aquel acertijo matemático que le había contado Jonah: «Existe una línea infinita alrededor de un área finita». Insondable.

– ¿Quieres un café? -le dice a Jonah, que se ha instalado ante la mesa de la cocina.

– Pues… -dice este.

– Yo me voy a poner uno, ¿vale? Así que no es una gran decisión. Lo quieres o no lo quieres. Me da igual lo que decidas.

– Vale -contesta Jonah, y abraza su abrigo, jugueteando con él-. Supongo que no quiero café, la verdad. -Sus ojos se dilatan y se contraen-. ¿Es un mal momento? -pregunta-. Puedo volver más tarde…

– Siempre es un mal momento -masculla Troy, y se encoge de hombros. ¿Cuánto quiere decir?-. Escucha -prosigue, y le dirige una mirada brusca al teléfono-, lamento que no haya resultado ser… lo que esperabas. -Profiere una carcajada-. Sacaste unas cartas bastante malas cuando viniste a buscarme, ¿verdad?

Jonah parece desconcertado.

– ¡No! -exclama, como si Troy hubiese implicado alguna intención perversa-. En absoluto. -Frunce los labios-. ¿Te puedo ayudar en algo? -pregunta.

– Podrías matarme -sugiere Troy. Luego menea la cabeza, disgustado ante su propio sarcasmo frívolo y su autocompasión, que sabe que no le harán gracia a Jonah-. No importa -dice-. No puedes hacer nada, tío. Yo me he metido en este tío y tendré que hacer frente a las consecuencias.

– Bueno -insiste Jonah-, aunque sea algo insignificante. Como… hacerte la compra… o lo que sea. Probablemente pueda hacer algo.

– La verdad es que no -dice Troy, y ambos guardan silencio, escuchando, mientras la cafetera empieza a borbotear y burbujear.

»¿Cómo van las cosas en el trabajo? -pregunta Troy, y se apoya en el otro pie-. ¡Ja! Sabes, alguien mencionó La Moneda de Oro el otro día y Vivian se puso mogollón de nerviosa. Sigue cabreada contigo por haber cambiado de barco.

– Bueno -admite Jonah-, ojalá siguiera en el Stumble Inn con vosotros. No se me da muy bien hacer amistades.

Mmmm -musita Troy, y le sobreviene una punzada de culpabilidad-. No te estás perdiendo nada -añade, y se sirve una taza de café mientras se llena la cafetera, sin importarle que se derrame un poco. Se sienta a la mesa y apoya la frente en la palma de la mano. Vuelve a pensar en su conversación con Lisa Fix-. Mierda -murmura, y Jonah lo mira con recelo.

– Se trata de Loomis, supongo -aventura, y Troy baja la vista. ¿Es esta la conversación que desea tener?

– Más o menos -dice-. No del todo. No tiene importancia.

– Hoy es su cumpleaños, ¿verdad?

Y Troy lo mira abruptamente.

– ¿Cómo sabes tú eso?

Jonah se encoge de hombros.

– Me lo dijiste tú. ¿No te acuerdas? Hablamos de todas esas cosas. Lo que pasa es que tengo buena memoria para las fechas.

– Ah -dice Troy. Ese es otro aspecto en el que son completamente distintos. Troy vuelve a percatarse de cómo Jonah absorbe información, del destello de cálculo apacible y constante de sus ojos que advirtió cuando Jonah le hablaba de sus clases universitarias o le refería los detalles que había recabado sobre él: Troy estaba asombrado y más que un poco desconcertado mientras examinaba las carpetas repletas de expedientes judiciales, cartas, certificados e informes crediticios, todo ello anotado con la minúscula letra cursiva de Jonah. Se lo imagina solo en su caravana, transcribiendo sus conversaciones en un cuadernillo o algo parecido. Probablemente tiene estantes llenos de cuadernos, piensa Troy. Probablemente sabe lo que desayunó tal día como hoy hace tres años.

»Así es -responde al fin-. Es su cumpleaños. Seis años. Si te paras a pensarlo, es asombroso. Es cuando empiezas a convertirte en una persona de verdad. Empiezas a desarrollar como una consciencia, ¿sabes? Empiezas a tener una percepción de ti mismo como individuo en el mundo. Tu mente madura. Te acuerdas de cuando tenías seis años más que de cuando diste tus primeros pasos. Y entonces empiezas a convertirte en ti mismo. Con tu personalidad y tu cerebro. Es extraño pensar que eso le está sucediendo a una persona a la que has visto nacer.

– Supongo -admite Jonah, y lo observa mientras bebe un sorbo de café. Troy advierte que la expresión de Jonah sigue sus movimientos, con la cualidad de fotografía de lapso de tiempo de una hoja al abrirse-. ¿Has conseguido hablar con él? -pregunta finalmente.

Y Troy se sonroja.

– No -dice. Se agita en la silla, tuerce el gesto, y no puede evitar sentirse un tanto avergonzado: es un fracaso como padre, un hombre cuyo hijo estaría mejor sin él, al menos de acuerdo con Judy-. La verdad es que ese es el problema ahora mismo. No he podido hablar con él… desde hace una temporada.

– ¡Oh! -musita Jonah, y Troy lo mira mientras asimila aquella declaración-. ¿Qué vas a hacer? -añade.

– No lo sé -dice Troy-. No creo que pueda hacer nada, la verdad. Por lo menos mientras me encuentre en esta situación.

Jonah inclina la cabeza y contrae levemente sus dedos entrelazados. Sus ojos se encuentran durante un instante, y Troy percibe… ¿qué? Aquella extraña sensación de conexión en la atmósfera. Recuerda el día que nació Loomis, el momento en el que la enfermera depositó en sus brazos al bebé envuelto en mantillas y Troy comprendió de repente que Loomis era la primera persona que conocía en su vida con la que tenía un vínculo sanguíneo, y ahora, al mirar a los ojos de Jonah, siente una sacudida de reconocimiento en el fondo del estómago. Esa es la conexión, se dice. Si Jonah y Loomis estuvieran juntos, cualquier observador reconocería fácilmente el parentesco. Hay particularidades de la expresión, algo compartido en el modo en que sus ojos titilan y se serenan, cierta inclinación meditabunda de la boca. La semejanza es tan evidente que por un momento Troy siente un nudo en la garganta.

28 Invierno de 1997

Jonah recorre sin cesar los confines de San Buenaventura, pero no encuentra ninguna forma de salir del atolladero. Siempre ha sido así, se dice: deambula por un largo y sinuoso pasillo, como el corredor de un motel o de un edificio de apartamentos, comprobando los picaportes, sintiendo en la yema de los dedos la pulsación de la débil corriente eléctrica de todas las personas en las que podría haberse convertido. Podría haberse quedado en Little Bow, trabajando en la cocina del asilo de ancianos hasta obtener un puesto de enfermero. Podría haber intentado aclimatarse a Chicago y quizá graduarse en la universidad. Encontrar una carrera profesional. Aplicarse con más tesón a las relaciones tentativas que había entablado, quizá incluso conocer a una esposa y formar una familia. También podría haber aguantado el tipo en el Stumble Inn; podría haberse hecho amigo de Troy, ya que no su hermano; podría haber sido casi feliz con Crystal y Vivian, preparando comida para los demás. Casi.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Me recuerdas a mí»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Me recuerdas a mí» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Me recuerdas a mí»

Обсуждение, отзывы о книге «Me recuerdas a mí» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.