Kate Morton - El jardín olvidado

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Una niña desaparecida en el siglo XX…
En vísperas de la Primera Guerra Mundial, una niña es abandonada en un barco con destino a Australia. Una misteriosa mujer llamada la Autora ha prometido cuidar de ella, pero la Autora desaparece sin dejar rastro…
Un terrible secreto sale a la luz…
En la noche de su veintiún cumpleaños, Nell O’Connor descubre que es adoptada, lo que cambiará su vida para siempre. Décadas más tarde, se embarca en la búsqueda de la verdad de sus antepasados que la lleva a la ventosa costa de Cornualles.
Una misteriosa herencia que llega en el siglo XXI…
A la muerte de Nell, su nieta Casandra recibe una inesperada herencia: una cabaña y su olvidado jardín en las tierras de Cornualles que es conocido por la gente por los secretos que estos esconden. Aquí es donde Casandra descubrirá finalmente la verdad sobre la familia y resolverá el misterio, que se remonta un siglo, de una niña desaparecida.

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La bibliotecaria se acordaba de Nell del día anterior, cuando fue en busca de información sobre Eliza.

– ¿Encontró entonces al señor Snelgrove? -dijo con una sonrisa.

– Lo encontré -dijo Nell, casi sin aliento.

– Y vivió para contar el cuento.

– Me vendió un libro que me resultó muy útil.

– Ése es nuestro Snelgrove, siempre se las arregla para vender algo. -Sacudió la cabeza en un gesto afectuoso.

– Me pregunto -dijo Nell- si podría volver a ayudarme. Necesito encontrar información sobre una mujer.

La mujer parpadeó.

– Voy a necesitar algo más que eso para hacerlo.

– Por supuesto. Una mujer que nació a fines del siglo XIX.

– ¿Era también escritora?

– No, al menos que yo sepa. -Nell suspiró, ordenando sus ideas-. Su nombre era Rose Mountrachet, su familia pertenecía de algún modo a la aristocracia. Pensé que quizá podría encontrar algo en uno de esos libros, ya sabe, con detalles sobre los miembros de los distintos linajes.

– Como el Debrett. O el Quién es Quién.

– Sí, exactamente.

– Vale la pena intentarlo -dijo la bibliotecaria-. Tenemos aquí ambas publicaciones, pero el Quién es Quién es quizá el más sencillo de consultar. Los descendientes son invitados automáticamente a incluirse. Puede que ella no cuente con una entrada propia, pero si tiene suerte será mencionada en la de otra persona, tal vez su padre, o su esposo. Sospecho que usted no sabe cuándo falleció.

– No. ¿Por qué?

– Dado que no sabe cuándo fue incluida, si lo fue, podría ahorrarse tiempo si examinara primero el Quién es Quién. Sin embargo, para eso necesita saber cuándo murió.

Nell negó con la cabeza.

– No tengo ni idea. Si me indica por dónde están, revisaré los Quién es Quién. Comenzaré en el presente e iré hacia atrás hasta que encuentre alguna mención suya.

– Podría llevarle tiempo, y la biblioteca cerrará enseguida.

– Me apresuraré.

La mujer se encogió de hombros.

– Suba las escaleras hasta el primer piso y encontrará los números anteriores junto al mostrador de información. El listado es alfabético.

* * *

Por fin, en 1934, Nell encontró oro. No era Rose Mountrachet, pero era un Mountrachet: Linus, el tío que se había hecho cargo de la custodia de Eliza Makepeace tras la muerte de Georgiana. Leyó la entrada:

MOUNTRACHET, Lord, Linus St. John Henry. n. 11 de enero de 1860, h. del difunto Lord St. John Luke Mountrachet y la difunta Margaret Elizabeth Mountrachet, c. el 31 de agosto de 1888 con Adeline Langley. Una h., difunta Rose Elizabeth Mountrachet, c. con difunto Nathaniel Walker.

Rose se había casado con Nathaniel Walker. ¿Quería eso decir que él era su padre? Volvió a leer la entrada. Los difuntos Rose y Nathaniel. Entonces ambos habían fallecido antes de 1934. ¿Por eso la dejaron con Eliza? ¿Había sido Eliza designada su tutora porque sus padres habían muerto?

Su padre -es decir, Hugh- la había hallado en el muelle de Maryborough a fines de 1913. Si Eliza había sido designada tutora tras la muerte de Rose y Nathaniel, eso ¿no quería decir que debían de haber muerto antes?

¿Y si buscara a Nathaniel Walker en el Quién es Quién de ese año? Seguramente tendría una entrada. Mejor aún, si su teoría era correcta y ya no estaba vivo en 1913, debería ir directamente al Quién es Quién. Se apresuró a ir hasta la hilera de estantes y tomó el Quién es Quién 1897-1915. Con dedos temblorosos, buscó de atrás para adelante, Z, Y, X, W. Allí estaba.

WALKER, Nathaniel James, n. 22 de julio de 1883, f . 2 de septiembre de 1913. b. de Anthony Sebastian Walker y Mary Walker, c. con la difunta Hon. Rose Elizabeth Mountrachet, 3 de marzo de 1908. Una h., la difunta Ivory Walker.

Nell se quedó inmóvil. Una hija, era correcto, pero ¿qué querían decir con difunta? Ella no estaba muerta, estaba bien viva.

Nell fue de pronto consciente de la calefacción de la biblioteca y sintió que le faltaba el aire. Se abanicó el rostro, volvió a leer la entrada.

¿Qué podía significar? ¿Podían haberse equivocado?

– ¿La encontró?

Nell alzó la vista. Era la mujer del mostrador.

– ¿Alguna vez se equivocan? -le preguntó-. ¿Alguna vez tienen datos equivocados?

La mujer frunció los labios, pensativa.

– Supongo que no son las fuentes más fiables. Se compilan con la información suministrada por los propios interesados.

– ¿Y qué sucede cuando éstos han fallecido?

– ¿Perdón?

– Si en el Quién es Quién las personas de la entrada han fallecido, ¿quién suministra entonces la información?

Se encogió de hombros.

– La familia que los sobrevive, supongo. El resto se copia del último cuestionario que se suministró para la entrada. Se agregan las fechas de fallecimiento y listo. -Sacudió una invisible pelusa de uno de los estantes-. Cerramos dentro de diez minutos. Hágame saber si hay algo más en que pueda ayudarla.

Había habido un error, eso era todo. Debía de suceder con frecuencia; después de todo, la persona que componía el texto no conocía personalmente a los individuos. Era posible que el linotipista se distrajera por un momento, y que la palabra «fallecido» fuera insertada por error. Un desconocido consignado a una muerte temprana para la posteridad, frente a unos ojos silenciosos.

Era poco más que un error tipográfico. Ella sabía que era hija de aquellos que se mencionaban en la entrada y que sin lugar a dudas no había «fallecido». Todo lo que necesitaba hacer era encontrar una biografía de Nathaniel Walker, para demostrar que la entrada estaba equivocada. Ahora tenía un nombre; su nombre que una vez fue Ivory Walker. Y si no le resultaba familiar, si no se ajustaba a ella como un abrigo usado, eso no cambiaba nada. La memoria era así de caprichosa respecto a qué cosas se recordaban y cuáles no.

De pronto recordó el libro que compró al entrar en la Tate, sobre la pintura de Nathaniel. Tenía que incluir una breve biografía. Lo sacó de su bolso y lo abrió.

Nathaniel Walker (18831913) nació en Nueva York, de padres polacos inmigrantes, Antoni y Marya Walker (originalmente, Walczwk). Su padre trabajó en los muelles de la ciudad, su madre era lavandera y crió a sus seis hijos, de los cuales Nathaniel fue el tercero. Dos de sus hermanos fallecieron por diversas fiebres. Nathaniel estaba destinado a seguir a su padre en los muelles, cuando un transeúnte, Walter Irving jr., heredero de la fortuna petrolera Irving, fascinado por uno de los dibujos que éste había estado realizando de una calle de Nueva York, le encargó a Nathaniel que pintara su retrato.

Bajo el mecenazgo de su patrón, Nathaniel se convirtió en un miembro conocido de la próspera sociedad neoyorquina. Fue durante una de las fiestas de Irving en 1907 cuando Nathaniel conoció a la Honorable Rose Mountrachet, quien se encontraba visitando Nueva York, desde Cornualles. Se casaron el año siguiente en Blackhurst, la propiedad de los Mountrachet cerca de Tregenna, Cornualles. La reputación de Nathaniel continuó aumentando después de que el matrimonio se instalara en el Reino Unido, la cima de su carrera llegó con la comisión, a principios de 1910, del que sería el último retrato del rey Eduardo VII.

Nathaniel y Rose Walker tuvieron una hija, Ivory Walker, nacida en 1909. Su esposa e hija fueron frecuentes modelos y uno de sus más encantadores retratos es el denominado Madre e hija. La joven pareja falleció trágicamente en 1913 en Ais Gill cuando el tren en el que viajaban se estrelló con otro y se incendió. Ivory Walker murió de escarlatina pocos días después de la muerte de su padre.

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