Carmen Posadas - Pequeñas infamias

Здесь есть возможность читать онлайн «Carmen Posadas - Pequeñas infamias» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Pequeñas infamias: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Pequeñas infamias»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Pequeñas infamias es una novela sobre las casualidades de la vida. Sobre las que se descubren con sorpresa, sobre las que no llegan a descubrirse y sin embargo marcan nuestro destino, y sobre las que se descubren pero se mantienen en secreto, porque hay verdades que no deberían saberse nunca. Puede leerse, también, como una sátira de sociedad, como el retrato psicológico de una galería de personajes, o como un apasionante relato de intriga, cuyo misterio no se resuelve hasta las últimas páginas. En la casa de veraneo de un acaudalado coleccionista de arte se reúne un variopinto grupo de personas. Juntas pasan unas cuantas horas y, a pesar de las frases agradables y los comentarios corteses, la relación acabará envenenada por lo que no se dicen. Cada una de ellas esconde un secreto; cada una de ellas esconde una infamia. La realidad adquiere de pronto el carácter de un rompecabezas cuyas piezas se acercan y amenazan con acoplarse. El destino es caprichoso y se divierte creando extrañas coincidencias.

Pequeñas infamias — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Pequeñas infamias», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Joder, qué tropa -dice-, menos mal que no tengo que verles los caretos.

Es un careto harto conocido para ella el que asoma ahora por la puerta, allá abajo en el vestíbulo. Chloe puede verla a través de los barrotes. Se trata de Amalia Rossi, la vieja italiana amiga de su madre que debe de haber bebido más de lo habitual, porque ahora la oye decir:

– Déjame, Teresa, sabes que soy como de la familia, ¿qué más te da que suba? Si tu Carosposo hace una hora que se ha metido en el pipí room, no pretenderás que me haga pis en la alfombra, digo yo; vamos no seas tonta, conozco el camino: en un momentito llego hasta el cuarto de Clo-clo y ya está.

Y sube, la tía sube, joder; puede oír sus pisadas en la escalera, pasa por delante del gnomo silente, continúa, y Chloe se ve obligada a retroceder por el pasillo hasta la puerta del fondo, en la que nunca entra (tampoco ella es valiente con los recuerdos), y se ve intentando ocultarse en el vano de la puerta. Así, aplastada contra la madera, quizá logre pasar inadvertida; pero el refugio es estrecho, Carosposo tendría que estar muy borracha para no ver cómo sobresalen los hombros de Chloe. Por eso, cuando la pesada respiración se acerca demasiado, a la niña no le queda más remedio que abrir la puerta. Dios mío, joder, es la antigua habitación de Eddie, estúpida Carosposo, ¿y ahora? Bueno, qué otra cosa puede hacer, ya está dentro, cierra la puerta, enciende la luz… cuánto tiempo, coño, cuánto tiempo.

¿Es posible que el olor de alguien perdure siete años después de que haya muerto su dueño? Sí lo es. Por mucho tiempo que haya transcurrido, las habitaciones-santuario no huelen a encierro ni a naftalina; es mentira que el moho se adueñe de los rincones más inaccesibles, como tampoco se siente la vaharada del olvido, al menos no en la de Eddie. Quienquiera que se ocupe de mantener la ficción de que ésta es una estancia habitada, debe de ser un magnífico escenógrafo. Y Chloe avanza atraída por la sensación de vida que fingen las cortinas y la colcha de la cama en la que una mancha de tinta parece decir: pasen y vean, señores, aquí todo sigue igual, huelan, toquen, miren, sólo se necesita un mínimo de esfuerzo para imaginar que esta habitación pertenece a un muchacho que acaba de salir a tomar una cerveza con los amigos. No obstante, en un segundo vistazo, superada la impresión inicial, la rigidez de la muerte se delata en ciertos detalles, especialmente en un orden escénico demasiado perfecto. En este cuarto todo está en su sitio. La biblioteca de Eddie, de la que él solía leerle tantas bellas historias. Su colección de coches en miniatura, que se alinea con mortuoria perfección en los estantes; a su lado una bufanda rodea unos trofeos de deporte. Y también es demasiado escenográfico el despliegue de objetos que pueden verse sobre la que fuera la mesa de trabajo de Eddie, con sus papeles y carpetas escrupulosamente apiladas, mientras que una pluma y un lápiz dejados fuera de su lugar por una mano romántica no llegan a neutralizar el efecto de decorado teatral. Aun así, no es ninguno de estos dos efectos, ni el falso olor a vida ni el orden exagerado, lo que realmente fascina a Chloe. A ella, lo que la ha impresionado al entrar en el cuarto de su hermano es el tamaño de las cosas. Han pasado los años, y el tiempo se ha detenido de tal modo en la habitación de Eddie, que la niña descubre con asombro que cada uno de los enseres que hay allí ha menguado: la cama, la mesilla de noche, también un sofá en el que solía tumbarse Eddie con los pies sobre el respaldo; todo es mucho más pequeño de como ella lo recuerda. Y como una sorprendida Alicia en el País de las Maravillas, Chloe acaba descubriendo que en las habitaciones que no se frecuentan desde la infancia, se producen los mismos prodigios que en los cuentos en los que las niñas comen bizcochos misteriosos que ordenan en inglés: eat me. Ella debe de haber crecido en demasía, seguramente se ha vuelto enorme, porque antes las cosas eran de otro modo. Antes, su hermano era grande y ella pequeña; ahora, en cambio, la habitación entera parece hecha a su medida, y así lo comprueba Chloe sentándose en la que solía ser su silla cuando visitaba a Eddie, una silla diminuta. Y un paso más en la audacia hace que inicie otras exploraciones: abre un armario y allí está la ropa de Eddie, sus camisas pequeñas y sus zapatos pequeños, todo aún más reducido por contraste con lo que su imaginación ha sobredimensionado a lo largo de estos años. El orden de la muerte campea sobre la ropa perfectamente doblada bajo unos plásticos, pero aparte de este detalle, nada está inerte, pequeño sí, pero no muerto, pues ahí, atrapado en el envés de las telas, pervive el olor a Eddie de un modo tan real que la niña se ve impelida de pronto a retroceder, atónita, silenciosa, hasta chocar con la vieja mesa de estudio de su hermano.

E igual que ocurre con el resto de sus pertenencias, ahora la mesa en la que tantas veces había visto escribir a Eddie ya no le parece formidable, sino perfecta para ella. La niña Alicia se sienta en la silla, los pies le llegan cómodamente al suelo, del mismo modo que su mano alcanza a tocar los cuadernos de Eddie, esos que él nunca le permitía leer. Chloe abre uno, mira y hojea por primera vez sus muchos borradores de escritura, una veintena de páginas escritas con letra apretada e infantil a las que siguen otras líneas con tachaduras y correcciones que lo hacen todo ilegible. Aquello tan difícil de leer debe de ser su cuaderno secreto. Son, seguramente, las mismas páginas que él no había querido enseñarle antes de morir. «Por favor, por favor, Eddie -le había pedido tantas veces-, cuéntame qué estás escribiendo. ¿Se trata de una historia de aventuras y de amores y también de crímenes, verdad…?» Pero su hermano respondía siempre lo mismo: «No mires, Clo, espera. Algún día te dejaré leer lo que escriba, te lo prometo, esto no es nada, nada importante.» Y en efecto, cuando ahora intenta leer los cuadernos de su hermano, Chloe logra descifrar apenas un puñado de ideas desordenadas, esbozos de tramas y muchas frases inconexas o inconclusas que carecen de sentido. «Bah, esto es basura, Clo-clo, supongo que antes de escribir una buena historia primero tendré que quemar muchas experiencias, emborracharme, tirarme a mil tías, cometer un asesinato, qué sé yo…» Yal escuchar la voz de su hermano en el recuerdo, la niña intenta neutralizar su influjo, pues no quiere acordarse de cómo había sido la despedida antes de que él partiera para no volver más. No, no, no quiero recordarlo, joder. Coño, Eddie, si no te hubiera dado esa rayadura de irte a buscar historias en una moto a doscientos por hora, ahora estarías conmigo; te odio, Eddie, no tenías ningún derecho a irte así… Chloe extiende una mano hacia la biblioteca de su hermano y luego hacia las carpetas. Como una niña caprichosa y contrariada, desbarata de un manotazo los papeles hasta hacerlos caer al suelo, desordenando los escritos de su hermano Eddie, sus intentos por juntar hermosas palabras y sus notas deshilvanadas llenas de frases torpes… todos esos esfuerzos inútiles que, según Chloe, le costaron la vida.

– Oye, Teresita -dice a lo lejos una voz imprudente que se cuela por las rendijas de las puertas y entra hasta en los santuarios de los muertos-. No me lo puedo creer, es realmente un prodigio, casi me muero del susto al verla…

A continuación un murmullo, alguien interrumpe a la voz lejana con una pregunta que Chloe no alcanza a escuchar. Y luego:

– Sí, querida, me refiero a esa foto de tu hija Clo-cloque acabo de ver en su habitación: una que hay sobre la mesa, una foto divina, y reciente además, ¿no? Bueno, pues me he quedado asombrada, hay que ver qué increíble es la genética, tesoro; si no lo veo no lo creo, Chloe se ha convertido en el vivo retrato de su hermano Eddie. Sí hija, no mires con esa cara. Los ojos son distintos, es cierto, Eddie los tenía muy negros, pero salvo ese detalle, te lo juro: a pesar de la pinta de hare-krishna famélica que tiene, si Chloe se quitara todas esas argollas que se empeña en clavarse en los labios, estaría igualita a tu hijo, poveretto mio, que en paz descanse.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Pequeñas infamias»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Pequeñas infamias» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Pequeñas infamias»

Обсуждение, отзывы о книге «Pequeñas infamias» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.