Eduardo Lago - Llámame Brooklyn

Здесь есть возможность читать онлайн «Eduardo Lago - Llámame Brooklyn» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Llámame Brooklyn: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Llámame Brooklyn»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Una historia de amor, amistad y soledad. Un canto al misterio y el poder de la palabra escrita.
Un periodista del New York Post recibe la noticia de que su amigo Gal Ackerman, veinticinco años mayor que él, ha muerto. El suceso le obliga a cumplir un pacto tácito: rescatar de entre los centenares de cuadernos abandonados por Ackerman en un motel de Brooklyn, una novela a medio terminar. El frustrado anhelo de su autor era llegar a una sola lectora, Nadia Orlov, de quien hace años que nadie ha vuelto a saber nada.
Llámame Brooklyn es una historia de amor, amistad y soledad, es un canto al misterio y el poder de la palabra escrita. Una novela caleidoscópica en la que, como en un rompecabezas, se construye un artefacto literario insólito en la tradición literaria española.

Llámame Brooklyn — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Llámame Brooklyn», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

La empujé. Cuando se cerró tras de mí, me quedé completamente a oscuras. Lo único que acertaba a ver era una grieta de luz al final del pasillo. Avancé a tientas, palpando una pared húmeda, hasta que di con un interruptor. Lo accioné. Hacia el fondo se encendió una bombilla que emitía una luz muy débil. El suelo estaba encharcado. Unos metros más allá de donde me encontraba, la superficie del agua parecía tener vida propia. Me acerqué, chapoteando. De repente decenas de puntos rojizos acribillaron la oscuridad y el pasillo se llenó de chillidos agudísimos. Comprendí que la masa que había visto eran varias decenas de ratas empleadas en alguna actividad que yo había venido a interrumpir. Por un momento pensé que iban a saltar sobre mí, pero sus siluetas asaetearon el espacio en todas direcciones y desaparecieron. Algunas pasaron por entre mis piernas. Sorteé un bulto que despedía un hedor insoportable, prefiriendo no saber qué era y seguí avanzando.

Mi única guía era la debilísima luz de la bombilla que colgaba al fondo del pasillo. Cuando el umbral de mi percepción se ajustó algo a la oscuridad, vi que en las paredes había numerosas manchas de color pardo, que me recordaron las deyecciones depositadas por los murciélagos de las criptas mayas de Palenque. Llegué a la puerta del fondo y giré el pomo, temeroso de que no cediera, pero se abrió con facilidad. Me vi al pie de una escalera muy estrecha y empinada, por la que resbalaba una corriente de agua fétida. Arriba del todo divisé una puerta por debajo de la cual se colaba una nueva rendija de luz. Apoyándome en una barandilla de hierro, subí con dificultad los peldaños y llegué a una estancia apenas algo más iluminada que el corredor y la escalera que acababa de dejar atrás.

No había más salida que la puerta por donde había entrado, pero aunque la habitación no coincidía exactamente con la descripción de la antesala por la que me explicó Moreau que tuvo que pasar él antes de llegar al fumadero, me tranquilizó ver ciertos objetos que me había dicho que me encontraría al llegar. A mi izquierda había un aguamanil con una jofaina, una toalla y una pastilla de jabón y la pared del fondo estaba ocupada en su totalidad por un armario de luna. Restregué las suelas de los zapatos en una estera de esparto y me dirigí al lavabo. El jabón desprendía un delicado aroma a jazmín y vainilla.

Mientras me lavaba las manos me pareció que a través de las lunas del armario penetraba un resplandor que no llegaba antes a la habitación. Dirigí hacia allí la mirada y me pareció ver unas siluetas alrededor de mi reflejo. Me volví, comprobando que en la habitación no había nadie más que yo, pero cuando me fijé de nuevo en la superficie del espejo las siluetas seguían allí. Acaricié las lunas con la yema de los dedos y las hojas del armario avanzaron hacia mí, con un crujido lento. Las abrí de par en par y vi que donde debiera estar el fondo de madera había una cortina, detrás de la cual había mucha luz.

Aparté la cortina. En medio de la estancia que había al otro lado, de una elegancia que contrastaba violentamente con los espacios que acababa de atravesar, había dos mujeres de pie, una anciana ciega y una muchacha de una belleza perturbadora que me observaba atentamente. La anciana dio un paso hacia mí. Era alta y muy delgada y tenía la piel apergaminada y las manos largas y huesudas. Canturreó una especie de salmodia, y después de palparme detenidamente la cara con las manos, se introdujo en el armario del que había salido yo y desapareció. La mujer que se quedó en la habitación conmigo no tendría más de veinte años. Era más alta que yo desprendía un aroma a perfume sumamente agradable y tenía un aire ligeramente andrógino. Me dio la mano, que era muy blanca y delicada, y dijo en un inglés inmaculado: Ven, tus amigos te esperan hace tiempo.

La siguiente escena me resultó familiar, de haberla visto en fotografías antiguas, en libros sobre el tráfico de opio, y en alguna película. Hombres y mujeres tumbados en literas y esterillas, atendidos por sirvientes que les aderezaban pipas de opio. Todo tenía un aire de sensualidad y abandono que embriagaba los sentidos. Las mujeres no se molestaban en taparse los muslos, ni los pechos. Las había de todas las razas: unas cuantas eran asiáticas; otras, más bien pocas, eran negras o mulatas. La mayoría eran blancas, de aspecto europeo. Todas vestían lujosamente, pero con un abandono que era más sensual que la visión misma de los cuerpos.

Mi acompañante me condujo a un reservado donde efectivamente se encontraban Mussifiki y Louise, con otra gente que había visto en alguna ocasión, aunque no logré recordar en qué circunstancias. Los ojos de Louise se encontraron un momento con los míos, pero en seguida se le cerraron.

No te ha visto, está soñando, me dijo mi joven guía, sin soltarme la mano ni un momento. Ahora te toca a ti. Ponte cómodo, voy a prepararte una pipa.

Me recosté en una litera, no muy lejos de Louise, y observé cómo la chica de la bata se aplicaba a su labor. Con suma destreza, amasó una bola de opio, la encajó en la cazoleta y procedió a quemarla con delicadeza.

Aspira continuamente, dijo, acercándome la pipa a la boca, aunque creas que te va a estallar el pecho y no lo vas a resistir.

Hice lo que me decía. Una cuchilla de plata me abrió limpiamente las entrañas, pero en lugar de dolor, sentí que descendía del cielo una cortina de luz blanca. Me quedé sin fuerzas.

¿Estás bien? me preguntó mi guía acariciándome el pelo. Asentí, contemplando su rostro de diosa, sin decir nada, sintiendo que nos deslizábamos juntos por un intersticio del espacio que no sé adónde daba. La muchacha seguía inclinada sobre mí. Se adueñó de mí una languidez indescriptible. Sus palabras se repetían, rebotando en el espacio mil veces, cada vez más lejanas, dejando tras de sí un eco cristalino: ¿Estás bien? Me acarició la cabeza y el rostro. Alcé la mirada, tratando de retener su imagen, pero se me escapaba. Se agachó a mi lado. Sentí el roce de su bata lisa, de color gris perla, en la mejilla. Tenía las piernas finas, blanquísimas, muy delicadas. Traté de acariciárselas antes de caer en el sopor que me iba hundiendo en la inconsciencia. La túnica se abrió imperceptiblemente. No había asomo de deseo en mi gesto, toda mi capacidad para el placer estaba en el arrastre del opio, pero seguí contemplando el contorno de los muslos, deslizando la mirada hacia el vértice de la entrepierna. Buscaba el origen de su sexo, cuando me di cuenta de que mi guía no era una mujer. Su miembro estaba tenso y acezante. Entonces me volvió a acercar la pipa a la boca y dijo, aspira, y vi la llama ampliada, como un estallido cósmico en el espacio exterior.

MARGUERITE

[1973. Poco antes de conocer a Nadia.]

Con Louise, en el estudio de Deauville, bebiendo: Fue en la Playa del Corsario, en una cueva, la Cueva del Corsario, bueno, en realidad la playa se llamaba así precisamente por la historia de la gruta. Para llegar había que dejar la carretera y bajar por un camino de tierra, que va bordeando los viñedos. De pequeñas íbamos mucho. El lugar se podía visitar de dos maneras muy diferentes. Una con las familias, los domingos y días de fiesta. La otra cuando nos escapábamos del colegio, sin que hubiera ningún adulto vigilándonos. No sé por qué, últimamente me he acordado mucho de Marguerite, aunque no la he vuelto a ver desde que terminó el bachillerato y se fue a estudiar a Lille. Muchas veces me he preguntado qué habrá sido de su vida.

Se sirvió otro whisky y volvió la mirada hacia un lienzo sin terminar. Las grandes manchas de color sugerían una marina. Es un recuerdo de Marguerite. Lo estoy pintando para quitarme de encima la nostalgia. Se me ha ocurrido que a lo mejor me acuerdo de ella por lo que me has contado de Sam Evans. Vete a saber. Espero que no le haya pasado nada, aunque en realidad, dejó de existir entonces. Nunca he vuelto a saber nada de ella.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Llámame Brooklyn»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Llámame Brooklyn» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Llámame Brooklyn»

Обсуждение, отзывы о книге «Llámame Brooklyn» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.