Los alumnos cabrioleaban toda la tarde felices por las colinas y los oteros, tirándose piedras y contemplando a Gerona abajo en el llano, envuelta en una neblina de color reciamente autumnal.
Excursión singular fue la organizada el día 21, segundo aniversario del hundimiento del frente 'rojo' del Norte, al litoral, a San Antonio de Calonge. ¡Ay, el pasmo del pequeño Manuel al ver el mar! Por fin se hizo realidad su sueño, tantas veces acariciado en el Atlas que se trajo de Burgos. Manuel Alvear, al descubrir desde un recodo de la carretera la inmensidad azul, se incorporó en su asiento del vehículo y se tapó la boca con las manos. Cándido, a su lado, le dijo: "¡No hay para tanto muchacho!". Pero Manuel no acertaba a hablar. ¡La Costa Brava! No comprendió que su hermana, Paz, pusiera en entredicho la grandeza de la región gerundense. Y cuando los autocares se detuvieron y todos los alumnos irrumpieron como pequeños salvajes en la playa, él permaneció clavado en la arena, sin atreverse a acercarse al agua: tanto era el respeto que ésta le inspiró.
Manuel hubiera deseado tener a su lado a Eloy para gritar: "¡Me gusta, me gusta!". Pero Eloy, la mascota del Gerona Club de Fútbol, feliz porque el equipo local, "su" equipo, había ganado en la jornada anterior, se había subido a una roca y desde lo alto, con dos dedos entre los dientes, emitía escalofriantes silbidos en espera de que le contestara la sirena de un barco que pasaba allá lejos, en el horizonte.
* * *
Por supuesto, Manuel era el más desconcertado de los alumnos… Manuel Alvear, como le llamaban sus compañeros, desde que había llegado a Gerona no sabía a qué carta quedarse. Las influencias que recibía eran tan contradictorias -en el Grupo Escolar, en el piso de la Rambla, en su casa, con su madre y con Paz- que notaba frío en la cabeza, motivo por el cual su tío Matías le había regalado, al igual que a Eloy, una boina. Manuel llevaba también boina, además de un abrigo raído; y su sonrisa era habitualmente triste. ¿Cómo no iba a serlo? ¿No era todo aquello un tanto excesivo para su edad?
Lo era, sin duda alguna, sobre todo por culpa de Paz, la cual, siempre al acecho, le decía cada dos por tres:
– No les hagas caso, Manuel. Todo esto es una patraña. ¿Juegos de manos, excursiones? Para que no os deis cuenta de lo que se proponen; para distraeros… ¿Clases de religión? ¡Puah! Si Dios existiera y fuera bueno, la gente no sufriría lo que sufre… Parece mentira que no te des cuenta. ¿Sabes por qué te llevan a confesar? Para tenerte bien amarrado, para saber lo que piensas. Fácil ¿no te parece? ¡Son unos granujas!
Manuel escuchaba a su hermana, procurando sopesar sus argumentos. Y no veía que, en el mejor de los casos, hubiera nada fácil en todo aquello. ¡Si no los hubieran llevado a las Pedreras y al mar, Paz hubiera dicho que los tenían encarcelados! En cuanto a la religión, ¿era realmente una patraña? Manuel miraba a menudo, en la clase, el crucifijo de la pared, como le había ocurrido al doctor Chaos en el Manicomio. ¿Realmente aquel hombre, que según mosén Obiols era Dios, se dejó clavetear manos y pies "para tenerlo a él bien amarrado"? ¿Y su primo César? ¡Era tan impresionante lo que le contaban de él en el piso ¿e ja Rambla! ¿Y cómo podían luego los confesores acordarse de lo que pensaba cada uno de los chicos, de los "pecados" de cada cual? Ni siquiera conocían sus nombres…
Paz, y su propia madre, Conchi, se daban perfecta cuenta del combate que libraba el muchacho. ¡Por algo, en Burgos, dudaron entre aceptar 0 no aceptar el traslado a Gerona! Lo cierto es que las dos mujeres vivían sobre ascuas. Especialmente desde que a Paz se le ocurrió un día echar un vistazo a los libros que Manuel guardaba en la cartera del Grupo Escolar… ¡Por todos los diablos! ¿Como podían enseñar semejantes majaderías? Por ejemplo, en el libro de Historia de España, historia dialogada, podían leerse cosas de este calibre:
– ¿A qué ha de aspirar España?
– A rehacer el Imperio que perdió.
– ¿Por qué lo perdió?
– Por culpa del liberalismo y la democracia.
– ¿Qué son el liberalismo y la democracia?
– Los sistemas políticos que están deshaciendo al mundo.
– ¿Qué es la nueva España?
– Un estado totalitario destinado a ser el ejemplo de todas las naciones.
Etcétera…
Paz le decía a Manuel:
– Pero ¿te das cuenta, so tonto? ¡Pobres como ratas, y a rehacer el Imperio! ¿Y qué ejemplo vamos a dar al mundo? ¿Es que ya no te acuerdas de los fusilamientos en la carretera de Miraflores? ¿Y sabes lo que cobro yo por trabajar ocho horas en la fábrica de lejía? ¿Y lo que cobran los peones ferroviarios, sin derecho a protestar ni ir a la huelga? ¿No has estado nunca en el Palacio del Obispo?
¡Y el libro de Historia Sagrada! ¡La Virgen se había subido después de muerta bonitamente al cielo, entre una nube de ángeles! ¡Una pareja de cada especie animal cupo holgadamente en el Arca de Noé! ¡Cristo se bajó a los infiernos!
– Por favor, Manuel… Abre un poco los ojos y no te dejes embaucar.
La gran crisis, precursora de otras muchas que tendrían lugar en aquel piso que fue del Cojo, llegó en el día llamado Día de la Madre, instituido por la Sección Femenina. En el Grupo Escolar San Narciso se obligó a cada alumno a redactar una felicitación que decía: "A mi madre, con todo cariño". Felicitación ilustrada con un dibujo que representaba los campanarios de la Catedral y de San Félix, ambos enlazados en el aire por la bandera nacional.
Cuando Conchi, la madre de Manuel, recibió de manos de su hijo aquel cartoncito, sin pensarlo un segundo rasgó el dibujo en mil pedazos. ¡Los campanarios! ¡La bandera!
Pero entonces ocurrió lo insólito. Manuel no se echó a llorar. Se agachó, recogió del suelo los pedacitos en que podía leerse: "A mi madre, con todo cariño", apartando el resto, y calmoso y digno volvió a ponerlos en manos de su madre. Ésta entonces, entre sollozos, atrajo hacia sí a su hijo y lo acarició y lo llenó de besos.
– Es que no quiero perderte ¿sabes, hijo? No quiero que te vayas con "ellos". Son unos canallas. Es por tu bien…
Entretanto, Paz había encontrado en la cartera de Manuel una poesía copiada de puño y letra del muchacho y que decía así:
¡Gibraltar! ¡Gibraltar! ¡Avanzada de nuestra Nación! ¡No es bastante nuestra hazaña si es inglesa la bandera del Peñón! ¡A la lid con valor! ¡Empuñemos de nuevo el fusil! ¡A luchar con ardor que en tus rocas sabremos morir!
Paz le dijo a su madre, blandiendo el papel:
– Déjale… Allá él si no nos hace caso. Le darán un fusil y lo mandarán a morir en las rocas de Gibraltar.
Manuel se refugió en su cuarto y se sentó al borde de la cama. Paz se fue al lavabo y se peinó, pues de acuerdo con el estribillo del encargado de la fábrica de lejía: "esto no es para ti", quería presentarse a la céntrica Perfumería Diana, en la que según un anuncio aparecido en el periódico, en Amanecer, necesitaban una "dependienta de buena presencia".
El otoño seguía avanzando, disparatado y contradictorio como, las ideas de Manuel. Tan pronto se apoderaban del cielo de Gerona las nubes como el viento del Ampurdán, la tramontana, se las llevaba de un escobazo, oxigenando los pulmones. Era una lucha de poder a poder, como caballos en una disputada carrera. Algunas de esas nubes flotaban preñadas de una dureza extremada, como en vísperas de inundación. En tal caso la gente no forjaba proyectos, como vaticinara 'La Voz de Alerta', sino que por el contrario decía: "Tengo un día pesado". "¡Caray con mis piernas! Parecen de plomo".
El doctor Andújar, que había abierto ya su consulta particular, empezó a recibir los primeros clientes, entre los que no podía faltar, de acuerdo con la más pura lógica, el gran huérfano de la ciudad: Jorge de Batlle. Jorge de Batlle le dijo simplemente: "Doctor, no puedo con mi alma". El doctor Andújar vaciló un instante, pese a su experiencia. La frase "no puedo con mi alma" le había impresionado siempre de un modo especial.
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