Los niños que no habían tenido cabida en los Campamentos, también holgaban. Y se dedicaban a bañarse en el Ter, a jugar a matar rusos -ya no mataban ingleses- y a apedrear los trenes que pasaban. Esto último constituyó una novedad, que sólo el doctor Andújar hubiera podido interpretar.
Paz Alvear, en cambio, no sólo no holgaba sino que podía decirse de ella que trabaja a destajo. ¡La Gerona Jazzl El dueño de Perfumería Diana le concedió las debidas vacaciones y por su parte la muchacha le dijo a Cefe: "Cefe, hasta octubre no me verás el pelo… y todo lo demás". Pero la Gerona Jazz le ocupaba todo el tiempo. A veces, por la tarde, tocaban en un sitio, y por la noche, en otro, lo que a los músicos les iba de perlas para el trasiego de productos alimenticios en el compartimiento del taxi y en el interior del bombo, bombo cuyas dimensiones eran tales que Paz temía que acabara llamando la atención. Damián, el director, sabía muy bien que el éxito de la orquesta se debía en gran parte a Paz. ¡Pero ésta se mostraba caprichosa y le planteaba problemas! últimamente, por ejemplo, se había empeñado en recibir lecciones de canto. "Pero ¿es que no lo comprendes? -se desgañifaba Damián-. Si tu fuerza consiste precisamente en que tu voz es inaguantable… No aspirarás a cantar en el Liceo, ¿verdad?". Paz acabó dándole la razón. Lo malo de Damián era eso: que siempre tenía razón, que siempre la aconsejaba cuerdamente.
Mes de agosto, pues, triunfal para la prima de Ignacio. ¡Tomó posesión del piso que le había proporcionado Agencia Gerunda, piso bonito y alegre, aunque desamueblado por el momento! Sin embargo, llegó lo que tenía que llegar: el conflicto Pachín. Éste obtuvo la licencia prevista, causó baja en el Ejército y se marchó de Gerona rumbo a Asturias, a visitar a su familia, familia minera, en el pueblo de Cangas de Onís. Se despidió de Paz más enamorado que nunca. Loco por ella. Y prometiéndole regresar pronto y discutir juntos, como habían acordado, el porvenir… Pero a las tres semanas Paz no había recibido más que un par de cartas del chico, y precisamente en una de ellas éste le comunicaba que su fichaje por el Club de Fútbol Barcelona, para la temporada venidera, podía considerarse un hecho.
Paz, al leer esto, se encalabrinó.
– ¡Como me haga una faena -le dijo a Damián-, lo mato!
– Por favor, muñeca, no digas eso… -le riñó el director de la Gerona Jazz-. Pachín dará muchos días de gloria a España con sus cabezazos. Respétalo… Ahora que tienes piso nuevo, debes empezar a ser patriota.
– Eres un bruto -gruñó Paz-. Un botarate… ¡Yo también ficharé por alguna orquesta de Barcelona!
– Ni pensarlo -replicaba Damián, moviendo la cabeza-. Aquí eres "sensacional". En Barcelona serías una más… A menos que te decidieras por algún cabaret, lo que a Pachín le sentaría como una patada en las espinillas…
El gran consuelo de Paz era su tío Matías, al que visitaba en Telégrafos con frecuencia. La sonrisa de Matías al verla la compensaba de muchos sinsabores. "¡Entra, entra, sobrinita! Me ayudarás a pegar estos telegramas…" Paz pegaba uno siempre, simbólicamente, en el papel azul. Y luego se sentaba a fumar un pitillo con su tío y con el depurado Marcos.
– Estoy reventada… Anoche terminamos a las cuatro…
– ¿Qué te ocurre? ¿Estás afónica?
– Siempre lo estoy por las mañanas. Y no debería fumar… Luego, después de comer, se me pasa.
– ¿Quieres tomarte un café?
– Bueno…
Marcos, al oír esto, se levantaba y le ofrecía el termo que llevaba siempre consigo, mucho más pequeño que el que les fue entregado a los voluntarios de la División que salieron para Rusia.
El otro consuelo de Paz era Gol, el gato, que ahora, en el nuevo piso, vivía como en un mundo alucinante. Gol echaba de menos -y a veces a su ama le ocurría lo mismo- los mugrientos rincones del piso que fue del Cojo.
¿Y Marta…? ¿Qué era de Marta en aquella estación veraniega?
Lo de siempre: el Campamento en Aiguafreda, el Campamento llamado División Azul… Tomó posesión de él dos días después de la marcha de los divisionarios. Y en él pasaba las horas intentando olvidar a Ignacio. Para ello hacía cantar a las chicas una y otra vez el himno Prietas las filas y una melodía cuya letra decía:
Bajo el sol y cara al mar está nuestro campamento de educación y solaz…
Lo cual no significaba que la vida le resultara monótona. Siempre ocurrían cosas, y siempre había algo que celebrar. Por ejemplo, el 3 de agosto hubo gran holgorio en el Campamento. Había sido declarado Día del Amanecer, no en atención al periódico gerundense sino a que en tal fecha Cristóbal Colón salió por primera vez rumbo a América… Día de América. Marta hizo a las niñas a su cargo un discurso que le salió muy bien. Cantó la gesta de los Reyes Católicos y de los conquistadores castellanos y extremeños. Añadió que, según varios historiadores, era muy posible que Colón no fuera italiano, sino español, y explicó a su adolescente auditorio que los primeros grandes cartógrafos del mundo fueron asimismo españoles -exactamente mallorquines y catalanes- y que a ellos se debía el primer mapa del Mediterráneo, de aquel mar ilustre en cuyas orillas tenían ellas instalado el Campamento.
Otra fecha importante en Aiguafreda fue el 8 de agosto. El día 8 de agosto murieron, en circunstancias muy diversas, Bruno Mussolini, hijo del Duce, y Rabindranath Tagore, el poeta indio preferido de Gracia Andújar.
Bruno Mussolini murió en accidente de aviación en los alrededores de Pisa. Su vida joven y heroica se inclinó mucho más que la famosa Torre de dicha ciudad; y el Duce acudió a llorar a su lado. En cuanto a Rabindranath Tagore, murió, a los ochenta años de edad, en Calcuta, víctima de una grave dolencia. Su legendaria barba se quedó yerta para siempre, y acudieron a llorarlo todos los poetas jóvenes de la tierra.
Marta trazó rápidamente la semblanza de los dos hombres. De Bruno Mussolini dijo que a los diecisiete años abandonó estudios y familia para ir a luchar a Etiopía, y que desde entonces había servido, siempre como aviador, a su patria… y a España, puesto que combatió en una escuadrilla italiana cuando la guerra civil española. "Ha muerto como un héroe, mientras probaba un nuevo tipo de cuatrimotor de bombardeo". De Rabindranath Tagore dijo que a los dieciocho años había escrito ya siete mil versos y que fue también un gran patriota, que defendió toda su vida la causa de su pueblo, la India, contra el colonialismo inglés. "Hace diez años devolvió al Rey de Inglaterra todas las condecoraciones que había recibido de sus manos, por considerarlas símbolos de deshonor, puesto que la policía británica efectuó por aquellas fechas una cruel matanza entre la población india".
– Camaradas, recemos, junto a la hoguera de este Campamento, un padrenuestro por el alma de Bruno Mussolini, símbolo de la juventud heroica, y otro padrenuestro por el alma de Rabindranath Tagore, símbolo de la vejez y de la sabiduría. Los dos acaban de escribir, cada cual a su manera, su último verso. Que Dios los tenga en su gloria.
Ignacio, aquel verano, vivía dos vidas: una, la de Gerona, con sus padres, con Manolo, con su trabajo, con Pilar; otra, la de los fines de semana, con sus visitas a Adela, en Playa de Aro, y a Ana María, en San Feliu de Guíxols.
Con respecto a Ana María, Ignacio disfrutaba en aquellos meses de una gran ventaja: don Rosendo Sarró, muy ocupado con el volframio y similares, estaba siempre de viaje o al frente de su despacho en Barcelona. Apenas si hacía alguna que otra escapada a San Feliu de Guíxols. Ello dejaba el campo libre a la pareja, pues la madre de Ana María había terminado por decirle a su hija: "Conoces mi criterio: creo que te estás precipitando. Pero considero que ya eres mayorcita. Por lo tanto, haz lo que quieras".
Читать дальше