José Gironella - Ha estallado la paz

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Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.

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Ruano, que echaba de menos el tabaco español -el que fumaba en Rusia le producía carraspera-, añadió:

– De todos modos, también el "gallego" se las sabe todas… ¿Qué pretende con esa División Azul, con esa sangre de la juventud española? No hay más que una explicación: comprar, con unos cuantos muertos, el derecho a participar luego en el reparto del botín…

Soldevila se sulfuró.

– Pero ¿de qué estás hablando? ¿Es que das por perdida la guerra? Ruano miró al techo de aquella casa de la calle de Bujanian, en el que la humedad había trazado unas líneas que remedaban las de un frente de batalla.

– Si los Estados Unidos se limitan a enviarnos unos cuantos tanques y latas de conservas, sí… Necesitamos eso que Franco teme: que declaren la guerra a Hitler. Mi impresión es que, con nuestros propios medios, aquí no tenemos nada que hacer…

Los comunistas españoles residentes fuera de Rusia, repartidos por el mundo entero, vivían también, al igual que Cosme Vila y sus camaradas, horas angustiosas. Sin embargo, no cejaban en su labor. En Hispanoamérica, desde Santo Domingo y Cuba hasta Uruguay, Panamá y la Argentina, habían creado multitud de organizaciones "con el objeto de recoger fondos para ayudar a los pueblos invadidos de Europa", pero que en realidad servían para ampliar sus tentáculos. Dichas organizaciones recibían los más diversos nombres: Frente Nacional Antifascista, Liga de Mutilados de la Guerra de España, Comité de Ayuda a la URSS, etcétera. Y sus miembros procuraban introducirse en los antiguos y tradicionales Centros de emigrantes españoles -gallegos, asturianos…- y en las Universidades. El núcleo de mayor expansión era Méjico, el único país que sostenía relaciones oficiales con los exiliados españoles, y cuyas bellezas naturales y originalidad temperamental habían terminado por subyugar a David y Olga. Aparte de los exiliados españoles comunistas, actuaban también con tesón antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales, muchos de ellos utilizando falsos pasaportes: los que habían pertenecido a los componentes de la Brigada Lincoln, de los Estados Unidos, que había luchado en la guerra de España.

Gorki, en Perpiñán, es decir, en la Francia no ocupada, había perdido alrededor de veinte kilos. Separado de Cosme Vila, siempre con la espada del mariscal Pétain apuntando a su barriga, no sabía qué hacer. No se atrevía a instalar ninguna emisora clandestina ni a editar ningún folleto contra la Virgen de Lourdes. Vagaba por los cafés, en los que a veces coincidía con Canela, la cual estaba furiosa porque el prohombre de Izquierda Republicana que la protegía cuando Ignacio habló con ella, la había abandonado; y porque la disputa pública que sostenían Negrín y Prieto en el exilio -éste en Méjico, y aquél en Londres- sobre los "fondos monetarios pertenecientes a la República Española", ofrecía al mundo un espectáculo lamentable.

Por otra parte, Gorki había perdido a José Alvear, con quien en las horas trágicas de la invasión alemana de Francia había hecho buenas migas. José Alvear permaneció unos meses con Gorki en Perpiñán, echando de menos a su madame Bidot, de Toulouse; pero de repente, enterado de que en la Francia ocupada, sobre todo por el Norte, se habían fundado embrionarias células de resistencia francesa, favorables a la Francia Libre de De Gaulle, había cruzado sin más la línea divisoria y se había ido primero a Lyon y luego a París, donde se encontró con Antonio Casal, muerto de miedo, dudando entre esconderse en cualquier chambre de bonne o irse a trabajar a Alemania, puesto que "allí pagaban buenos sueldos, suficientes para alimentar a la familia".

– ¡Abur…! -le había dicho José Alvear a Gorki, al marchar. Y ahora, en París, estaba en contacto con otros anarquistas españoles que, en conexión con algún que otro "franchute", proyectaban volar trenes o apuñalar centinelas alemanes por la espalda; reteniéndolos únicamente el temor a las represalias anunciadas por Hitler.

A José Alvear le hubiera gustado recibir noticias del Responsable y demás familia; pero, desde la Francia ocupada, le era imposible. Sus relaciones se habían cortado como las de Gorki con Cosme Vila. Las últimas noticias que había recibido de aquél procedían de Venezuela. El Responsable continuaba en Caracas con sus hijas, con el Cojo y demás, y se limitaba a decir que "toda Sudamérica era la juerga padre", que él "lo hubiera pasado en grande con Pizarro o cualquiera de esos tipazos" y, ¡cómo no!, continuaba despotricando, como siempre, contra los comunistas, "los cuales cuando menos lo esperas te liquidan, como le había ocurrido en Méjico a ese pobre imbécil llamado Trotsky".

José Alvear levantó la moral de Antonio Casal, ex jefe socialista gerundense, íntimo amigo de la Torre de Babel. Mucha falta le hacían a Casal palabras de aliento desde que Julio García se había marchado de París.

– Anda, no seas mameluco -le decía José Alvear-. Ese Hitler de la rehostia acabará perdiendo. ¿No ves el lío en que se ha metido? ¡Rusia…! Ni que fuera Andorra… Le van a dar una que pa qué… ¿Tú sabes de alguien que haya copado a Rusia? Menda no… Ni siquiera Stalin. Además… ¿te has fijado en esos teutones? ¡Menuda facha! Se pasan el día sacando fotos de la Torre Eiffel e invitando a las midinettes… Te digo, Casal, que no tienen eso que han de tener los hombres: iniciativa particular… Son la Aritmética, te lo juro. Aquí le das el mando a la Federica Montseny y, en vez de irse a Grecia o al desierto ese de África, hubiera cruzado a nado el Canal de la Mancha y se hubiera ido directamente a romperle la crisma a Churchill, al míster. Y se acabó. Y si te he visto no me acuerdo. Eso era lo normal… y lo estratégico. Ahora en Rusia… ¡la reoca!

Antonio Casal sonreía con escepticismo.

– Todo eso es muy bonito… Y te expresas muy bien. Pero recuerdo que también hablaba así Porvenir cuando se fue al frente de Aragón con la columna Durruti… "¡Pasado mañana, Zaragoza es nuestra!". Y aquí estamos todos…, incluyendo a la Federica Montseny. Y en Zaragoza, la Virgen del Pilar. Y los alemanes, los amos… Los amos, incluso de las midinettes…

Washington, 1 de julio de 1941.

Queridos amigos Alvear: Sólo unas líneas para que sepáis que Amparo y yo estamos bien y para daros nuestras nuevas señas: Imperial Hotel, Washington, DC-USA.

¿Cómo estáis? Recibimos la participación de boda de Pilar. Imaginamos que será feliz… y acaso esperando ya la cigüeña… ¿A que sí?

Hubiéramos querido mandarle un obsequio -por aquí venden cosas preciosas-, pero ¿cómo hacerlo? Los barcos, como sabéis, se dedican desde hace tiempo a transportar otro tipo de regalo…

Esta ciudad es muy hermosa, con muchos árboles y muchos edificios antiguos. Abundan los negros, pero también hay gente fina. ¡Deberíais oírme hablar inglés! Se me da bien. En cambio, Amparo, que en París sólo sabía decir pardon, aquí hace lo mismo: sólo sabe decir: okey.

No he recibido ningún periódico ni revista de Gerona… O no los habéis mandado, o se han perdido por el camino. Lo lamento mucho. Me divertían horrores, sobre todo las Hojas Parroquiales que Matías metía entre página y página, con ese Consultorio Moral que imagino era obra de mosén Alberto. Por cierto, ¿ha publicado ya Amanecer mi sentencia? Me refiero al expediente abierto contra mí por el Tribunal de Responsabilidades Políticas…

Ignacio… ¿qué tal? Sé que terminaste la carrera. ¡Enhorabuena! Pero, dime. ¿Y Marta? ¿Os casasteis ya? Anda, apresúrate… Amparo asegura siempre que el estado ideal del hombre, que el estado okey, es el matrimonio.

¡Cómo pasa el tiempo…! Más de dos años ya que faltamos de Gerona. Y estamos otra vez en pleno verano: Imaginamos que la Costa Brava estará llena de bañistas… y de guardias civiles.

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