Rosamunde Pilcher - Septiembre

Здесь есть возможность читать онлайн «Rosamunde Pilcher - Septiembre» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Septiembre: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Septiembre»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Con motivo de una fiesta de cumpleaños, una serie de personajes procedentes de Londres, Nueva York, Escocia y España coinciden el el pequeño pueblo de Strachroy. Estamos en septiembre, mes durante el cual en Escocia se prodigan celebraciones, cacerías y bailes. Sin embargo, al compás de este ambiente festivo, el destino arrastrará a los protagonistas a situaciones tan dramáticas como sorprendentes, y les obligará a tomar decisiones y afrontar situaciones que marcarán profundamente sus vidas…

Septiembre — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Septiembre», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

"No se te ocurra contárselo a Edmund."

Vi era una señora muy sabia y sabía que la confesión no era un castigo, sino un desahogo. Era descargar la culpa en otra persona y con ello librarse del remordimiento. Pero la falta de remordimiento había sorprendido a la misma Virginia. Le parecía que durante las ultimas veinticuatro horas había crecido, no físicamente sino en su interior. Era como si hubiera estado escalando una empinada pendiente y ahora hubiera tenido tiempo de pararse a respirar, a descansar, a contemplar el panorama de su vida, que ella había ensanchado con su esfuerzo.

Durante mucho tiempo se había dado por satisfecha con ser simplemente, la madre de Henry, la esposa de Edmund, una de los Aird, con supeditar su existencia al clan y dedicar todo su tiempo, su energía y su ser a crear un hogar para la familia. Pero ahora Alexa ya era mayor, Henry se había ido y Edmund… Por el momento, parecía haber perdido de vista a Edmund. Por lo tanto, estaba sola. Virginia. Un individuo, un ente, con un pasado y un futuro enlazado por unos años de matrimonio. La marcha de Henry no solo había puesto fin a una época, sino que también la había liberado a ella. Ya nada le impedía abrir las alas y levantar el vuelo. Tenía el mundo entero a su disposición.

La visita a Long Island, que desde hacía meses era sólo un sueño, una idea que se perfilaba en el fondo de su mente, ahora era factible, positiva, incluso imperativa. Por más que Vi dijera, este era el momento de marcharse y, si hacía falta una excusa, diría que los abuelos eran ya muy mayores y que quería volver a verlos antes de que envejecieran; antes de que enfermaran; antes de que murieran. Ese sería el pretexto. Pero la verdadera razón tenía mucho que ver con Conrad.

Él estaría allí. Cerca. En Nueva York, o en Southampton, pero al alcance del teléfono. Podrían mantenerse en contacto. Un hombre al que sus abuelos conocían y apreciaban. Un hombre cariñoso. No era de los que se marchan bruscamente, de los que rompen una promesa y te defraudan cuando más los necesitas; ni amaba a otra. Pensó que para que perdurase una relación quizá la confianza fuera más importante que el amor. Necesitaba tiempo y espacio para reflexionar sobre estas dudas, un respiro para retroceder y examinar la situación. Necesitaba sosiego y sabía que al lado del hombre que siempre había sido su amigo y ahora era su amante lo encontraría. Su amante. Una palabra ambigua, cargada de significado. Nuevamente, buscó en su conciencia la obligada punzada de arrepentimiento, pero no encontró nada más que una especie de seguridad, una fuerza reconfortante, como si Conrad le hubiera brindado una segunda oportunidad, una ráfaga de juventud, una libertad nueva y absoluta. Lo que fuera. Sólo sabía que no iba a dejar que se le escapara. Leesport estaba allí, no había más que subir a un avión. Todo seguiría igual, porque era un sitio que nunca cambiaba. Podía oler aire fresco del otoño, ver las calles anchas, sembradas de hojas escarlata, y el humo de los primeros fuegos, que salía de las chimeneas de las distinguidas casas de madera blanca y subía hacia el cielo intensamente azul del veranillo de san Martín de Lo Island.

Recordando otros años, imaginó el ambiente. La Fiesta del Trabajo había pasado, los niños habían vuelto a la escuela, el ferry ya no hacía la travesía a Fire Island, los bares del paseo estaban cerrados. Pero el abuelo todavía no habría sacado del agua su motora que en un paseo podía llevarte hasta las amplias playas del Atlántico, a las dunas peinadas por el viento, los arenales llenos de conchas y festoneados por las olas atronadora sentía las salpicaduras en las mejillas. Se vio a sí misma a lo lejos, paseando por la orilla, recortándose sobre un cielo crepuscular, con Conrad a su lado…

Y entonces, a pesar de todo, Virginia no pudo menos que sonreír, no de romántico gozo, sino de sana ironía. Porque aquella era una imagen de adolescente, propia de un anuncio de televisión. Y le parecía oír la musiquilla empalagosa y la persuasiva voz bacón que la instaba a comprar tal champú, o desodorante, o detergente biodegradable. Sería demasiado fácil pasar aquel día perdida en una nube de ensueños. No era que soñar despierto fuera derecho exclusivo de los jóvenes, sino que los mayores no disponían de tiempo para dejarse arrastrar por la fantasía. Tenía mucho que hacer, mucho que atender, mucho que organizar. Como ella misma. Ahora. La vida exigía su atención inmediata. Virginia ahuyentó decididamente los pensamientos sobre Leesport y Conrad y pensó en Alexa. Alexa tenía absoluta prioridad. Alexa llegaría a Balnaid dentro de un par de horas y hacía un mes, en Londres, Virginia le había hecho una promesa.

“… tú y papá no vais a estar peleados, ¿verdad? No podría resistir caras largas…”

“Claro que no -le había asegurado Virginia-. Olvídalo. Lo pasaremos estupendamente…”

No se hace una promesa para luego faltar a ella y Virginia tenía mucho amor propio para hacer excepciones. El viernes regresaba Edmund. Se preguntó si le regalaría otra pulsera de oro y deseó que no lo hiciera, porque ahora no era Henry su único motivo de pelea; entre ellos se interponía el nuevo concepto que Virginia tenía de sí misma y de su marido. Comprendía que en lo sucesivo las cosas no podrían volver a ser sencillas ni claras pero, por bien de Alexa, haría como si lo fueran. En realidad, todo se reducía a resistir unos días. Virginia veía los días que se avecinaban como una serie de vallas en una carrera de obstáculos. La llegada de Alexa, el picnic de Vi, el regreso de Edmund, la cena de Isobel, el baile de Verena, había que ir saltando vallas, una a una, sin dejar traslucir sentimientos mezquinos. Ni dudas, ni pasión, ni sospecha, ni celos. Al fin, todo acabaría. Y cuando los visitantes de septiembre marchasen y la vida volviera a la normalidad, Virginia, libre de compromiso, haría planes para el viaje.

Esperaba el amanecer, encendiendo la luz de la mesita de noche de vez en cuando para mirar el reloj pero a las siete, cansada de esta inútil ocupación, abandonó la cama y sus arrugadas sábanas.

Corrió las cortinas y vio un cielo azul pálido, un jardín cruzado por largas sombras y unos campos cubiertos por una fina capa de bruma. Todo presagiaba un buen día. Cuando el sol subiera, la bruma se disiparía y, con un poco de suerte, hasta podía hacer calor. Sintió cierto alivio. Tener que enfrentarse a una mañana fría y lluviosa, hoy precisamente, habría sido más de lo que podía soportar. No simplemente porque su ánimo estuviera demasiado abatido para aguantar nuevas depresiones, sino también porque Vi celebraría su picnic aunque diluviara. Porque Vi era muy amante de las tradiciones y no le importaba que todos sus invitados tuvieran que acurrucarse bajo paraguas de golf, chapotear en los charcos con botas de goma y cocer salchichas húmedas en una barbacoa humeante. Al parecer, este año iban a serles evitados estos placeres masoquistas.

Virginia bajó a la cocina, abrió la puerta a los perros y preparó una taza de té. Pensó en empezar a preparar el desayuno, pero desistió y subió a vestirse y hacer la cama. Oyó un coche y corrió a la ventana, pero no vio nada. Alguien que pasaba por el camino.

Volvió a la cocina e hizo café. A las nueve sonó el teléfono y se lanzó sobre el aparato esperando oír una explicación de Alexa, que la llamaba desde una cabina de la autopista. Pero era Verena Steynton.

– Virginia. Perdona que te llame tan temprano. ¿Estás levantada?

– Por supuesto.

– Hace un día espléndido ¿No tendrías por casualidad manteles adamascados? Han de ser blancos y enormes. Es lo único en lo que no habíamos pensado y, desde luego, Toddy Buchanan no los tiene.

– Me parece que hay media docena en casa, pero tendré que buscarlos. Eran de Vi y los dejó aquí cuando se mudó.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Septiembre»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Septiembre» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Septiembre»

Обсуждение, отзывы о книге «Septiembre» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.