Rosamunde Pilcher - Septiembre

Здесь есть возможность читать онлайн «Rosamunde Pilcher - Septiembre» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Septiembre: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Septiembre»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Con motivo de una fiesta de cumpleaños, una serie de personajes procedentes de Londres, Nueva York, Escocia y España coinciden el el pequeño pueblo de Strachroy. Estamos en septiembre, mes durante el cual en Escocia se prodigan celebraciones, cacerías y bailes. Sin embargo, al compás de este ambiente festivo, el destino arrastrará a los protagonistas a situaciones tan dramáticas como sorprendentes, y les obligará a tomar decisiones y afrontar situaciones que marcarán profundamente sus vidas…

Septiembre — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Septiembre», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Virginia había olvidado ya a que había subido. Salió al descansillo. Abajo no se oía nada. Al parecer, la conversación telefónica había terminado. Miró hacia la puerta del dormitorio, extendió la mano, acabó de abrirla y entró. Vio que en la cama había almohadas para dos, a un lado, el camisón de Alexa, doblado con esmero y, al otro, un pijama azul celeste. En la mesita de noche había un despertador de viaje de piel de cerdo. Aquel reloj no era de Alexa. Paseó la mirada por la habitación. Sobre el tocador había unos cepillos de plata y del espejo colgaban unas corbatas de seda. Una hilera de zapatos masculinos. Una puerta del armario, quizá defectuosa, estaba abierta. Vio una serie de trajes de hombre y, en la cómoda, un montón de camisas, impecablemente planchadas.

A su espalda, en la escalera, sonaron unos pasos. Se volvió. Era Alexa, con su falda y su blusa de algodón arrugadas. La Alexa de siempre. Pero diferente. “¿Has adelgazado?” le había preguntado Virginia al llegar, pero ahora comprendió que aquella indefinible radiación que emanaba de Alexa y que había observado nada más verla no se debía a ninguna dieta.

Se miraron a los ojos. Los de Alexa sostuvieron su mirada. Sin turbación ni contrición y Virginia se alegró. Alexa tenía veintiún años. Le había costado pero ahora, al parecer, por fin se había hecho mujer.

Entonces recordó a Alexa de niña, tal como la había conocido, tan tímida, tan insegura, tan ansiosa de agradar. La recién casada Virginia había procurado obrar en todo momento con el mayor tacto, eligiendo cuidadosamente las palabras, siempre consciente del peligro de hacer o decir lo que no debía.

Ahora era igual.

Fue Alexa la primera en hablar.

– Iba a decirte que usaras el tocador de abajo.

– Lo siento. No era mi intención fisgar.

– ¿Te importa que lo sepa?

– No. Tarde o temprano lo hubieras descubierto.

– ¿Quieres que hablemos?

– Si tú quieres.

Virginia salió del dormitorio y cerró la puerta. Alexa dijo:

– Vamos abajo, te lo contaré.

– Es que todavía no he hecho lo que subí a hacer.

Y las dos se echaron a reír al mismo tiempo.

– Se llama Noel Keeling. Lo conocí en la calle. Había venido a cenar con los Pennington, que viven dos puertas más abajo, pero había equivocado de noche y estaba colgado.

– ¿Y esa fue la primera vez que lo viste?

– ¡Oh! No, ya nos habíamos visto antes, pero nada memorable. Fue en un cóctel, y después yo serví un almuerzo de directivos en empresa.

– ¿A qué se dedica?

– A publicidad. Está en “Wenborn & Weinburg”.

– ¿Cuántos años tiene?

– Treinta y cuatro -La cara de Alexa se iluminó con la expresión soñadora de la muchacha que por fin puede hablar de su amor-. Es… no podría describírtelo. Nunca se me dio bien describir a la gente.

Se hizo una pausa. Virginia esperaba. Al fin, tratando de hacer volver a Alexa al asunto, dijo:

– Venía a cenar aquí al lado pero se había equivocado de noche.

– Sí. Y estaba agotado. Se le veía en la cara lo cansado que estaba. Acababa de llegar de Nueva York y no había dormido nada. Lo vi tan mustio que lo invité a pasar. Y tomamos una copa y luego algo de cena. Chuletas. Y se quedó dormido en el sofá.

– No estarías muy amena.

– Vamos, Virginia, ya te lo he dicho. Estaba cansado.

– Perdona. ¿Qué más?

– A la noche siguiente, cuando vino a cenar con los Pennington, entró un momento y me trajo un gran ramo de rosas. En señal de agradecimiento. Y un par de noches después salimos a cenar. Y… bueeno, a partir de entonces, se hizo la bola de nieve.

Virginia se preguntó si, dadas las circunstancias, era apropiado hablar de “bola de nieve”. Pero sólo dijo:

– Ya.

– Y un sábado nos fuimos de excursión al campo. Hacía un día espléndido, un cielo muy azul, nos llevamos a Larry y anduvimos varias millas y, al regreso, cenamos por el camino y fuimos a su casa a tomar café. Y entonces… bueno… se había hecho tarde y…

– Y pasaste la noche con él.

– Sí.

Virginia sacó otro cigarrillo y lo encendió. Al cerrar el encendedor, preguntó:

– ¿Y a la mañana siguiente no te arrepentías?

– No me arrepentía.

– ¿Era la primera vez que tú…?

– Sí. No te hacía falta preguntarlo, ¿verdad?

– Cariño, te conozco.

– Al principio, estaba violenta por eso. Porque no podía dejar que lo descubriera. Y fingir tampoco podía. Hubiera sido como el que dice que sabe nadar estupendamente y luego se tira por el lado hondo y se ahoga. Yo no quería ahogarme. De manera que se lo dije. Estaba segura de que me tomaría por una colegiala o una cursi. ¿Y sabes lo que contestó? Dijo que era como recibir un regalo espléndido e inesperado. Y a la mañana siguiente me despertó con el taponazo de una botella de champaña. Y brindamos sentados en la cama. Y después…

Se interrumpió, como si se le hubieran acabado las palabras y el aliento.

– ¿La bola de nieve siguió creciendo?

– Bueno, ya te puedes figurar. Andábamos siempre juntos. Cuando no estábamos trabajando, claro. Y, al cabo de un tiempo, parecía ridículo que cada noche nos despidiéramos y nos fuéramos cada uno por su lado o que tuviéramos que prestarnos el cepillo de dientes el uno al otro. Lo hablamos. Él tiene un piso muy bonito en Pembroke Gardens y no me hubiera importado irme a vivir allí, pero no podía dejar la casa vacía, con todas las preciosidades de la abuela Cheriton. Ni me apetecía alquilarla, por la misma razón. Era un dilema, pero entonces Noel se encontró con unos amigos que acababan de casarse y querían alquilar algo mientras buscaban casa. Entonces, les cedió su piso y se instaló aquí.

– ¿Cuánto tiempo hace de eso?

– Unos dos meses.

– Y tú, ni una palabra a nadie.

– No es que me diera vergüenza ni que quisiera mantenerlo en secreto. Es que era todo tan maravilloso que deseaba que quedara entre nosotros dos. Era parte del encanto.

– ¿Tiene familia?

– Sus padres han muerto, pero tiene dos hermanas. Una, casada, en el Condado de Gloucester. La otra vive en Londres.

– ¿La conoces?

– No, ni tengo prisa por conocerla. Es mucho mayor que Noel y, al parecer, una mujer de gran carácter. Es directora de Venus y tiene mucha influencia.

– ¿Quieres que diga algo en casa?

– Haz lo que te parezca conveniente.

Virginia reflexionó.

– Sería preferible decírselo a Edmund antes de que se entere por otras personas. Viene mucho a Londres y tú ya sabes como habla la gente. Sobre todo los hombres.

– Eso dice Noel, ¿Querrías decírselo tu a papá? ¿Y a Vi? ¿Será muy difícil?

– En absoluto. Vi es asombrosa. Lo admite todo. Y, en cuanto a tu padre, en este momento me tiene sin cuidado lo que piense.

– ¿Qué dices? -Alexa frunció el ceño.

Virginia se encogió de hombros. También ella arrugó la frente. Todas las finas líneas de su cara tomaron relieve y ya no pareció tan joven.

– Será mejor que lo sepas. En estos momentos, nuestras relaciones dejan bastante que desear. Tenemos un conflicto permanente, sin palabras duras, pero con cierta helada cortesía.

– Pero…

Alexa, alarmada, se olvidó de Noel. Nunca había oído a Virginia hablar de su padre con aquella voz tan fría, ni recordaba que se hubieran peleado nunca. Virginia lo adoraba, se amoldaba a todos sus planes, estaba de acuerdo con todas sus sugerencias. Entre ellos dos nunca había habido más que amor y armonía, muestras de cariño y, siempre, incluso cuando cerraban la puerta, mucha risa y conversación. Constantemente parecían tener cosas que decirse y la estabilidad de su matrimonio era uno de los motivos por los que Alexa volvía a Balnaid cada vez que podía tomarse unas vacaciones. Le gustaba estar con ellos. La sola idea de que pudieran distanciarse, dejar de hablarse, dejar de quererse, le resultaba insoportable. Quizá nunca volvieran a ser los mismos. Quizá se divorciaran…

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Septiembre»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Septiembre» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Septiembre»

Обсуждение, отзывы о книге «Septiembre» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.