Jorge Molist - El Anillo

Здесь есть возможность читать онлайн «Jorge Molist - El Anillo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Историческая проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El Anillo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El Anillo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En su veintisiete aniversario, Cristina, una prometedora abogada neoyorquina, algo engreída y snob, recibe dos anillos. El primero, con un gran brillante de compromiso, es de un rico agente de bolsa, mientras que el otro, un misterioso anillo antiguo, proviene de un remitente anónimo. Ella acepta ambos sin saber que son incompatibles y que el anillo de rojo rubí ha de arrastrarla a una aventura que le enseñará sobre la vida, el amor y la muerte, dándole una lección inolvidable que hará cambiar su destino y su visión del mundo para siempre. Empezando en Barcelona, Cristina recorrerá la costa mediterránea, retornando a su pasado y a otro mucho más lejano: el trágico destino del último de los templarios. Una atípica novela histórica sobre la importancia de nuestra relación con el pasado.

El Anillo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El Anillo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– ¿Templarios? -quiso saber Luis-. ¿Cómo sabes que pertenecía a los templarios?

– Por los santos.

– ¿Qué santos son ésos? -pregunté yo.

– El de la tabla de Luis, la que se colocaba a la izquierda de la central, y bajo la escena de Cristo crucificado en el calvario, es San Jorge, está de pie, sobre el dragón de la leyenda.

Miré la tabla colocada a mi derecha, que correspondería a la izquierda del conjunto. Tal como decía Oriol, estaba dividida en dos cuadros, en el inferior, un guerrero, de pie sobre un bicho con forma de sabandija y no mayor que el pellejo de un perro, vestía mallas bajo una túnica corta, capa, casco, corona de santidad, y sujetaba una lanza.

– Vaya porquería de dragón -dije. Ambos rieron.

– Pues sí -dijo Luis-. Vaya mierda de bicho. En lugar de matarlo lo hubiera podido ahuyentar a patadas.

– La pintura gótica, al menos la de los siglos XIII e inicios del no se preocupa de las proporciones ni de la perspectiva -nos aclaró Oriol-. Lo importante es que el santo se identifique. Si se pinta un guerrero pisando algún reptil, ése es San Jorge. Sólo que éste es bastante particular.

– ¿Por qué? -inquirí.

– Porque generalmente se le representa con una cruz roja, pero fina y alargada, la de un cruzado común. No como ésta. Ésta es una descarada cruz patada, la cruz del Temple. Los orígenes del santo le sitúan en Asia Menor y era un oficial del ejército romano que convertido al cristianismo sufrió todo tipo de martirios que terminaron al cortarle la cabeza. No hay referencias históricas del personaje pero la leyenda cuenta que rescató a una princesa de un horrible dragón. Los cruzados le hicieron caballero y se convirtió en un símbolo muy poderoso: la victoria del bien sobre el mal. Dicen que apareció en un par de batallas, una en Aragón y otra en Cataluña, decidiendo a tajos de espada la victoria cristiana frente a los musulmanes.

– Y por eso es patrón de Cataluña y Aragón -afirmó Luis.

– En efecto, pero también lo es de Inglaterra, Rusia y de algún otro país; se puso muy de moda en la Edad Media. En todo caso, reparad en que murió decapitado. En el cuadrado superior, dentro de lo que parece una capilla habréis reconocido la escena, es un Cristo crucificado en el calvario. Muy clásica. Está la Virgen en actitud de desmayo y un San Juan apóstol doloroso con la mano en la mejilla en señal de consternación. Esta imagen está tan repetida en el gótico, tanto en pintura como escultura, que los anticuarios apodan al santo «el del dolor de muelas».

– En cuanto a mi tabla, que según las marcas de los goznes se situaba a la derecha del conjunto, nuestra izquierda según la miramos, muestra arriba, también dentro de una capilla, a un Cristo triunfante, resucitando, surgiendo del Santo Sepulcro.

Miré el cuadrado superior, rematado por un arco ligeramente apuntado, al estilo de mi pintura de la Virgen, y me di cuenta de que ese elemento era distinto en la tabla de Luis. Su arco tenía un lóbulo central que lo dividía en dos.

– Y en la parte inferior tenemos a San Juan Bautista, el precursor de Cristo -continuaba Oriol-, el que lo bautizó en el río Jordán. Era santo patrón por excelencia de los Pobres Caballeros, tal como los templarios se hacían llamar.

– Sí. Aspecto pobre sí tiene -afirmé. Era un hombre barbudo y de pelo largo con una especie de pergamino en su mano derecha y que se cubría con taparrabos de piel de oveja.

– Murió decapitado, como San Jorge -aclaró Oriol.

– Gracias por el detalle. Pero te lo podías haber ahorrado -bromeé fingiendo desagrado.

Salomé la concubina del rey le pidió un deseo Éste se lo concedió y era - фото 3

– Salomé, la concubina del rey, le pidió un deseo. Éste se lo concedió, y era la testa del Bautista en una bandeja.

– ¡Qué asco! -dijo Luis.

– Así que los templarios gustaban de los santos que perdían la cabeza -concluí mirando a Oriol con intención.

– Ciertamente -repuso él sosteniéndome la mirada con media sonrisa. Me quedé dudando si había captado el tono de mi afirmación.

– Esto requiere una explicación, señor historiador -ahora era Luis el que quería saber-. Esos templarios parecían ser una secta muy rara.

– La historia es larga. Empezó cuando los príncipes cristianos, en gran parte borgoñas, francos, teutones e ingleses, inflamados por las arengas de varios frailes predicando a través de Europa, cayeron sobre Tierra Santa cual plaga de langosta. Mucho peor aún. Incluso los bizantinos y su capital Constantinopla, cristianos pero ortodoxos, sufrieron aquella banda de salvajes. Hubo baños de sangre inenarrables. Los reinos ibéricos apenas aportamos contingentes, suficiente trabajo teníamos con nuestra reconquista; estamos hablando de un siglo antes de la batalla de las Navas de Tolosa. Entonces los musulmanes controlaban la mayor parte de la Península y los reinos cristianos estaban bajo amenaza continua.

– Bueno, ¿y qué tiene que ver eso con las cabezas? -pregunté impaciente.

– Con el tiempo y el desgaste, los ímpetus de los nobles cristianos en Tierra Santa se moderaron y se empezó a pactar. Así, cuando un caballero caía prisionero en combate, se acostumbraba a negociar un rescate por su libertad. Si se trataba de un plebeyo, sin recursos para pagar, se le esclavizaba. Eso no ocurría con los Pobres Caballeros de Cristo. Habían hecho votos de pobreza y de morir luchando por la fe; eran máquinas entrenadas para la guerra. Por lo tanto los musulmanes sabían que no importaba cuán alto fuera el rango del templario que capturaran ni las fortunas que atesorara la orden, jamás cobrarían rescate por uno de ellos. Y tampoco eran aprovechables como esclavos; sería como poner una bomba de relojería en casa. Por lo tanto, eso sí, con gran respeto y admiración, cuando lograban coger a uno de los caballeros de la cruz roja patada vivo, le cortaban el cuello lo antes posible. Por esa misma razón los templarios luchaban hasta la muerte, no se rendían, no pedían tregua ni esperaban clemencia.

– Ya veo -dijo Luis sonriendo guasón-. Por eso los templarios sentían esa camaradería con los santos decapitados; eran colegas.

Oriol afirmó con un gesto.

– ¡Ah! -exclamé sumándome a la ironía de Luis-, eso lo explica todo. También que guardaran trozos de muerto en sus anillos. Vaya gente rara.

– Bueno, ¿qué hacemos ahora? -continuó Luis-. Aquí tenemos las tablas de los santos descabezados antes de que les cortaran la testa y en Nueva York la pieza central. Según Enric, ese tríptico contiene el secreto de un fabuloso tesoro -me miró a mí-. Tendrás que hacer que nos envíen la pieza que falta, ¿no?

– Espera un momento -cortó Oriol-. Nadie está obligado a aceptar una herencia. Cristina no quiso darnos antes una respuesta y ahora debe decidir si quiere buscar ese tesoro o no. Si decide hacerlo, adquirirá un compromiso y eso va a producir cambios en su vida, tal vez importantes. Empezando por pasar una temporada aquí -lanzó una mirada a mi anillo de prometida-. Y seguramente tiene compromisos en América.

– ¿Qué ocurre contigo, Oriol? -inquirió Luis-. ¿A qué viene esa pregunta? ¡Claro que Cristina quiere encontrar el tesoro!

– Deja que lo diga ella por sí misma. Yo también tengo sentimientos encontrados en este asunto. Pienso que a veces hay cosas que no se debieran remover. No hay que resucitar a los muertos.

Había un tono triste en su voz que me conmovió.

– ¿Qué quieres decir con eso? -Luis se estaba enfadando-. ¿Otra vez con ésas, Oriol? ¡Por Dios! ¡Estamos hablando de la última voluntad de tu padre!

– Yo estoy por buscar ese tesoro -dije, en un impulso, cortando la polémica que se iniciaba, y a sabiendas del lío que mi decisión causaría en Nueva York.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El Anillo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El Anillo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Carlos Castaneda - El Segundo Anillo De Poder
Carlos Castaneda
libcat.ru: книга без обложки
Rafael Marín
Larry Niven - Mundo anillo
Larry Niven
Jorge Molist - La Reina Oculta
Jorge Molist
Jorge Molist - Los muros de Jericó
Jorge Molist
Alfredo Gaete Briseño - El secreto del anillo mágico
Alfredo Gaete Briseño
Jorge Carrión - Lo que el 20 se llevó
Jorge Carrión
Jorge Melgarejo - Afganistán
Jorge Melgarejo
Joaquín Luis García-Huidobro Correa - El anillo de Giges
Joaquín Luis García-Huidobro Correa
Отзывы о книге «El Anillo»

Обсуждение, отзывы о книге «El Anillo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.