En el cuarto capítulo, “Aportes de la dimensión ético-moral a la fundamentación de la Cátedra de la Paz”, Edward Amorocho Herrera referencia algunas implicaciones éticomorales que se desprenden de la implementación de la Cátedra de la Paz. El capítulo está estructurado en cinco apartados. En el primero, se plantea que una convivencia pacífica demanda la construcción de una ética de mínimos, para sustentar la deliberación pública y el ejercicio pleno de la ciudadanía. En el segundo, se hace referencia a que la paz es un bien moral y un valor universal de la ética mínima cordial. En el tercero, se alude a la relevancia de la dignidad y del reconocimiento como presupuestos ético-morales en la Cátedra de la Paz. En el cuarto apartado, se destaca la importancia de una ciudadanía activa y diversa en la construcción de la convivencia pacífica. Finalmente, en el quinto, se subraya la necesidad de fortalecer la sensibilidad moral para el perdón y la reconciliación, desde la implementación de la Cátedra de la Paz en el país.
En el quinto capítulo, “Aportes de la dimensión psicosocial a la fundamentación de la Cátedra de la Paz”, María Mercedes Giraldo Álvarez nos ofrece un referente conceptual desde el enfoque psicosocial, haciendo énfasis en los procesos relacionales y vinculares en la construcción individual y social. Asimismo, retoma, de algunos programas y experiencias que se han trabajado en contextos y comunidades afectadas por la violencia, aquellos conocimientos y prácticas de apoyo psicosocial que resultan ser vitales en la reconstrucción de entornos de paz.
El capítulo está organizado en cuatro ejes temáticos: el primero considera las relaciones de cuidado y sus implicaciones en la construcción de relaciones de convivencia pacífica; el segundo destaca los procesos socioafectivos y la promoción de comportamientos prosociales; el tercero se dedica al tema de la resiliencia y su vinculación con la tramitación del dolor y el sufrimiento de las víctimas, y, por último, el cuarto apartado se refiere a la formación de las habilidades sociales y las competencias ciudadanas para la convivencia pacífica.
El capítulo sexto, “Aportes de la dimensión sociocultural a la fundamentación de la Cátedra de la paz”, aborda las implicaciones que tiene que asumir la Cátedra de la Paz en clave intercultural, donde el reconocimiento de la diversidad epistémica, política, jurídica y cultural de comunidades y colectivos sociales se convierte en una herramienta para contrarrestar y resistir las violencias y las prácticas de exclusión derivadas del patriarcalismo, el capitalismo y el colonialismo. Mónica Hilarión Madariaga, en uno de sus apartados, llama la atención frente a la necesidad de cambiar la cultura patriarcal que ha reproducido, en la historia, la violencia de género. Igualmente, propone un respeto y reconocimiento a las expresiones de los mundos juveniles como sujetos sociales. En este capítulo, también, se estudia la Cátedra de la Paz desde las autonomías de las educaciones que proponen los diversos grupos étnicos. Al final, la autora comparte algunos elementos para pensar la Cátedra de la Paz desde una perspectiva territorial.
En el séptimo capítulo, “Aportes de la dimensión pedagógica a la fundamentación de la Cátedra de la Paz”, los autores —Edward Amorocho Herrera, María Mercedes Giraldo Álvarez y John Granados Rico— proponen un conjunto de postulados y principios pedagógicos derivados de las tradiciones críticas. De la educación popular, se retoman los aportes de P. Freire, de X. Jares y de A. Torres, para destacar la dimensión política de una educación para la paz. De las corrientes decoloniales, se destacan los planteamientos de Catherine Walsh, Cristian Díaz y W. Mignolo, para plantear que una educación para la paz tiene que promover la interculturalidad y el diálogo de saberes y tradiciones. De los estudios de la memoria histórica, se referencian los trabajos de E. Jelin y J. Melich, para reconocer el potencial reparador y trasformador que tiene la narración. De los movimientos de creación artística, se abordan los planteamientos de I. Comins y F. Sandoval sobre la necesidad de explorar otros lenguajes para abrir caminos y trayectorias pedagógicas para la implementación de la Cátedra de la Paz.
En el octavo y último capítulo, “Aprendizajes y recomendaciones”, Arias Campos y Delgado Salazar comparten un conjunto de recomendaciones dirigidas a la implementación de la educación para la paz, en general, y, otras más específicas, para la Cátedra de la Paz. De igual manera, presentan los aportes y las sugerencias ofrecidas por expertos en el tema de la educación para la paz, quienes identifican unos propósitos y unos ejes temáticos para ser considerados en la fundamentación e implementación de la Cátedra de la Paz en el país.
1López, M. (2004). Enciclopedia de paz y conflictos. Granada: Instituto de la paz y los conflictos; Universidad de Granada.
2Este decreto indica, respecto a la estructura y contenido de la Cátedra de la Paz, que deben estar orientados al logro del objetivo del decreto mismo y desarrollar al menos dos de las siguientes temáticas: 1) Justicia y derechos humanos; 2) Uso sostenible de los recursos naturales; 3) Protección de las riquezas culturales y naturales de la nación; 4) Resolución pacífica de conflictos; 5) Prevención del acoso escolar; 6) Diversidad y pluralidad; 7) Participación política; 8) Memoria histórica; 9) Dilemas morales; 10) Proyectos de impacto social; 11) Historia de los acuerdos de paz nacional e internacional; 12) Proyectos de vida y prevención de riesgos.
CAPÍTULO 1
TRAYECTORIAS PARA PENSAR LA PAZ EN EL CONTEXTO EDUCATIVO. TRAYECTORIAS LEGISLATIVA, INVESTIGATIVA Y EDUCATIVA
Rosa Ludy Arias Campos, Ricardo Delgado Salazar y Luz Marina Lara Salcedo
Colombia ha experimentado un conflicto armado complejo y extenso que ha perdurado por más de 50 años, este ha despertado el interés de investigadores y educadores, quienes buscan comprender sus causas, manifestaciones y consecuencias y realizar estrategias educativas para superar la violencia y propiciar una convivencia más pacífica. De esta manera se han construido diversas trayectorias, dentro de las cuales la investigación y la educación han jugado un papel significativo por el conocimiento construido, los aprendizajes generados y la visión de futuro que potencia su realización. En este largo camino, la educación se consolida como un proyecto indispensable para contribuir a la construcción de un nuevo país, en el que se logre la justicia social, se pueda contribuir a la realización de los acuerdos de paz y se generen los conocimientos, actitudes y prácticas necesarios para decirle adiós a la guerra y convivir en una paz que implique libertad, igualdad y democracia.
En tal sentido, el presente capítulo tiene como propósitos visibilizar algunos de los trazos del camino recorrido; para ello, su desarrollo se ordena en tres campos de reflexión: 1) trayectoria legislativa e institucional del sector educativo hacia la construcción de paz; 2) trayectorias investigativas en el campo de la educación hacia la paz, y 3) trayectorias y oportunidades de la educación para la paz y la Cátedra de la Paz.
Trayectoria legislativa e institucional del sector educativo hacia la construcción de paz
La aproximación a la trayectoria legislativa e institucional del sector educativo hacia la construcción de paz busca comprender este referente bajo las siguientes categorías: la voluntad política frente al campo temático, la legitimidad que adquiere en el sector educativo, el compromiso de la educación con la sociedad y las condiciones de institucionalidad que se deben acondicionar para su debida realización.
En este orden de ideas, se abordan, en este primer aspecto, los siguientes referentes: 1) el lugar de la paz en la Constitución Política de 1991; 2) la paz como horizonte de sentido en la Ley 115 de Educación; 3) la paz como una línea de acción de la Ley de Convivencia de 2014, y 4) la legislación sobre la paz que compromete al sector educativo en torno a la educación para la paz y la inclusión de los actores del conflicto armado.
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