Esas tres ideas wittgensteinianas, junto con su apropiación de una serie de tesis de Frege y Russell, serán los recursos que le permitirán llevar adelante la tarea crítica anunciada en el prólogo. Trazar el límite en el lenguaje suponía enfrentar una serie de problemas, para cuya resolución Wittgenstein ofrece la síntesis de esas tres ideas. Entre los problemas principales podemos destacar cuatro:
I) El problema del decir: ¿cómo explicar la unidad de la proposición elemental, el enlace de los nombres que la constituyen, su estructura, sin comprometerse con que haya existentes que sean los referentes de expresiones que son en apariencia otros nombres que realizan el enlace de los nombres, lo cual conduciría a un regreso al infinito?
II) El problema del decir lo que no es: ¿cómo resolver el problema de la intencionalidad, esto es, cómo es posible significar lo ausente, lo no existente, lo falso?
III) El problema del decir lo compuesto: ¿cómo explicar el significado de las proposiciones complejas que incluyen signos lógicos como las conectivas y los cuantificadores?
IV) El problema del decir lo necesario: ¿cómo entender las modalidades y en especial la necesidad lógica?
Las respuestas a dichas preguntas, a través del despliegue de las tres tesis señaladas por von Wright, supondrán en Wittgenstein, de modo ineludible a partir de su teoría pictórica de carácter semántico, una serie de tesis metafísicas. De hecho, el texto está estructurado siguiendo un orden que va de la metafísica a la semántica, en lugar de explicitar de qué modo las tesis metafísicas se presentan como condiciones de posibilidad de las tesis semánticas. Una primera aproximación a cómo operan en el texto las primeras dos tesis identificadas por von Wrigh para resolver las primeras tres preguntas podría ser la siguiente:
1) Toda proposición significativa es analizable de un modo que revela en última instancia que se trata de una función de proposiciones elementales. (40)
2) Las proposiciones elementales asertan el acaecimiento de estados de cosas atómicos posibles. (41)
3) Las proposiciones elementales son mutuamente independientes –cada una puede ser verdadera o falsa con independencia de la verdad o falsedad de las demás. (42)
4) Las proposiciones elementales son combinaciones directas de nombres, esto es, símbolos simples. (43)
5) Los nombres refieren a objetos simples, entidades sin complejidad alguna. (44)
6) Los estados de cosas son combinaciones de objetos simples. (45)
Los puntos 1-6 pueden ser pensados como un despliegue desde el hecho del carácter significativo de las oraciones del lenguaje hacia las condiciones de posibilidad de tal significatividad. El camino inverso, propio de la presentación tractariana, podría resumirse como sigue. Hay objetos simples combinables en estados de cosas posibles; los estados de cosas que efectivamente acaecen son los hechos que conforman el mundo; podemos hablar con sentido sobre el mundo, esto es, podemos hablar con verdad o falsedad, en la medida en que tenemos en nuestro lenguaje nombres arbitrarios de los objetos simples y estos nombres se estructuran en oraciones que reflejan como una pintura los modos en que los objetos simples son combinables conformando estados de cosas que acaecen o no; decimos algo verdadero cuando la proposición simple dicha es una figura de un estado de cosas que en efecto acaece y decimos algo falso cuando la proposición mencionada figura un estado de cosas posible pero no acaecido; cuando decimos proposiciones complejas que involucran signos lógicos diremos lo verdadero o lo falso en virtud de cuál sea la combinación que efectivamente se dé de acaeceres y no acaeceres de los estados de cosas representados por las proposiciones elementales que se combinan en la proposición compleja; hay oraciones complejas tales que serán siempre verdaderas (tautologías) o siempre falsas (contradicciones), esto es, tendrán uno de los dos valores de verdad sin importar cuál combinación de acaeceres y no acaeceres sea efectivamente el caso; las tautologías y las contradicciones no tienen realmente sentido, pues tener sentido es una propiedad que tienen solo las oraciones bipolares, esto es, aquellas que pueden ser verdaderas o ser falsas (solo son significativas las proposiciones contingentes, esto es, las que son verdaderas en algunas circunstancias y falsas en otras); las tautologías si bien no tienen sentido son inteligibles; las tautologías agotan el terreno de lo necesario, esto es, solo hay necesidad lógica; toda proposición que no sea una tautología o pasible, vía su carácter figurativo, de ser verdadera o falsa es un sinsentido.
El abigarrado párrafo anterior resume el modo en que Wittgenstein traza el límite entre lo pensable y lo no pensable trazando el límite en el lenguaje entre lo decible y no decible. Veamos con un poco más de detalle cómo se articula cada una de las tres tesis señaladas por von Wright para resolver cada uno de los problemas mencionados.
35-- A pesar de que el único libro que Wittgenstein publicó en vida es el Tractatus, llegó a escribir otros dos prólogos para otros dos textos que, podemos asumir, consideró cercanos a merecer la publicación. Véase SELECCIÓN DE TEXTOS, sección “Los prólogos¨, donde se reúnen pasajes de los tres prefacios que, más allá de las diferencias teóricas y metafilosóficas identificables al comparar las tres obras, dan cuenta de un rasgo común que no se alteró jamás: el espíritu de seriedad y la torturada pasión espiritual con que Wittgenstein se aproximaba a las cuestiones filosóficas.
36- TLP, 11.
37- Para una breve presentación del vínculo del Tractatus con la filosofía kantiana, véase Pears (1973: 61-76).
38- TLP, 11.
39- Von Wright (2001: 8); cursiva en el original.
40- Véase TLP, 3.25, 4.221, 4.51, 5, en SELECCIÓN DE TEXTOS, sección “El lenguaje que pinta”.
41- Véase TLP, 4.21, ibídem.
42- Véase TLP, 4.211, 5.134, ibídem.
43- Véase TLP, 4.221, ibídem.
44- Véase TLP, 2.02, 3.22, ibídem.
45- Véase TLP, 2.01, ibídem.
El problema del decir
Lo que el Tractatus ofrece es una aproximación particular al problema de la unidad de la proposición, heredera de la aproximación fregeana al fenómeno de la estructura lingüística, es decir, tanto de la idea del par saturación/insaturación como propiedades de los objetos y los conceptos respectivamente, como de los principios de Composicionalidad y de Contexto. El problema se hacía patente especialmente en las ideas que Russell venía elaborando al respecto en el momento en que se conoció con Wittgenstein. Según el Russell de entonces, el conjunto de lo captable de modo directo, por contacto, debía incluir “formas lógicas”, tanto las formas que permiten el enlace de lo referido por los componentes de una proposición, como las formas que se correspondan con lo que permite la combinación de proposiciones en proposiciones compuestas (las constantes lógicas). Aparentemente Wittgenstein cuestionó tan fuertemente las ideas de Russell que este decidió no publicar el libro A Theory of Knowledge, escrito en 1913 y que se publicó póstumamente recién en los años 80. (46) Para Wittgenstein, toda apelación a identificar entidades para dar cuenta del enlace intra e interproposicional era un despropósito teórico conducente a todo tipo de inconsistencias. (47)
La concepción figurativa (pictórica, modelística) del significado fue su aporte teórico. Este involucra concebir a las proposiciones como figuras, lo cual supone que, a su vez, dichas figuras son hechos que se relacionan con estados de cosas posibles. El origen de dicha idea parece haber sido la impresión que le causó la lectura de una noticia sobre el tratamiento en un juzgado parisino de una demanda por un accidente automovilístico en el que se usó una maqueta. En el diario filosófico que llevó adelante durante la guerra, Wittgenstein anota con entusiasmo el 29 de septiembre de 1914: “¡La solución de todas mis cuestiones ha de ser extremadamente simple! En la proposición es compuesto un mundo a modo de prueba. (Como en una de las salas de París es representado un accidente automovilístico con muñecos, etc.)”. (48)
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