El concepto de desarrollo incluye procesos psicosociales, cognitivos y biológicos en permanente interacción. El nivel de desarrollo alcanzado por el niño determina todos los aspectos de su comportamiento, tanto normal como anormal, involucrando procesos cognitivos que incluyen percepción, formación de imágenes, razonamiento, resolución de problemas, lenguaje y pensamiento. También involucra procesos emocionales, de desarrollo de personalidad, interacciones sociales, expectativas, motivaciones y, finalmente, cambios corporales.
El desarrollo humano es el resultado de complejos intercambios entre lo biológico y lo ambiental ( nature versus nurture ), entre un código genético único heredado, propio de cada individuo, y las oportunidades o limitaciones que le brinda el medio para desplegarlo en todo su potencial. Constituye un proceso por medio del cual un organismo crece y cambia de manera ordenada a través del tiempo, diferenciando órganos y funciones. Como dinámica de diferenciación y especialización creciente, implica crecimiento, aunque no todo proceso de crecimiento puede considerarse desarrollo. Mientras el crecimientoes un cambio cuantitativo (por ejemplo, crecimiento en estatura y talla), el desarrollo es un cambio simultáneamente cualitativo y cuantitativo. El desarrollo siempre implica cambio, pero no cualquier cambio, sino un movimiento ordenado hacia un nivel más avanzado, más complejo y más adaptativo (Bascuñán, 2008).
El desarrollo normal del niño progresa de acuerdo a una secuencia conocida de cambios que se dirigen hacia la especialización y complejización de funciones, lo que obliga a todos quienes trabajan con niños a conocerlos no solo en su individualidad, sino en relación a lo esperado para su momento de desarrollo. Una misma conducta que a una determinada edad puede ser normal, por ejemplo, un lenguaje defectuoso a los dos o tres años, no lo es si persiste a los cinco.
El proceso de desarrollo temprano del cerebro sigue un programa determinado que tiene que ver con la supervivencia: primero las áreas básicas, relacionadas con percepción visual y control motor de movimientos, a continuación las áreas de lenguaje y orientación espacial y, finalmente, las áreas situadas en la zona frontal, en especial las funciones ejecutivas. De ahí que en los niños preescolares y aún en los escolares las funciones ejecutivas relacionadas con la inhibición del impulso, la toma de decisiones, la planificación y la flexibilidad cognitiva, están todavía en proceso de maduración.
La disarmonía evolutiva o desarrollo disarmónico es un concepto que no reúne suficiente consenso en cuanto a su definición y límites conceptuales. No todos los niños presentan los mismos patrones temporales en su desarrollo y por tanto, lo que en un momento puede impresionar como un perfil disarmónico de rasgos del desarrollo, al siguiente puede evolucionar y perfilarse dentro de los parámetros esperados para la edad. Vale decir, será la propia evolución, el tiempo, lo que confirma o descarta una disarmonía.
Una mirada correcta deberá considerar y comparar todos los aspectos madurativos y del desarrollo: neurológicos, psicomotores, sociales, adaptativos, emocionales, cognitivos. Si se observan desfases en el desarrollo, deben preocupar solo en la medida que se conviertan en un problema para el niño, ya que en la mayoría de los casos solo representan variaciones normales en los ritmos del desarrollo. Ana Freud (1992) denomina desequilibrio entre las líneas del desarrolloa estos desajustes y afirma que por razones de maduración (afectiva o de otra índole) se produce el desfase de una entidad parcial, ya sea motricidad, lenguaje, organización cognoscitiva o autonomía, que se adelanta o retrasa con respecto a las demás y que en función de su repercusión en los demás sistemas y en su forma de aprehender la realidad, puede ocasionar una perturbación en el funcionamiento global del niño. Por ejemplo, un desfase entre un desarrollo precoz de las funciones perceptivo-motoras, en paralelo con insuficiencias del lenguaje, puede retrasar aún más el desarrollo de lenguaje por falta de motivación para valerse de la función comparativamente deficitaria, privilegiando aquella en la que ha alcanzado un mayor desarrollo.
Cualquiera sea el perfil de la disarmonía evolutiva que presenta el niño, uno de los aspectos más preocupantes es el nivel de desarrollo de lenguaje, sin olvidar que el diagnóstico definitivo depende de factores evolutivos, esencialmente dinámicos y cambiantes en el tiempo.
2.6.2Periodos críticos para el desarrollo cognitivo
Las distintas regiones del cerebro no se desarrollan al mismo ritmo, ni en forma simultánea. Para que esos cambios se produzcan se necesitan determinadas experiencias que faciliten el desarrollo de cada región en el momento en que esa región está preparada para recibir tal o cual estimulación ambiental (Couperus y Nelson, 2006). Estos lapsos pueden ser breves y bien definidos en el tiempo, o transitar durante períodos más prolongados.
El período crítico se define como el espacio de tiempo en que la adquisición normal de una determinada conducta es especialmente sensible a la influencia del medio. Una vez que finaliza el período, el aprendizaje de que se trate ya no ocurre, o se dificulta significativamente. Por lo tanto, la ausencia del estímulo apropiado en el momento preciso, puede ser difícil de remediar y, en algunos casos, imposible. Se denomina a estos períodos, ventanas de oportunidad, y se requieren estímulos y experiencias específicas para facilitar el crecimiento sináptico. Son dependientes del uso, y se relacionan con la plasticidad neuronal.
Cuadro N° 2.Períodos que representan ventanas de oportunidad:
Periodos sensibles en el desarrollo |
Ventana de oportunidad |
0 a 2 años |
Desarrollo de control emocional |
0 a 2 años |
Vínculos afectivos |
0 a 4 años |
Matemáticas y lógica |
0 a 3 años |
Desarrollo motor |
0 a 4 años |
Vocabulario básico |
0 a 7-10 años |
Aprendizaje de segunda lengua |
3 a 4 años |
Destrezas sociales con pares |
3 a 10 años |
Ejecución de instrumentos musicales |
El cuadro muestra la importancia del período preescolar en el desarrollo de diferentes áreas. Salvo las áreas afectivas de muy temprana emergencia, tales como control emocional y creación de vínculos, el resto de los períodos críticos tienen su máxima sensibilidad y reactividad a los estímulos del ambiente hasta los cuatro años (Förster, 2012). Este punto debiera ser considerado al definir objetivos y seleccionar contenidos de los programas preescolares.
2.6.3Desarrollo cerebral temprano. Neuroplasticidad
Es posible determinar dos momentos en el desarrollo cerebral. El primero, la neurogénesis, que cumple hitos genéticamente programados de cada una de las partes del SNC (20 primeras semanas) y en segundo lugar, un proceso de maduración progresiva a partir de la semana 20, que corresponde a una etapa de crecimiento neuronal de estructuras corticales que culmina hacia el final de la adolescencia. Para referirse a estos dos momentos, se habla de un período pre y post natal, en el bien entendido de que se trata de un proceso continuo. En este proceso, el cerebro inmaduro recibe influencias del ambiente intra y extrauterino y se desarrolla en términos de sucesivas complejizaciones y diferenciaciones.
La neurogénesis corresponde a la formación de las diferentes regiones cerebrales en períodos de tiempo predeterminados, comenzando por las áreas cerebrales más profundas, para concluir en regiones de mayor complejidad y evolución, como es la corteza cerebral. Los procesos de maduración se ordenan en torno a un eje vertical que se inicia en estructuras subcorticales y, una vez en la corteza, continúa en dirección horizontal, desde las áreas primarias hacia las áreas de asociación. Este proceso se manifiesta en cambios progresivos dentro del mismo hemisferio (maduración intrahemisférica) marcando diferencias estructurales y funcionales entre ambos hemisferios (Rosselli et al. , 2010). A medida que avanza la maduración, cada hemisferio se va asociando a funciones cada vez más especializadas. Por ejemplo, el hemisferio izquierdo se asocia al conocimiento de los fonemas, mientras en el derecho se produce la representación emocional de los sonidos (prosodia).
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