Todo esto viene a plantear nuevos desafíos que deben ser atendidos por las distintas instancias de la sociedad. La Pontificia Universidad Católica de Chile, respondiendo a la misión de aportar a la sociedad con una reflexión seria y profunda, se ha propuesto generar conocimiento y diseñar programas académicos innovadores en esta área. Además está en constante búsqueda de nuevas ideas e iniciativas dirigidas tanto a la población envejecida como a los profesionales que trabajan junto a ellos.
Para avanzar en esta materia es fundamental crear alianzas estratégicas entre el gobierno, la sociedad civil y el mundo académico y así abrir espacios de discusión en torno a las temáticas asociadas a la vejez, y, con ello, contribuir tanto al desarrollo de mejores condiciones de vida para los actuales adultos como al desarrollo de políticas que permitan a los futuros mayores vivir en un país pleno y con una buena calidad de vida.
Con este nuevo aporte al tema del envejecimiento, la Universidad Católica permite reinstalar el debate sobre qué es lo queremos como sociedad para los actuales y futuros adultos mayores, y cuáles son las políticas que debemos generar para un país que envejece año a año. Como lo señalan los autores del libro que se presenta, las políticas públicas de un país deben contribuir a una mejor vejez para que los ciudadanos puedan tener una vida más plena en todas las etapas de su existencia.
Este tema siempre ha estado presente en la Iglesia y como Universidad Católica hacemos eco de las palabras de nuestros pastores cuando se refieren a los adultos mayores. En Audiencia General del 4 de marzo de 2015, el papa Francisco nos llamó a reflexionar sobre la problemática condición actual de los ancianos y nos parece muy pertinente recordar su mensaje cuando nos dice: “El número de los ancianos se ha multiplicado, pero nuestras sociedades no se han organizado suficientemente para hacerles lugar a ellos, con justo respeto y concreta consideración por su fragilidad y su dignidad. Mientras somos jóvenes, tenemos la tendencia a ignorar la vejez, como si fuera una enfermedad, una enfermedad que hay que tener lejos; luego cuando nos volvemos ancianos, especialmente si somos pobres, estamos enfermos, estamos solos, experimentamos las lagunas de una sociedad programada sobre la eficacia, que, en consecuencia, ignora a los ancianos. Y los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar… ¡Los ancianos son la reserva sapiencial de nuestro pueblo!”.
Los invito a reflexionar a la luz de este libro para que ayudemos a Vivir bien 100 años en Chile; para que haya una oportuna prevención y difusión de los cuidados a considerar como sociedad para un mejor vivir y mejor envejecimiento de aquellas personas que han sido parte fundamental en la construcción de nuestro país y a quienes debemos tanto.
Ignacio Sánchez Díaz
Rector
de la Pontificia Universidad
Católica de Chile
PREFACIO
Vivir bien hasta edades avanzadas como un adulto mayor se ha convertido en una gran oportunidad y un enorme desafío para nuestros tiempos. Chile, al igual que otras sociedades del primer mundo, está experimentando un profundo cambio demográfico: la expectativa de vida promedio actual alcanza a 79-80 años de edad, lo que significa que se ha prolongado 25 años más allá de lo que se esperaba en 1950. Además, los adultos mayores chilenos se están convirtiendo en una proporción cada vez más alta de la población total, pasando de 8% en 1975 a un 20% previsto para el año 2025. Este cambio –que conlleva una presencia progresiva de personas adultas mayores en la sociedad chilena– es profundo. Su impacto se hará sentir en todos los ámbitos de la vida, incluyendo desde la economía y la atención en salud, pasando por la vivienda y el transporte, y alcanzando hasta las relaciones familiares y los servicios y programas sociales. A la luz de esta realidad demográfica, la publicación de este libro titulado “Cómo vivir bien 100 años” es muy oportuna y muestra una visión hacia el futuro de parte de sus autores. Para maximizar la calidad de vida del número creciente de personas adultas mayores que existirán en Chile, investigadores y profesionales de diversas disciplinas necesitan informarse mutuamente y planificar sabiamente el enfrentamiento requerido para la transformación que significa una sociedad que va envejeciendo.
Lo que se ha aprendido en todo el mundo sobre este cambio demográfico es que este desafío exige un enfoque multidisciplinario integrador, es decir, que incluya la importante contribución de expertos de todos los departamentos académicos que trabajan en las universidades complejas. Por lo tanto, es digno de elogio ver la gran variedad de temas abordados en este volumen, empezando por una destilación de datos demográficos y perspectivas epidemiológicas sobre los retos inminentes derivados de las futuras tasas de enfermedades y discapacidad que presentará Chile. En este contexto, una sociedad tiene, sin embargo, que hacer algo más que meramente prepararse para el manejo de patologías como la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad coronaria y cerebrovascular; sino que también debe considerar la evidencia científica emergente de numerosos factores sociales, psicológicos y conductuales que pueden reducir los potenciales efectos adversos de dichas condiciones patológicas sobre la salud de la población.
Uno de los avances más relevantes de la última década en el campo del envejecimiento ha sido la demostración de una amplia variabilidad evolutiva que expresan diferentes subgrupos de adultos mayores –algunos muestran manifestaciones precoces de enfermedad y discapacidad, mientras que otros permanecen en forma y activos hasta edades muy avanzadas de la vejez–. Cada vez más estas diferencias se encuentran vinculadas a aspectos psicosociales, como la mantención de relaciones interpersonales y redes de apoyo adecuadas, la práctica espiritual y religiosa y el acceso a oportunidades de educación continua. Estos factores, a su vez, muestran relaciones importantes con la salud psicológica y mental, tanto la identificación de las personas en riesgo para el desarrollo de depresión, ansiedad y aislamiento, así como también en la detección de aquellos que evolucionarán con gran vitalidad, manteniendo un compromiso activo y significativo con sus vidas. Esta interacción de factores psicosociales tiene una gran relevancia en aspectos conductuales relacionados con el estilo de vida: las personas mayores que experimentan sus vidas con mayor sentido y plenitud son los que tienen más posibilidades de mantener o adquirir prácticas de alimentación saludable y actividad física regular. Por otro lado, los trastornos del sueño aumentan con la edad, aunque nuevamente manifestándose con una gran variabilidad, existiendo evidencia creciente que sugiere que una vida diaria activa, involucrada y comprometida es un importante factor que predispone a una mejor calidad de sueño en los adultos mayores.
Que este libro incluya todos los dominios anteriores es una característica destacada de las temáticas abordadas en sus diferentes capítulos. La sección sobre los problemas de salud física asociados al envejecimiento constituye un fundamento esencial para comprender mejor una mente y un cuerpo que envejecen. Sin embargo, el riesgo conocido de enfermedad y discapacidad asociado al envejecimiento se puede modificar: no depende solo de la herencia genética y de la exposición acumulativa al entorno que ha experimentado cada individuo a lo largo de su vida, sino que también es afectado –en forma significativa– por la presencia de lazos sociales positivos, compromiso con un aprendizaje continuo, involucramiento con una vida activa y bienestar general. Dicho de otra manera, mentes activas junto con la práctica rutinaria de actividades con sentido y propósito son factores conocidos por su capacidad para prolongar el tiempo y mejorar la calidad de vida de las personas adultas mayores. Esta realidad pone de relieve la importancia de contar con médicos geriatras que interactúen con los científicos e investigadores que están generando nuevos conocimientos sobre los aspectos psicológicos, sociales y de comportamiento asociados al envejecimiento. El progreso necesario para lograr vivir bien hasta los 100 años exige la integración de la investigación con su aplicación práctica, como está valiosamente representado por todos quienes han contribuido en este libro.
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