Fernando Ángel Lara - Temporada con los muertos

Здесь есть возможность читать онлайн «Fernando Ángel Lara - Temporada con los muertos» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Temporada con los muertos: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Temporada con los muertos»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Un escritor bloqueado —y con un extraño magnetismo para los problemas— se lanza en una absurda odisea hacia un pueblo de muertos vivientes en el que espera encontrar la fuente de su inspiración. En este primer volumen de Temporada con los muertos, Fernando Ángel Lara construye un relato frenético salpicado de sexo geriátrico, drogas baratas, rocanrol y zombis a la mexicana.
Se quitó la dentadura para ponerla dentro del vaso con pulque, dejándola nadar en un mar de borrachera.
—Dime, jovenchito —habló con voz tenue y desdentada mientras ponía su mano en mi espalada— ¿Chabes de las ventajas de las chimuelas?

Temporada con los muertos — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Temporada con los muertos», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

—¿Qué te sirvo? —me dijo en cuanto me senté en el banco de la barra.

—A ti, hermosa —respondí.

No, no se crean, no soy tan estúpido, no le dije eso. Lo que en realidad le dije fue:

—¿Tienes cerveza?

—No, pura droga. De toda clase —me contestó acercándose, susurrándome como si fuera un secreto, cubriéndose la boca con la mano—. La publicidad de cerveza que está a tu alrededor es una distracción, una fachada, amigo. No eres policía, ¿verdad?

—Sabes, no hay necesidad del sarcasmo.

—Es difícil de evitarlo cuando se ponen de modo.

En eso me mostró su más letal arma (de nuevo): su sonrisa. Una sonrisa cautivadora que me estremecía en el acto, pero a la vez me sosegaba todo el malestar que cargaba. Encogía los ojos debajo de sus cachetitos elevados. Ese tipo de sonrisa querías, podías y debías de admirar durante toda una vida sin parpadear y te quedarías corto de tiempo. Si vendieran su sonrisa como embriagante, sería un alcohólico sin remedio. El cabrón amor de por sí ya duele cuando sucede. Déjenme decirles que el pinche amor a primera vista es una tortura masoquista, de esas en las que pides a gritos los latigazos en el pecho.

¡Aquí, aquí, pégame, más fuerte! ¡Hazme sangrar el corazón! ¡Que nunca entenderá que no debe de enamorarse tan intensamente en un instante!

A pesar de que yo olía mal, a ella parecía no importarle. Me imaginé a cuánto cabrón apestoso habría atendido a través de los años.

—Dame una cerveza, por favor… clara —al fin pude hablar después de admirarla.

—Te daré una oscura, la clara sólo se vende en el día —replicó sin siquiera molestarme, pues encontré lógica a su aclaración. Resulta que la cerveza clara, con el calor del sol, hace una armoniosa combinación, casi poética, con el alma. Y eso es algo que el buen beber demanda. La oscura, en cambio, es la exacta combinación a la noche, un reflejo del ambiente nocturno, un verso etílico.

***

Destapó la cerveza Chango, atrapó la corcholata en el aire, puso la botella enfrente de mí, y, antes de darle el primer sorbo, la rockola comenzó a sonar una serenata: Manifold de Amour de Latin playboys. Ella me miró de reojo, y al compás de la música se movió de aquí para allá, meneando sus hombros descubiertos. Era como si se dejara atrapar por una marea inexistente, como una sirena que se limita a mostrar el torso, mientras el mar le cubre el resto. Una sirena que guarda un temible misterio mientras danza en el ebrio vaivén de un océano etílico.

¡Era una sirena de quien me había enamorado! ¡Chingado! Si así la veía sin estar alcoholizado, ¡cómo la hubiera visto ahogado de borracho en ese mar en donde danzaba! Definitivamente estaba enganchado, enamorado pendejamente, que es la única manera que hay de enamorarse.

Encantado por su belleza trigueña, me había quedado sin habla. Enmudecido, también, por mi déficit de inteligencia, pues no había palabra que se me ocurriera. Además, nunca fui bueno para charlar con una mujer, y menos con una tan guapa. Ella esperó a que yo dijera algo, pues sólo la miraba como idiota. Fue una tortura lo que duró ese instante. Al ver que yo no despedía palabra alguna, desganada, retomó su libro. Quitó el separador y se dispuso en encontrar la línea en donde había anclado la lectura.

“¡Di algo, infeliz!”

Me suplicaba una voz interna al borde de las lágrimas. Pero no se me ocurría ni madres. Era como volver a la primaria y estar con la niña que te gusta, congelado de miedo. Y luego llega el popular pendejete, le habla y te la baja con tres verbos y cuatro errores ortográficos. Ya en casa te odiarás para la toda la eternidad. Afortunadamente crecerás, aunque por dentro sigas siendo un niño pendejo.

La admiraba al mero estilo del cobarde: viéndola de reojo cada vez que ella no se diera cuenta. Hasta que, de golpe, levantó la mirada, exactamente como cuando yo entré: los mismos ojos, la misma belleza en sus pupilas, la misma seducción y hacia la misma dirección. Su movimiento gatuno hizo que yo girara y mirara al mismo punto. Me desilusionó ver que tenía la misma expresión que me había hecho sentir absurdamente único. Era parte de su trabajo mirar así a todo aquel que ingresara, y yo comprobaba que seguía siendo aquél crío pendejito de la primaria.

***

El hombre que había entrado era también un forastero. A diferencia de mi condición de forastero de planta, él sí iba de paso. Después de ser abordado por la mirada seductora de aquella sirena, él se avecinó a ella. Se despojó de la chamarra descubriendo sus enormes y marcados brazos tatuados, se sentó en un banco, y la miró fijamente.

—¿Qué te sirvo? —ella lo abordó con su bella sonrisa.

—A ti, hermosa —respondió él con seguridad galante.

Ella lo miró sin parpadear. De una manera sutil le respondió:

—No molestes, ¿quieres? Tengo trabajo que hacer. Si vas a beber, pide, si no…

—Ya pedí —el gandul la interrumpió con su mejor sonrisa de un sólo lado, una sonrisa forzada que le hacía inclinar la cabeza. Era una pose forzada, pero la tenía bien ensayadita—. Yo únicamente abrí las puertas para conocer los interiores de este lugar en medio de la nada, pero tú, jovencita, con esa mirada pícara, hiciste que me pasara. Ya veremos qué más se abre en el trascurso de la noche.

Ella se acercó al gandul para recitarle al oído:

—Ésa, es mi mirada de: No me molestes, idiota, tengo novio.

¡En la madre! Quería hacerme pequeñito, pequeñito, y desaparecer sobre el banco.

—¿Tienes novio? No problema, no soy celoso. Además, no he pensado en boda —se carcajeó el haragán—. Dame una cerveza, pues. Veremos qué depara la noche.

—¡Genial! —dijo ella—. Estás de suerte: resulta que soy psíquica y veo tu futuro.

—Ah, ¿sí? ¿Y apareces tú ahí?

—Oh, cielo. No. Pero aparece él —señalo su dedo índice hacia mí. Yo me quedé petrificado, pelando los ojos atemorizado.

—¿Y éste baboso quién es? ¿Tu novio?

Antes de que se me ocurriera una respuesta de macho alfa, ella respondió:

—No él. ¡Él! —y miró por sobre mi hombro a una persona detrás mío. Los tres miramos al mismo sitio, sincronizados.

Aquél a quien se refería estaba sentado en un banco cercano al muro. Tenía a su lado una pequeña mesa redonda. Y sobre ella una bebida y una botana. Era una bestia enorme el tipo; sus antebrazos eran casi mi torso, y eran el triple de los brazos del galante gandul. Su barba, negra y abundante, lo hacía parecer el capitán de un barco. Lo escuchamos gruñir mientras masticaba unos ricos cacahuates enchilados.

—Él —continuó ella— es el saca borrachos, pero en tu caso será el saca pendejos. Hasta ahorita sólo has sido un idiota, ¿quieres ser un pendejo?

El galán fijó la mirada en el barbón. Temeroso tragó saliva y miró de nuevo a la hermosa chica, a quien ya no podía ver como presa, sino como verdugo. Se creó un ríspido silencio.

—Lárgate —la dama rompió la eventual calma. Como el lobo que sopla y derrumba una casita echa de palito.

El hombre, sin pensarlo dos veces tomó su chamarra y emprendió la huida. Ella sonrió con disimulo de gozo al verlo partir.

—¡Odio cuando esto pasa! —me dijo embuchando el mal trago. Luego se sirvió un buen trago para compensar la balanza: llenó un tarro de cerveza oscura y lo bebió de un jalón. Era una hermosa cantinera nata.

—¿Te pago? —dije.

—¿Ya te vas? —Respondió como si mi partida le afectara.

—Estoy exhausto. No fue un buen día, me caí de la moto y me puse un buen putazo, además me duelen las nalgas de estar aquí sentado —idiota por qué dije eso.

—Pues sóbatelas aquí parado.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Temporada con los muertos»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Temporada con los muertos» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Temporada con los muertos»

Обсуждение, отзывы о книге «Temporada con los muertos» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x