Diego Varela - Vivir viajando
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Es muy complicado que alguien entienda o disfrute del relato de otra persona sin conocer previamente su perfil, no es lo mismo viajar a Egipto para un paleontólogo que para un adolescente (una comparación demasiado burda), así que por ese motivo, voy a hablar un poco de mí.
Soy Porteño de muy buena ley aunque muchas veces, me arrepiento de serlo por ver el comportamiento de otros porteños por el cual nos ganamos el mote de chanta, pedante y todo lo que se les ocurra. Igualmente lo supe llevar durante los años. Soy Licenciado en Sistemas recibido en la UBA hace 3 años desde el momento que estoy escribiendo esto. Mi carrera me llevó bastante más esfuerzo del que yo pensé en su momento me llevaría y también más años, cosa que no quería que suceda. Trabaje siempre o casi siempre en la carrera y se lo que es llegar a casa molido después de un día de trabajo más algunas horas tratando de prestar atención en un aula para 200 personas en la ex Fundación Eva Perón, actual Manultad de Ingeniería. Empecé a trabajar en sistemas cuando tenía 20 años, en una consultora que en ese momento era bastante rústica y de poco alcance, pero tenía buenos negociadores, con este trabajo, no me dio nunca el cuero para hacer viajes de la magnitud que en ese momento ya especulaba. Recién llegado a los 24 años, empecé a tener un poco más claro lo que era planear un viaje y el proyecto que eso significaba. Para serles sincero, el primer viaje a Europa, lo planeo quien en su momento era mi novia. Yo simplemente la seguía. Pero esto, sirve como experiencia, como cualquier cosa que uno haga, y a partir de ese momento fue un detonador.
Aparte de estar todo el día delante de una computadora, soy un adicto al fútbol, adicto en todo los aspectos que uno se pueda imaginar, consumista al extremo de merchandising, fanático seguidor de Boca Juniors, el equipo de mi alma.
A modo de corolario, podría decir, que, cuanto más viajo, más quiero viajar, miro el mapa y cada vez está más repleto de lugares al que quiero ir, es como que siempre me falta más, aunque a veces en frió, como en estos momentos que escribo el libro, digo, para, fui a un montón de lugares y la verdad que no me puedo quejar de absolutamente nada.
Capítulo 2 – Primeros Viajes
Tierras del Norte Argentino
Norma es una persona que hoy carga con más de 70 años, que en cierta forma tuvo una relación conmigo, como la que podría haber tenido cualquier abuela con su respectivo nieto. Ella es amiga de mi vieja desde antaño y fueron compañeras de Terciario. Ambas fueron docentes por infinidad de años. Desde ya que la conozco desde que nací, y Norma fue siempre una persona que se desvive por mi bienestar.
Año 1984, yo cargaba con escasos 10 años y se acercaba Julio, época de vacaciones estudiantiles para ese entonces. Entonces Norma, cuyo sobrino Sebastián estaba por cumplir años, en un acto de arrebato, decidió ir a visitarlo a Ledesma para compartir con él ese momento. Tanto mi familia como Norma advirtieron que yo ya tenía edad suficiente como para acompañar a Norma en esa travesía que duraría solamente una semana. Yo pensaba, está bastante bien, una semana en Jujuy, con posibilidades de ir a Salta, ya que íbamos a contar con auto, recorrer un poco, y ver de qué se trata todo eso. Llega el día de la salida, y esa fue la primera vez que me subí a un avión, un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas al cual ni siquiera estaba temeroso cuando me subí, para mi en ese momento era lo mismo un avión, un barco, un trineo, lo que sea, convengamos que a los 10 años uno no tiene tanto criterio ni miedos para esas cosas.
Una alegría inesperada fue que en el vuelo, por los altoparlantes dice, “estamos teniendo un vuelo fantástico, así que quienes quieran conocer la cabina del piloto, se pueden ir acercando y formar una fila para ingresar” literalmente me tiré de cabeza a la cabina, teniendo en cuenta que yo estaba en los primeros asientos, fui literalmente el primero en llegar y disfrutar de esa cabina. Me abrumó, había relojes por todos lados, montones de monitoreos y Dios sabrá qué más había ahí. Fue buenísimo, cuando al piloto le pregunto. “¿Y a qué altura estamos?” como si fuera, a ver, te pongo a prueba de cuanto sabes de aviones, gilún, cuando el altímetro es básico en cualquier avión.
Finalmente, el avión llegó a Jujuy luego de una escala pequeña en Tucumán, en donde paramos casi una hora, y bueno, nos fue a buscar Horacio - hermano de Norma, recuerdo que era un Peugeot 404 blanco, que para ese momento no era un Lamborghini, pero estaba muy bien. Cuando llegamos a la casa, me dijeron, bueno, acá vas a dormir, me asomo por la ventana y bajo mi asombro, ¡la vista tenía montañas! Primera vez en mi vida que veía montañas y no era que estaban nevadas como podrían estarlo en Las Leñas o en Aspen, eran montañas del montón, eran marrones, pero ya las simple elevaciones hacían que me estremeciera. Durante esa semana hice varias excursiones que estuvieron limitadas por el miedo de Norma de manejar en cornisa. Horacio había prometido en su momento, que nos iba a llevar a la Puna, ya que para llegar ahí, había que atravesar caminos de cornisa que él ya estaba bastante ducho con andarlos, sin embargo, eso quedó en una falsa promesa, y creo ser la única persona que fue de vacaciones a Jujuy y no conoce la puna.
Hicimos una excursión a Salta, a Salta la Linda, la capital, y cuando llegue, realmente entendí porque le decían Salta la Linda, es una ciudad preciosa, que tiene muchísima vegetación y aparte que tiene de fondo increíbles montañas, creo que a partir de ese viaje, me hecho fanático de todo lo que es montañoso. Esta excursión y las demás que he hecho con Norma al volante, fueron siempre sobre el Peugeot 404 de Horacio quien afortunadamente lo cedía por una causa que en ese momento era más que noble.
Recuerdo, que, como les mencione anteriormente, era Julio, Norma y yo, acostumbrados al clima de Julio de Capital Federal, pensábamos que iba a estar fresquito o algo así, nos asamos literalmente, hacían 30 grados durante el día, y veíamos a los lugareños, que andaban todos con pulóver! Y les preguntamos, pero es normal que ustedes se pongan pulóver cuando hace este calor que nos estamos muriendo? Y ellos, con pocos movimientos de cara, con una mirada más que contemplativa, nos sonreían, y nos decían, lo que pasa, m’ijito, no sabes el calor que hace acá en verano, para nosotros, hoy está fresco. Entonces, a partir de ese momento, nota mental, no ir en Enero a Jujuy.
El cumpleaños de Sebastián era el 19 de Julio, un gran evento, venían personas de otros lados, venían familiares y amigos de pueblos aledaños y se hacía en un amplio garaje que ellos tenían. Yo convengamos no había armado mi valija de viaje sino mi vieja en ese momento, recuerden que yo cargaba con 10 años, y encontré algo parecido a un Jogging, los cuales estaban extremadamente de moda en esos momentos, todos los chicos de esa edad, si no tenían un jogging eran unos perdedores natos. Para los que no saben que es un jogging, les describo, era un pantalón de gimnasia con un buzo, haciendo juego y tenían diferentes motivos, colores texturas y sabores, yo en esa ocasión, me había vestido un bello jogging blanco, y en el momento de vestirlo le pregunto a Norma, Norma, ¿estas segura que esto es un jogging y no un pijama? Si, claro Dieguito, es un jogging esto, ¡que lindo que estas! Confiado, use el jogging todo el cumpleaños de Sebastián, pero quizás algún resquemor de resentimiento o que, lo primero que le pregunte a mi vieja cuando llegue a Capital, que era eso blanco, me confirmó, sin titubear un segundo, que era un pijama. Obviamente, esta pregunta se la hice delante de Norma y no perdí oportunidad de dejarla haciendo el ridículo delante de todos. Luego, pasaba el tiempo, y la gente, clamaba por las fotos de Jujuy, y yo les decía... bueno, acá estoy yo, en el cumple de Sebastián, “luciendo un precioso pijama” con un tono más que irónico. Derrochando sarcasmo, diría.
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