Wilfred Bion - Bion en Buenos Aires

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Bion en Buenos Aires: краткое содержание, описание и аннотация

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Así como Freud introdujo la dimensión inconsciente y la relación consciente-inconsciente, Bion desarrolló ideas sobre la relación finito-infinito, la tolerancia a la duda, a la incertidumbre y al misterio. Propuso nuevas ideas acerca de lo que llamó la relación entre la parte psicótica y no psicótica de la personalidad y en la última parte de su obra postuló como objetivo del psicoanálisis, además del conocerse a sí mismo, el devenirse auténtico, el devenirse sí mismo. La riqueza de sus hipótesis, la amplitud de sus teorías y la flexibilidad de sus modelos, agregadas al consejo de instalarse «sin memoria, sin deseo y sin entendimiento» en la tarea de observación e investigación clínica, apuntan a estimular la capacidad creativa de los analistas, como si les dijera «atrévanse a pensar por sí mismos». Bion habla de las dificultades para expresar ideas nuevas con palabras conocidas y explica que esto lo lleva a veces a introducir términos desprovistos intencionalmente de significado, como alpha y beta, o a utilizar palabras conocidas con significados estipulados por él. Para él la comunicación lateral es muy mala; si el objeto –es decir el paciente– está allí, uno puede señalar esa realidad compartida con el paciente, que está presente en la sesión. En cambio es muy difícil, si no imposible, cuando se trata de transmitir lo que ocurrió en la sesión a los colegas analistas, que no están presentes en ese análisis, en esa sesión, puesto que la experiencia del analista con su paciente es una experiencia emocional única e irrepetible.

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Le dije que yo me preguntaba por qué pensaba que su madre podría decirme más que él acerca de lo que yo quería saber, que probablemente debía haber alguna razón por la cual, en esta etapa del análisis, él consideraba que su información era incompleta y que su madre podía proporcionarme datos más exactos acerca de lo que pasaba en su mente. El paciente estuvo por completo de acuerdo conmigo; y aceptó que estaba en un error y dijo que sería mejor que él mismo me proporcionara esa información, cosa que hizo. Manifestó que esos objetos habían sido descriptos por su novia como nubes de formas muy definidas, casi demasiado definidas como para que fueran nubes; en síntesis, que se trataba más bien de objetos con forma de platos voladores. Le dije que esos objetos debían ser muy significativos para él y que le resultaba necesario tener una hermana que apareciera, por lo menos en un sueño, para mencionar esos hechos. Con todo, era bastante significativo que él hubiera tenido el sueño y lo recordara y, puesto que el sueño le pertenecía, la joven debía ser necesariamente un aspecto de su propia personalidad. Por supuesto, también aquí estuvo de acuerdo conmigo. Manifestó luego que era extraordinaria la frecuencia con que en medio de un día claro, aparecían nubes, comenzaba llover y todo se arruinaba.

El paciente siguió hablando sobre el asunto, pero no daré mayores detalles al respecto. Solo diré que sentí que él deseaba que le hiciera una interpretación sobre los dos objetos que lo atacaban durante ese paseo y que atacaban también su relación con su novia, y que la destruirían si él tuviera una novia en la realidad, quienquiera que fuese, incluyéndome a mí mismo en el tratamiento analítico. Una vez más, el paciente aceptó mi interpretación.

Ahora bien, este tipo de sesión, como ya dije, venía repitiéndose desde hacía un año y parecía que yo le daba excelentes interpretaciones que contaban con la entusiasta aceptación del paciente. Con todo, por esa época yo ya había empezado a sentirme algo cansado de estas maravillosas sesiones que, al mismo tiempo, no parecían ejercer el menor efecto. Las cosas siguieron así durante un tiempo, aunque yo realmente estaba convencido ya de que era necesario hacer algo al respecto. Asimismo comenzaba a sentirme algo irritado.

Ahora bien, estoy acostumbrado a que me digan que esto es una contratransferencia, con la que estoy de acuerdo, pero la experiencia me ha llevado a pensar que es muy improbable que alguna vez tengamos un análisis en que nos veamos libres de contratransferencia. Lo importante es esto: se dice que uno puede hacer uso de la contratransferencia, pero creo que, desde el punto de vista técnico, se trata de una idea errónea, pues pienso que el término contratransferencia debería reservarse para la respuesta inconsciente. Por tales razones, creo que la supuesta conciencia que el analista tiene de que se trata de una contratransferencia carece en realidad de toda importancia, dado que nada puede hacerse al respecto en el curso de la sesión. Quizá se podría hacer algo en tal sentido en nuestro propio análisis; de no ser así, solo queda lamentarlo. Debemos seguir trabajando como analistas y tratar de lograr las curaciones que podamos, a pesar de tales conflictos. Uno confía en estar razonablemente libre de ellos, cualquiera sea el significado de este término. No tiene sentido preocuparse por la contratransferencia pues si se trata de un motivo inconsciente es una pena, ya que no hay nada que podamos hacer al respecto: uno no puede recurrir al propio analista en medio de una sesión con su propio paciente.

Por lo tanto, parto de la base de que no se trata tanto de una contratransferencia como de una transferencia, en el sentido de que mi irritación está justificada por motivos que calificaría de conscientes o que por lo menos deberían ser conscientes. De cualquier manera, los inconscientes carecen de importancia aquí. Esto no significa que no necesitemos más análisis; sería muy difícil hacer tal afirmación en ningún momento, pero lo cierto es que llega un momento en que uno debe dejar de analizarse, le guste o no. Y uno confía en haber llevado a cabo un tratamiento que será suficiente. Se debe adoptar el criterio de que, en psicoanálisis, hay una participación consciente, de que el análisis es una labor que se realiza conscientemente, como cualquier otro trabajo, y que como psicoanalistas tendemos inevitablemente a desarrollar prejuicios, como resultado de nuestra tarea. Existen todos los motivos para creer en la importancia del inconsciente, y por eso tendemos a olvidar que lo consciente es aún más importante, y lo es para el psicoanalista cuando está psicoanalizando.

Ahora quisiera retroceder un poco y examinar el problema de la libre asociación. Creo que, en términos generales, y en relación con el caso que describo aquí, ocurre que el paciente habla, asocia, uno espera que lo haga mediante oraciones bien construidas del lenguaje corriente, y por lo general eso es lo que sucede. Al mismo tiempo, uno recibe o confía en poder recibir toda una serie de impresiones. Creo que lo fundamental es la interpretación. En el momento en que se hace una interpretación, ésta tiene importancia porque es fundamental que el paciente sepa cuál es la interpretación. Pero en lo que se refiere al analista, la labor que le hace posible dar esa interpretación ha sido llevada a cabo en las semanas, los meses o los años precedentes.

Ahora bien, cuando le doy a este paciente una interpretación del tipo descripto, confío en que, además del aspecto de su comunicación que le he interpretado, he recogido también una serie de impresiones que no le he interpretado y que no podría interpretarle porque no sé qué significan. Pero sí espero que algún día evolucionarán, como suelo decir, esto es, espero que lleguen a una situación en que se vuelvan preconscientes, conscientes y que luego se las pueda formular. De modo que, en el momento a que me refiero, digo que es el futuro del pasado y es el presente de una interpretación futura.

En mi opinión, esto es solo un ejemplo típico de muchas experiencias que me llevaron a reflexionar cuidadosamente sobre qué es lo que uno interpreta. Existe el peligro de interpretar lo que el paciente dice, cosa que el paciente no tarda en percibir y entonces se dedica a decir cosas que son adecuadas para una interpretación.

Consideremos, por ejemplo, la ansiedad. Nadie, absolutamente nadie, abriga la menor duda acerca de su realidad. Como analista, tampoco tenemos duda alguna con respecto a qué significa la ansiedad, hay todo un vocabulario correspondiente a ella. Sin embargo, este conocimiento basado en el sentido común no tarda en perder todo vestigio de sentido común, aunque sigue teniendo sentido. No se trata de sentido común, pues la gente no ha pasado por la experiencia que sí tiene una persona con formación analítica. Quiero decir que frente a un auditorio analítico no hay dificultad alguna en hablar sobre la ansiedad, pues todos saben muy bien qué significa. Esto se extiende incluso más allá de los límites del análisis, aunque no tanto como quisiéramos creer. Lo que estamos aplicando es sentido común, y éste puede ser utilizado por otras personas que también tienen intuición, aun cuando ésta no se haya visto ampliada por un tratamiento psicoanalítico. Tanto es así, que un analista no tiene mayores dificultades para reconocer que un paciente aparentemente hostil o furioso en realidad experimenta ansiedad.

Pero no muchas personas legas, dotadas de escasa intuición, aceptarían esa afirmación, de modo que uno sobrepasa muy rápidamente los límites del sentido común psicoanalítico. Lo que quisiera destacar aquí, es con cuánta rapidez olvidamos que, de hecho, tenemos mucha más experiencia que los legos porque toda nuestra formación, y creo que toda nuestra práctica después de haber completado aquella, nos enseña cuán poco sabemos y eso tiende a interferir en forma negativa en nuestra labor analítica. De modo que conviene tener en cuenta que, a pesar de ello, algo sabemos, quizás no mucho pero sí algo.

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