Andrés Dávila Ladrón de Guevara - Ganar sin ganar

Здесь есть возможность читать онлайн «Andrés Dávila Ladrón de Guevara - Ganar sin ganar» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Ganar sin ganar: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Ganar sin ganar»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Este libro recoge artículos publicados desde los años noventa que dan cuenta de dos de las grandes pasiones de su autor: el fútbol y la ciencia política, en un ejercicio desafiante para indagar en la realidad política y futbolera de Colombia, de la selección de fútbol de Colombia y aquellos factores que forjan de diversas maneras la identidad nacional. Este libro se suma así a varias publicaciones sobre el tema que han llevado al autor a una profunda convicción: no hay fenómeno más político que el fútbol y no hay, hoy, mayor sello de identidad de lo que somos que aquello que convoca la Selección.La hipótesis del autor señala que, de manera simbólica y significativa, los colombianos nos identificamos como tal gracias a la selección Colombia, pues lo único que hoy —simbólica, comunicacional y empíricamente— nos une es la selección Colombia. La identidad otorgada a través del fútbol resulta fundamental para generar un tipo de sentimiento, muy específico, que nos lleva a reconocernos como parte de un algo común: Colombia. La selección Colombia, entonces, nos brinda un sentido de nación, un referente identitario. Pero lo hace de maneras paradójicas: del perder es ganar un poco, al ganar sin ganar. Y lo hace cuando nos reconocemos orgullosos en el triunfo o nos avergonzamos despiadadamente en la derrota.

Ganar sin ganar — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Ganar sin ganar», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Para mantener la fidelidad del estilo, Colombia impuso un ritmo pausado y de andar cansino. El primer tiempo transcurrió en esa tónica. Al combinado nacional le costaba demasiado llegar. Trataba de controlar el partido, pero no había cambios de ritmo acertados ni explosión ofensiva. Aunque era claro que técnica y tácticamente los colombianos eran mucho más, la superioridad se diluyó paulatinamente. El pressing se hacía desde la cancha de ellos y Colombia, además de tener sus líneas adelantadas, ganaba buena parte de los rebotes. Sin embargo, cuando atacaban, perdían el balón a los dos o tres pases, debido a la insistencia en llegar por el centro. Hubo dos llegadas de peligro en los pies de Rincón. En la primera, le negó el pase a Redín y culminó con un disparo desviado a la entrada del área. En la otra, luego de un excelente pase al vacío de Valderrama, se engolosinó con el balón y no supo definir. Lo demás fueron tres tiros libres desviadísimos y aproximaciones al área, con algún peligro, que morían en la imprecisión de los volantes. No funcionaron los cambios de frente, los marcadores no ayudaron a abrir la cancha y la intrascendencia se apoderó de todo el equipo, aunque sin llevarlo a perder los papeles ni la brújula. Valderrama fue el organizador del equipo hasta tres cuartos de cancha, pero, cada vez que intentó pases al vacío o acelerar el ritmo, se equivocó. Como producto del querer, buscar y no poder, fue más punzante el único contragolpe de los Emiratos. En los últimos cinco minutos, Colombia se desconcentró, especialmente, en la línea defensiva y estuvo a punto de irse al descanso con un gol en contra. Un cobro de costado desde unos 35 metros fue cabeceado libremente por el delantero rival e Higuita tuvo que rechazar. Inmediatamente después, Andrés Escobar equivocó una devolución y lo salvó la salida rápida de Higuita y la falta de definición del delantero contrario. Para la perspectiva de Emiratos, el partido salía a pedir de boca.

Para el segundo tiempo Colombia tenía la obligación de liquidar el partido jugando bien o mal, bonito o feo. Esa disposición se vio cuando los marcadores se fueron al ataque y Leonel se la pasa a Barrabás, quien la devuelve de primera al vacío y evita el fuera de lugar. Leonel entra al área, va al fondo, levanta la cabeza y mide el centro atrás. Redín entra y cabecea al primer palo, midiendo al ángulo más difícil para la reacción del arquero. Gol: 1 a 0.

Por primera, y única vez durante el Mundial, Colombia estuvo arriba en el marcador. En esos momentos mostró algo más de su estilo y de su fútbol. Los volantes se juntaron, la salida se hizo más clara y se lograron combinaciones de más de quince pases seguidos. Cuando atacó, adquirió mayor peligrosidad porque las combinaciones fueron hacia adelante y de primera intención. Higuita sacaba largo para aprovechar que Emiratos ya había adelantado sus líneas. Los rebotes se ganaban en cualquier lugar de la cancha. Las pocas veces que resultaron los pases al vacío, los atacantes colombianos fueron ‘fauleados’ cerca del área. Sin embargo, los cobros resultaron improductivos. No obstante, se perdieron muchos balones. Redín y Rincón se equivocaron seguido en tres cuartos de cancha. Colombia fue un equipo intermitente e incapaz de demoler definitivamente a un rival débil. Hubo desconcentraciones y baches que armaron a Emiratos y que, a pesar de sus limitaciones, le permitieron arrimarse con peligro, con balones ‘globeados’ al centro de la defensa. En una de esas salvó René, en otras tuvo que salir del área a rechazar o a jugar casi hasta la mitad del campo.

Sobre los 30 minutos del complemento, entró Estrada, y en los últimos quince Colombia empezó a sostener el resultado. Sin retrasar las líneas, lateralizó el balón y usó el achique para dejar a los delanteros de Emiratos en fuera de lugar. La tensión se apoderó de los jugadores criollos. No arriesgaban mucho y cuidaban el balón. El partido no era complicado, pero del enredo y la intermitencia cualquier cosa se podía esperar. Colombia no había matado a su rival y desperdiciaba balones arriba, especialmente en los pies de Estrada, Redín y Rincón. Por momentos se rifó el balón.

Sobre el minuto 41, hubo un tiro de esquina en contra, el rechazo defensivo lo recibió Estrada, quien antes había perdido tontamente dos o tres balones. Hizo un pase magistral al vacío para el contragolpe mortífero. Picó Valderrama, encaró cuando llegaba Estrada por derecha, sacó a un defensor y disparó colocado con alguna fuerza al ángulo izquierdo del arquero. Gol. Colombia manejaba el partido e intentaba de nuevo. Emiratos también buscó el descuento, pero ya no había argumentos ni tiempo.

Fue un juego irregular. Colombia no tuvo continuidad en su labor ni alcanzó gran dimensión individual o colectiva. No tuvo la contundencia necesaria para comprobar su superioridad. Sin embargo, consiguió un triunfo que, para arrancar en el Mundial, era indispensable. Hizo cerca de 550 pases acertados y, tal vez en ese regular 2 a 0, quedó demostrada su jerarquía, su nueva mentalidad y su competitividad. Una reflexión a posteriori deja la inquietud por la no utilización de dos delanteros. Poner desde un comienzo los cinco volantes era entendible por la intención de manejar el balón antes que nada y darle ritmo al equipo que enfrentaría los duros compromisos contra los europeos. No obstante, al menos en ese primer tiempo de 0 a 0 y escasas llegadas, hizo falta alguien que abriera la cancha y llegara hasta el fondo con mayor disposición. La no inclusión de un jugador de tales características permitió imponer el estilo y pasar el susto del debut, pero faltó poco para que ese empate se convirtiera en un problema insoluble con las desconcentraciones del final del primer tiempo. Se ganó, por 2 a 0, y eso bastaba. Pero ni los jugadores ni el técnico ni la prensa ni los hinchas estaban satisfechos. Colombia era mucho más y tenía que demostrarlo.

“La primera victoria en un Mundial” tituló la prensa al día siguiente y se nos hinchó el pecho de emoción como si fuera lo más importante de nuestras vidas. Colombia en el Mundial podía volver romántica hasta una piedra pómez. Habían vuelto a resonar los himnos populares, los verdaderos: temas rumberos, las cumbias, los porros y la salsa. Joe Arroyo cantaba, Zumaqué cantaba, Raíces tocaba. Fiesta, pura fiesta. “Ese Pibe, ese Pibe, ¿lo viste?”. “Un crack”. “Higuita no se ha mostrado”. “¿Sí viste lo que decía esa güeva de Ramiro? Que dizque este es el único partido que vamos a ganar en el Mundial”. “Si supiera que prácticamente estamos en la final”. “¿Contra quién nos tocará, ah?”. “De pronto contra el mejor equipo que se ha visto hasta ahora”. “¿Contra esas bestias alemanas?”. “Sí, a la fija”. “¿O sea que jugaremos dos veces contra ellos?”. “A lo mejor”.

Alemania había asustado desde el comienzo, cuando goleó sin misericordia a los yugoslavos, pero no les teníamos miedo. Solo una cadena radial trataba de hacernos ver débiles y menores a nuestra condición. De todas formas, el siguiente partido era frente a los derrotados del domingo por 4 a 1. Confiábamos en ganarles también, si “El Guajiro” estaba en su día.

Ahora la ciudad estaba más tranquila, pero el gusanito del Mundial hacía estragos por todas partes. Valderrama, Mathaeus, Makanaki, la mascota número 7 y el escudo de Irlanda se habían vuelto dificilísimos para los cambiadores. Sin embargo, ciertos papás obligados desembolsaban verdaderas fortunas por cada lámina. Incluso, algunos vendedores descarados les mostraban a los niños el álbum lleno hasta la última página. A estos se les iban las babas de la envidia y el deseo.

El 14 volvió a jugar Colombia, a las diez de la mañana, en Bolonia. Un rival que nos conocía de memoria era la pesadilla del momento. Otra vez a comernos las uñas, a agotar la botella de aguardiente y a frotarnos las manos para quitar el sudor. Uno o dos gritos obscenos al árbitro y el corazón que latía a mil por minuto…

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Ganar sin ganar»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Ganar sin ganar» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Ganar sin ganar»

Обсуждение, отзывы о книге «Ganar sin ganar» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x