Muchas veces olvidamos que Jesús quiere entablar esta misma conversación con nosotros. Hoy podríamos practicar dos diálogos internos basados en los dos grandes mandamientos:
1. Si Dios me preguntara si lo amo, ¿qué le respondería? ¿Me animaría a que otros me escucharan decirlo también? ¿Me creerían?
2. ¿Amo tanto a las personas con las que me junto como para cuidar lo que digo y hago, a fin de no perjudicarlos? Y si no es así, ¿por qué no le pido a Dios que me dé ese tipo de amor, paciencia y entrega?
Es cierto que del dicho al hecho hay mucho trecho y es posible que a veces digamos cosas y después hagamos otras. Pedro dijo que amaba a Jesús y tiempo después igualmente tuvo que ser reprendido por otras actitudes. Pero su dicho mostró su actitud y decisión, y hoy lo conocemos por muchos de sus grandes hechos. Dios puede hacer lo mismo en nuestra vida.
Ojalá hoy nos acerquemos a Dios y acortemos la distancia que hay entre los dichos y los hechos.
Ojalá le respondamos que lo amamos, y él pueda asignarnos una misión llena de menos palabras y más acciones.
Valores - 25 de febrero
La multiforme gracia de Dios
“Dichosos los que lloran, porque serán consolados” (Mat. 5:4, NVI).
Una noche abracé mi almohada y lloré. Lo hice por muchas razones y una de esas era justamente la patética imagen de estar abrazando una almohada. Sin embargo, lo necesitaba. Comencé a orar porque estaba agotada por las actividades del día, la carga emocional y el esfuerzo al llorar.
En silencio le pedí a Dios: “Señor, abrázame con tu paz para poder dormir, por favor”. Y en ese momento, recordé un versículo que una amiga me había escrito en una tarjetita. Era un versículo que sabía de memoria, pero que cobró otro significado: “Dichosos los que lloran, porque serán consolados” (Mat. 5:4, NVI). Ahí, a pesar de mi debilidad y confusión, sentí la fuerte y clara impresión de una idea que me ayudó a ver las pruebas de una manera totalmente diferente. Esa bienaventuranza no solamente nos muestra una promesa venidera, sino que nos muestra una faceta del amor de Dios que solo puede ser experimentada cuando lloramos. ¿Cómo podremos sentir consuelo si estamos en nuestro mejor momento, rodeados de alegría y buenas noticias?
Otra de las bienaventuranzas dice que seremos saciados, pero eso solamente se entiende realmente cuando pasamos hambre y sed.
Dios tiene muchas formas de demostrarnos su amor. Solo que a veces pareciera que no entendemos tan fácilmente las cosas y no llegamos a disfrutar todas sus facetas hasta que no pasamos por ciertas cosas que nos las recuerdan más marcadamente.
Pedro, en su primera carta, en el versículo 4, dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.
Te invito a que, cuando estés pasando por alguna situación difícil hoy, te preguntes qué faceta de su multiforme gracia puedes experimentar de forma especial y le agradezcas puntualmente por eso.
“Cristo levanta el corazón contrito y refina el alma que llora hasta hacer de ellos su morada” ( El discurso maestro de Jesucristo , p. 17).
“Mientras compartan el amor de Jesús, tendrán parte en su doloroso trabajo para salvar a los perdidos. Compartirán los sufrimientos de Cristo, y también compartirán la gloria que será revelada. Fueron unos con él en su obra [...] por tanto, también son participantes de su gozo ( ibíd ., p. 18).
¡Hermosas promesas que puedes hacer tuyas hoy!
Encuentros con Jesús - 26 de febrero
“–¿Dé dónde me conoces? –le preguntó Natanael.
–Antes de que Felipe te llamara, cuando aún estabas bajo la higuera, ya te había visto” (Juan 1:48, NVI).
No sé si alguna vez te sentaste debajo de una higuera. Unas tías bisabuelas tenían una muy frondosa en su patio y recuerdo que algunas tardes de verano me sentaba en sus largas ramas que casi tocaban el suelo. Era el lugar perfecto para esconderse del sol.
Aparentemente, a Natanael también le gustaban, porque eligió una higuera para sentarse a orar y evaluar si el Jesús que había conocido era realmente el Mesías. Ese era su lugar habitual de oración con Felipe. (¡Qué hermoso que dos amigos compartieran algo así!)
Te recomiendo que leas el capítulo 14 de El Deseado de todas las gentes , titulado “Hemos hallado al Mesías”, para conocer más detalles de esta historia que aparece solo en este evangelio.
Natanael no había quedado muy convencido con Jesús. Había quedado un poco desilusionado por su apariencia, aunque el mensaje había tenido tanto poder, que no podía rechazarlo por completo. Así que había optado por orar y meditar sobre las profecías.
Cuando Felipe lo invitó, quiso creer y lo vio como una señal, pero cuando se enteró de que Jesús venía de Nazaret, nuevamente sus prejuicios lo hicieron dudar. Sin embargo, Felipe lo hizo ir con él para ver a Jesús. Sabía que este encuentro terminaría de convencer a su amigo. Y, efectivamente, así sucedió.
Podemos extraer varias lecciones de esta historia, y es porque muchas veces pasamos por situaciones parecidas a las de Natanael.
A veces dudamos de la existencia o la naturaleza de Jesús. A veces vemos que las multitudes siguen algunas cosas que a nosotros no terminan de convencernos. A veces necesitamos que alguien nos incentive a tener un encuentro con él.
Es importante que, así como lo hizo Natanael, busquemos a Jesús personalmente. Pero también es importante dejar de lado nuestros prejuicios y conocer a Jesús como realmente es.
Quizá sabemos cosas acerca de él, pero es importante conocerlo a él.
Intenta buscar un lugar tranquilo para orar y meditar. Y ojalá, al encontrarte con él, también pueda decir que ya te conoce.
Aroma a sábado - 27 de febrero
“Ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Rom. 8:39, NVI).
Me encantan los mapas. El que tengo al lado de mi cama tiene bien marcados los relieves con diferentes colores. En su caso, el celeste oscuro marca las zonas más profundas. Y el celeste más oscuro de todos se posa sobre las Islas Marianas, más específicamente en su extremo sur. El abismo de Challenger es el punto más profundo que se ha medido en los océanos.
James Cameron, el renombrado director de cine, descendió en el Deepsea Challenger hasta los 10.898 metros de profundidad. Y así se convirtió en la primera persona que bajó sola al punto más profundo de la tierra.
Pero en realidad, hace más de dos mil años, mi “director de cine” favorito bajó mucho más que eso, también solo y con un desafío. Pero no para batir récords, sino para cambiar todas nuestras historias; las personales, esas que a veces no se escriben en los libros de historia o no aparecen en las noticias. Sin embargo, gracias a él, pueden quedar registradas en el libro más importante: el de la vida.
El hombre ha llegado a la cima del Everest y también a la sima Challenger. Pero Jesús se humilló hasta el polvo y ascendió a los cielos. No hay límites mayores que los que él traspasó por nosotros.
Quizá ves que la gente alrededor festeja los logros humanos y olvida a quien nos dio libertad y volverá a buscarnos. Quizá ves que tus esfuerzos por hacer el bien a veces pasan desapercibidos. Quizá parece que Dios está demasiado lejos como para acercarte a él. Pero no olvides que las profundidades para él son algo relativo.
Ojalá no te concentres tanto en la profundidad del pecado en que estamos inmersos, sino que captes la profundidad de su amor.
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