Ojalá hoy pases de la sima a la cima. Que esa única letra de diferencia la pueda hacer él. Que lo dejes mostrarte cuán cerca está.
Y es que “ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Rom. 8:39).
Objetos cotidianos - 28 de febrero
“Jabes le rogó al Dios de Israel: ‘Bendíceme y ensancha mi territorio; ayúdame y líbrame del mal, para que no padezca aflicción’. Y Dios le concedió su petición” (1 Crón. 4:10, NVI).
En la Biblia, hay libros que cuentan de forma detallada las historias de algunos personajes, pero hay algunos que apenas reciben mención. Jabes es uno de ellos. Solo hay dos versículos acerca de él.
Jabes recibió un nombre que recordaba continuamente el parto doloroso de su madre. Imaginemos que cada vez que lo llamaban, sonaba algo así: “Dolor, ven aquí”, o “Tú que naciste en dolor, haz esto”. El panorama no parece muy agradable para el personaje de nuestra minihistoria. Pero lo que se nos dice de él es alentador.
La Biblia menciona que Jabes fue más ilustre que sus hermanos y que invocó al Dios de Israel. Su oración fue más bien un anhelo o suspiro expresado en voz alta. Dijo: “¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe!”
Jabes pide exactamente por eso mismo que lo acompañó toda su vida: el dolor. Le pide a la persona correcta. Pide que su mal no sea impedimento para lo que Dios puede hacer con él.
No sabemos más de él, pero con lo que sabemos es suficiente.
Y de Jabes podemos aprender una lección de actitud.
Imaginemos, como dice una ilustración popular, que hay una gran olla con agua hirviendo que representa un mar embravecido con tormentas de la vida. Imaginemos que hay una zanahoria, un huevo y unos granos de café. Los colocamos en el agua hirviendo y, después de un rato, los resultados serán muy diferentes. Ante esa misma “tormenta”, cada uno de ellos habrá reaccionado de forma distinta. La zanahoria se habrá debilitado. El huevo se habrá vuelto más duro. Pero los granos de café… los granos de café se habrán mezclado con el agua y le habrán dado un delicioso sabor. Se habrán adaptado sin por eso perder su identidad, y habrán transformado su entorno.
Jabes, en medio de su tormenta, clamó a Dios. Lee el versículo nuevamente y fíjate cómo termina su historia.
¡Animémonos a orar como él!
Dios pregunta - 1º de marzo
“Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara” (Éxo. 4:2).
Imagino a Jocabed preparando con sumo cuidado la cestita donde colocaría a su hijo. Debió de haber sido muy habilidosa y detallista, porque depositó en el río Nilo su mayor tesoro y tuvo que asegurarse de que estuviese bien protegido. Quizás ese día, al verla pasar caminando presurosamente, la gente haya pensado que en sus manos llevaba una simple cesta, sin saber que adentro se encontraba la liberación de la esclavitud.
Años más tarde, Dios tuvo que enfrentarse a un Moisés que había perdido toda confianza en sí mismo, que temía la reacción del Faraón y que dudaba del éxito de la empresa de liberación divinamente encomendada. En su soberana paciencia, Dios le presentó un par de demostraciones de su vigente poder y lo invitó a experimentar con sus manos lo que lograría por medio de él.
“¿Qué tienes en tu mano?”, le preguntó. Era necesario que tomara conciencia de su posesión más rudimentaria. Quizás antes haya llevado en sus manos las riendas de los caballos más briosos del mayor imperio; y se le haya prometido llevar en ellas el cetro del Imperio Egipcio también. Ahora, en sus manos había alguna oveja desobediente y una humilde vara de pastor, que más tarde usaría en la realización de memorables portentos.
El objeto en sí puede carecer de valor, pero si está dirigido por Dios puede abrir aquel mar Rojo que tan difícil te parece de cruzar (Éxo. 14:16), puede ayudarte a saciar la sed de los que están a tu alrededor (17:5), o acompañarte al interceder por tus seres queridos (17:9).
Elena de White dice: “El hombre obtiene poder y eficiencia cuando acepta las responsabilidades que Dios deposita en él, y cuando con toda su alma busca la manera de capacitarse para cumplirlas bien” ( Patriarcas y profetas , p. 260).
¿Qué tienes en tu mano? Recuerda que Dios lo puede usar o transformar para bendición. Así como usó la vara para infundirle confianza a Moisés y luego despertar admiración y asombro en un pueblo pagano, puede usar lo que sea para recordarte su presencia, su poder y su propósito en tu vida.
Usó las manos de Moisés para escribir los primeros capítulos de la historia de este mundo y puede usar tu vida para escribir los últimos.
El poder de la música - 2 de marzo
“Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes” (1 Ped. 5:7, NVI).
Había perdido a una de mis mejores amigas hacía poco. Me encontraba desconsolada y decidí ir a mi lugar preferido de oración. Detrás de la iglesia a la que asisto hay una cancha de fútbol que suele estar llena durante el día, pero que queda vacía al ponerse el sol.
El pasto se extiende por varios metros, sin detenerse, sin importarle el límite que ponga el alambrado. A lo lejos se ve una tupida arboleda. Solo el arco queda en pie como señal de la presencia humana. El resto presenta toques del Creador por todos lados.
He ido incontables veces a orar allí y la música ha sido mi compañera en más de una ocasión.
Me senté sobre un tronco, miré al cielo, oré con este versículo en mente y, casi sin quererlo, comencé a tararear la melodía del himno “¿Le importará a Jesús?” ( Himnario adventista , Nº 391).
Aparentemente, Frank E. Graeff tuvo en cuenta este mismo texto al componer el himno que tantas veces hemos cantado para recordar la compañía divina en los momentos de mayor aflicción.
Así como él encontró consuelo y alivio en esta promesa, y así como los encontré también en mi momento de pesar, puedes tener la certeza de que, si depositas tus preocupaciones sobre él, cuidará de ti de forma especial.
Cuando nuestro corazón está doliente, a él le importa.
Cuando nuestros días son tristes y nuestras noches son negras, a él le importa.
Cuando le decimos “adiós” a nuestros seres más queridos, a él le importa.
Puede ser que hoy estés presa de la ansiedad por algún motivo que te agobia. Puede ser por algo pequeño o algo grande, por algo nuevo o algo que vienes arrastrando desde hace tiempo.
Jesús nos invita, como invitó de forma personal a quienes lo rodeaban hace tantos años. “El que anda en el camino de los mandamientos de Dios camina en compañía de Cristo, y en su amor el corazón reposa” ( El Deseado de todas las gentes , p. 298).
Te invito a que cantes este himno o a que lo escuches en algún momento del día y reflexiones en su letra. Si es posible, busca un lugar donde puedas orar tranquilo y depositar tu ansiedad sobre él.
Pedro sabía de quién estaba hablando en su epístola. Nosotros también.
Historias de hoy - 3 de marzo
“Vengan, pongamos las cosas en claro –dice el Señor–. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve!” (Isa. 1:18, NVI).
Un hombre decidió cruzar los Andes e instalarse en Argentina. No supe si tenía cuarenta o sesenta años. Las pisadas de una vida alejada de Dios le habían dejado huellas más profundas que las arrugas.
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