La criatura ya había estado en el lugar con anterioridad y lo había revisado con calma y por eso sabía que la ventana contaba con cerrojos bastante fuertes y difíciles de violar, así que optó por la puerta. Con un cuidado y una paciencia ancestrales logró quitar el seguro y abrir la puerta en un silencio absoluto, fijó su mirada en la cama donde yacía su víctima y sacó su afilada daga dispuesto a cumplir con su trabajo. Pero entonces una débil ráfaga de viento rompió su concentración. Miró el lugar de donde había venido el viento, se trataba de la ventana, estaba abierta ¡cómo no se dio cuenta desde el primer momento! Había volcado tanto su atención sobre su enemigo que había ignorado por completo el resto de su entorno; estaba tan confiado en su superioridad que olvidó por completo las reglas básicas del acecho. De golpe una advertencia llegó a su cabeza y corriendo hacia la cama, de un solo y rápido tirón, quitó las cobijas para solo encontrar almohadas formando el bulto que creía era su objetivo. Maldijo en silencio, ahora su presa podría estar a horas del lugar.
Pero de pronto sus ojos entrenados vieron una sombra pasar frente a la ventana, a gran velocidad. Sin perder un segundo el asesino corrió hasta allí y agarrándose del marco superior de la ventana hizo una pirueta con fuerza y elegancia que lo dejó de inmediato sobre el tejado de la posada.
Una búsqueda rápida con la mirada le permitió dar con su objetivo, que se desplazaba torpemente por entre los techos planos de la ciudad. Sin perder una fracción de segundo empezó a correr hacia él, seguro de alcanzarlo en pocos pasos, pero, de repente, cuando tenía a Valentine a un brazo de distancia este aumentó su velocidad en un abrir y cerrar de ojos, su andar dejó de ser torpe y errático y salió despedido hacia la pared alta de una casa que se encontraba a su izquierda, la cual usó de apoyo para dar dos pasos rápidos y así impulsarse hacia el siguiente techo que se encontraba justo frente a él. El perseguidor no se quedó atrás a pesar de haber sido cogido por sorpresa; aceleró al máximo y en vez de usar la pared como trampolín hacia el siguiente techo, saltó, se colgó de forma similar a la cornisa de la ventana y empezó a correr por el techo de esa casa, paralelo al aventurero.
De pronto el perseguido trató de dar un giro inesperado hacia la derecha, resbalando un poco. El asesino tuvo mejor suerte y aprovechó el giro y la altura para dar un gran salto con su daga en alto para estocar al joven hombre, pero este ya había recuperado el impulso y logró escapar del feroz ataque con apenas un rasgón sobre su gabán y, dando un respingo, saltó directamente sobre otro techo que se encontraba frente a él, cruzando una calle angosta. El salto fue largo, pero gracias a su espigada estatura lo logró por los pelos. Dando una voltereta para amortiguar los golpes, rodó unos pasos más antes de ponerse de pie y seguir corriendo. El asesino, por el contrario (y siendo una palma más bajo que Valentine), se quedó corto en el salto; sin embargo, a medio vuelo logró corregir su postura para atravesar una pequeña ventana que estaba a punto de ser cerrada por una mujer regordeta que, con un grito de espanto, se agachó en el momento preciso para que el delgado y atlético elfo entrara, rodara y, con ese mismo impulso, continuara corriendo. Destrozó una puerta con un tacle y gruñendo a causa del dolor siguió sin descanso hasta saltar por la siguiente ventana hacia la pared de enfrente y, apoyándose en un par de bisagras, subió rápidamente al techo.
Una mirada rápida le permitió dar con su objetivo quien, al parecer, confiado, nuevamente había aflojado el paso. Esta vez decidió no ir directamente tras él y escondiéndose entre en la noche empezó a acechar al aventurero. Este parecía claramente confuso y miraba hacia todos lados intentando dar con su victimario mientras trataba de no detenerse.
De pronto, como salido del mismo infierno, el elfo asesino saltó de entre las sombras de un edificio de dos plantas que se encontraba a su izquierda, arrojando dos dagas hacia su humanidad. Con un esfuerzo que quemaba sus músculos, Valentine logró esquivar ambas armas con un rollo hacia la derecha, cuando vio cómo el asesino se acercaba empuñando espada y daga.
El aventurero creía que su enemigo lo superaba marcialmente, así que pensando rápido y tratando de ajustar su plan a la situación, dio una patada a la empuñadura de una de las dagas que yacían en el suelo, arrojándola hacia elfo quien, al no esperar el movimiento, se vio en dificultades para bloquearla, teniendo que retroceder y encogerse. Al ver que el humano no se había movido mucho y que solo había cortado su primer impulso, de inmediato se abalanzó sobre él y este, en un rápido movimiento, lo tomó por la chamarra y ayudándose con el impulso del rival se dejó caer de espaldas para, con sus pies, arrojarlo lejos. De hecho, de no ser por el poste de un viejo tendedero de ropa, el asesino hubiese terminado en la calle con algún tipo de fractura. Este pequeño lapso fue aprovechado por el humano para emprender carrera nuevamente, y fue seguido en el acto por el enfurecido asesino.
En el siguiente movimiento, ambos descendieron a las desoladas calles de Tabask y en un momento inesperado Valentine giró hacia su izquierda y entró a un pequeño callejón sin salida.
El elfo no perdía de vista a Valentine. Cuando este giró hacia la izquierda, el asesino sonrió perversamente pues conocía muy bien las calles de la ciudad y sabía de antemano que su presa se había metido en un callejón sin salida. Lo haría sufrir, lo iba a torturar antes de matarlo por haberlo hecho quedar como un idiota. Pero eso tendría que esperar... Cuando entró al callejón, este se encontraba vacío. «¿Qué demonios?». El rostro del elfo se encontraba sumido en la total confusión, pero después de unos segundos lo entendió.
El perseguido había girado hacia su izquierda, entrando al pequeño callejón donde, sin perder un momento, usó toda la fuerza y agilidad para impulsarse de una pared a la otra hasta subir los tres pisos de alto, terminando en el techo del edificio derecho dispuesto a emprender carrera una vez más. El elfo entonces comenzó el ascenso de manera similar, pero cuando llegó al final no pudo ver a su presa por ninguna parte. Saltó de un techo a otro y volvió al edificio de la derecha del callejón, mas no podía encontrarlo. Empezó a maldecir su suerte cuando sintió un punzón en la nuca, un punzón frío y firme. El elfo sabía que había sido derrotado. El humano se había descolgado por una de las cornisas del edificio pegándose a la pared para desaparecer y cuando escuchó al asesino maldecir supo que era su momento.
—Ha robado a la gente equivocada, pirata. No habrá un día en que su cabeza no esté en juego: muchos lo están buscando, ha ofendido a familias poderosas.
—Por el contrario —contestó Valentine sonriendo—, he robado a las personas correctas. «Cuando llegues a una ciudad nueva, la mejor carta de presentación es que en poco tiempo hablen de ti. Entonces no buscarás trabajo, el trabajo te buscará a ti» —citó y sin dejar de presionar la nuca del elfo con su estoque y buscó algo entre sus bolsillos.
—¿De qué está hablando? —preguntó el elfo sin entender muy bien a qué iba todo este juego.
—Tenga, son dos de los anillos que tomé de la casa de uno de sus señores —dijo Valentine arrojando una pequeña bolsa a los pies del asesino—. Diles que devolveré los demás con gusto, que solo quiero una… oportunidad de entrar a su interesante gremio de comerciantes.
—¡Está loco! Nadie roba la Casa del Murciélago y sale impune. —Valentine finalmente quitó el estoque del cuello del elfo y lo envainó, a lo que el elfo recogió la bolsa y, tras confirmar su contenido, encaró al aventurero.
Читать дальше