Apocalipsis 12 al 14 ocupa el centro de las visiones apocalípticas de Juan. La estructura del libro destaca ese conjunto de visiones que describen el clímax del gran conflicto entre Dios y Satanás. Habiendo comenzado en el cielo, el Conflicto tiene como núcleo la lealtad a Dios por medio de la obediencia a su Ley. El origen fue la soberbia de Lucifer, que deseó ser adorado y merecedor de la honra debida solamente a Cristo como Creador.
En el auge del Gran Conflicto, Dios suscita en la Tierra a un grupo leal de santos que guardan su Ley y mantienen el testimonio de Jesús. Esas personas proclaman los últimos mensajes de advertencia al mundo, con el llamado a adorar a Dios y guardar sus mandamientos. Su predicación desenmascara a la falsa trinidad: el dragón, la bestia y el falso profeta. A su vez, advierte al mundo del peligro de recibir, sobre la mano o en la frente, la marca de la bestia; y llama a las personas a recibir el evangelio eterno y a ser salvas frente al Juicio.
La proclamación global del último llamado divino bajo la gloria del cuarto ángel (Apoc. 18:1) va a despertar la ira de Satanás. El dragón y las dos bestias, poderes terrenales que él usa para sus propios fines, conducen al mundo a un régimen de intolerancia en el que aquellos que obedecen la Ley de Dios son condenados. En una campaña de falsificación de las obras de Dios, la segunda bestia realiza innumerables señales, con las que seduce a las personas en todo el mundo; busca restaurar la imagen de la bestia y lograr que sea adorada, y que se obedezca su ley en lugar de la Ley divina.
La bestia de dos cuernos, por lo tanto, representa una entidad que desempeña un papel crucial en el clímax del Gran Conflicto. Ella apunta hacia un poder terrenal e imperial –un poder político, religioso y militar– que, en el final de los tiempos, será colocado al servicio del dragón, en oposición a Dios. Esta bestia es descrita como teniendo dos cuernos, que la hacen parecer un cordero, pero hablando, de hecho, como dragón; ambos personajes principales del libro de Apocalipsis.
La interpretación de esta visión apocalíptica y la consecuente identificación de esa entidad escatológica es una característica exclusiva de la visión profética adventista del séptimo día. El próximo capítulo trata sobre el modo en que se desarrolló esa interpretación entre los investigadores adventistas.
1Paulien dice que un aspecto sorprendente en el libro de Apocalipsis es la constante referencia a la adoración. “Sin dejar de lado las extrañas bestias, la violencia y el lenguaje militar, el libro de Apocalipsis no está completo sin las menciones a la adoración divina. Es casi imposible leer el libro y no notar cuán central es la adoración. Apocalipsis está lleno de himnos, imágenes del Santuario y escenas de adoración” (The Deep Things of God, p. 102. Ver, como ejemplo, Apoc. 5:8-14).
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