En ningún otro trabajo la posición política y la argumentación propagandística de Weber se hacen tan evidentes como en su estudio La situación de los trabajadores agrícolas en la Alemania del Este del Elba. Evaluaba en dicho trabajo el rendimiento económico de los terratenientes con la mano de obra de la población asentada en el lugar, en comparación con la mano de obra prestada o mano de obra ocasional de peones polacos y rusos que trabajaban solamente en estaciones de cosecha (Weber, 1892). Al mismo tiempo, este estudio forma una especie de antecedente metodológico a La ética protestante y el espíritu del capitalismo, porque en él Weber comenzó a investigar de qué manera los ideales de una persona le impulsan hacia una cierta actitud y adelanta, de manera abreviada, su tesis con respecto a la relación entre religión y ética económica. Observa una mayor dinámica económica entre los terratenientes protestantes, que trabajaron en mayor número con protestantes, que los terratenientes tradicionales, quienes, siendo protestantes, contrataron peones polacos que eran mayormente católicos. En La situación de los trabajadores agrícolas en la Alemania del Este del Elba, se refiere al problema del éxodo masivo de trabajadores rurales hacia la ciudad, quienes dejaban el campo porque las estructuras antiguas de la sociedad tradicional o agraria devinieron, poco a poco, en una relación de empleador y obrero. Los grandes terratenientes lograron apoderarse por completo de las parcelas de los pequeños campesinos, inclusive de sus propios peones. De esta manera, el peón era totalmente despojado de sus pocos bienes y no tenía ningún vínculo con el lugar donde vivía.
Weber demuestra que los peones no abandonan el campo por cuestiones materiales, sino por cuestiones ideológicas: porque no tienen ninguna esperanza de mantenerse en el sitio pensando que algún día podrán comprar más terreno para la siembra, autoabastecerse y así dejar el trabajo asalariado del patrón. Como ya no les queda ninguna oportunidad, migran a la ciudad pensando que allí sus posibilidades son mejores que en el campo. La observación específica de Weber es que no se van los peones pobres, sino más bien los mejor pagados: quieren irse porque su sueño de una aspirada libertad se derrumbó; no abandonan el campo por hambre. Su conclusión es que las ilusiones de los peones sirven como ejemplo de que también en la vida social existen ideales cuya fuerza es mayor que los problemas económicos. La política oficial del Estado frente a este abandono masivo de obreros rurales era buscar argumentos psicológicos para que se mantengan en el sitio y evitar la penetración de mano de obra barata por parte de polacos y rusos. Weber se concentra a lo largo de sus trabajos en los factores psicológicos y reconoce el rol de la religión en todo ese proceso, porque eran los pastores protestantes y luego los sacerdotes católicos quienes tenían la tarea de promulgar ideas nacionalistas entre la población rural para evitar la penetración de trabajadores no alemanes.
Quizás el lector se preguntará: ¿qué hay de importante en este problema que merece tanta atención para dedicarle una investigación tan amplia y exhaustiva como Weber lo hizo? Para entender su impacto político, debemos recordar que detrás de todo ello se esconde un problema vinculado con el conflicto que se suele denominar en la historiografía alemana como «pugna cultural» (kulturkampf), que refiere a la contención de las fuerzas católicas dentro del espacio protestante o viceversa. Ese conflicto se presentó en el este de Alemania de manera muy particular porque en él convivían rusos, polacos, gitanos y judíos. Entonces, no se trataba de una lucha solamente entre católicos y protestantes, sino más bien de asegurar el predominio de los alemanes frente a los pueblos eslavos en un espacio geográfico que colindaba con diferentes pueblos y creencias. De esta manera, se ponía en peligro el liderazgo de los alemanes. Por esa razón, un problema aparentemente sin mayor importancia, como el empleo de obreros de pueblos vecinos, se vuelve un problema nacional. Nos parece necesario recordar que fue el mismo canciller von Bismarck quien solicitó a la curia en Roma atender el problema enviando sacerdotes católicos para que prediquen sobre los intereses del Estado en este espacio geográfico. Von Bismarck logró poner fin a este conflicto en 1887, pues luego de su intervención la mayoría de los terratenientes pasaron a emplear peones alemanes.
Cuando Weber asume su investigación sobre La situación de los trabajadores agrícolas en la Alemania del Este del Elba, reduce esta lucha a un enfrentamiento entre la religión católica y la protestante, no obstante que estaban involucradas otras confesiones, como judíos, rusos ortodoxos, gitanos, etcétera2. Weber optó, desde el comienzo de su investigación, por concentrarse solamente en la dualidad catolicismo-protestantismo, para desde allí pintar al catolicismo como fuerza tradicional, conservadora, frente al liberalismo protestante, que tendría la función de ser portador del avance cultural.
La observación de que Weber redujo un proceso complejo a algo más simple no solamente es nuestra, la encontramos también en el trabajo de Arthur Mitzman, en el ya mencionado libro La jaula de hierro, donde interpreta la obra de Weber sobre la base psicológica, afirmando que el economista luchaba en su percepción del mundo entre la cosmovisión materna y paterna (1976:70-71). La materna, representada por la búsqueda de un protestantismo emprendedor liberal, y la paterna, por un conservadurismo prusiano reflejado en la actitud de los terratenientes —los Junker—, que impedían con su postura tradicional ser competitivos en la producción de granos, la cual dominaban rusos y norteamericanos.
Para hacer frente a ese problema económico, los grandes terratenientes tenían que cambiar poco a poco las formas de producción y, con ello, también las formas de posesión de la tierra, desde un sistema de parcelas hacia una producción capitalista sobre terrenos extendidos. Como ya hemos visto, este cambio produjo la migración de la población rural hacia las grandes ciudades e hizo que los terratenientes buscasen la mano de obra entre trabajadores polacos y rusos. El canciller von Bismarck prohibió esa política por cuestiones de seguridad de Estado, mientras que los terratenientes veían en ella la mejor posibilidad de solucionar su requerimiento de mano de obra barata. Es allí donde se inserta la investigación de Weber, exponiendo su observación acerca de la diferencia entre los católicos tradicionales y los protestantes como portadores de la modernización. Como estos argumentos no convencen a una persona que conoce algo del trasfondo histórico real de esta situación, se necesita explicar por qué Weber lanzó tales hipótesis sin mayor cuestionamiento.
Arthur Mitzman lo interpreta como un eco de experiencias familiares y su relación estrecha con la Asociación de la Política Social, que tenía cierto interés en salvaguardar posiciones simples, bien entendibles y útiles para sus campañas, de modo que pudieran convencer a la población de hacer frente a la penetración de eslavos en ese territorio. «Así, Weber, utilizando los resultados del estudio científico que estaba escribiendo para la Verein für Sozialpolitik (Asociación para la Política Social), sentaba las bases de una nueva alineación política. Esta alineación uniría el interés de toda una nación, dos segmentos del cuerpo político que previamente habían estado separados por un abismo [los trabajadores rurales y los capitalistas de la ciudad, nota de la autora] contra un tercero, que había sido antes la fuerza directriz en política nacional, (los terratenientes) […]» (Mitzman, 1976:73).
La caracterización de este trabajo como eminentemente político se debe, según Mitzman, al hecho de que Weber, en ese momento, todavía aspiraba a una carrera política. Entre 1886 y 1887, años en los cuales él termina sus estudios universitarios y luego cumple su servicio militar voluntario, se forja la cosmovisión prototípica de Weber, la cual vacila entre dos polos. Uno es representado por la ética de su padre, que consiste en tener éxito, llevar una vida hedonista y egocéntrica, en fin, una ética utilitarista que evalúa los actos entre el placer y dolor, mientras que la ética de su madre consiste en una vida de entrega, una ética idealista que no se deja corromper e insiste en sus ideales.
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