Al final del libro agregamos algunas lecturas recomendables con breves anotaciones para cada capítulo. Las medidas y pesos de las especies se basan en el sistema métrico decimal; en la versión en inglés se incluyeron las medidas en sistema métrico inglés, pero aquí por cuestiones prácticas hemos eliminado esa información. Finalmente, en este libro utilizamos la palabra “descubrir” para aquellas especies identificadas por los científicos por primera vez, aunque es un hecho que muchos grupos indígenas y campesinos ya sabían bastante sobre ciertas especies antes de que el primer naturalista o explorador occidental colectara un espécimen.
Una nota especial. Hemos dedicado este libro a nuestro amigo y colega el profesor Navjot Sodhi, un biólogo conservacionista que fue un líder en el sur de Asia. Navjot empezó este libro con nosotros, pero murió a la edad de 49 años, después de contribuir sustancialmente a este esfuerzo. Acabar este libro sin su experiencia ni su famoso sentido del humor fue una tarea triste. Sin duda, el mundo extrañará sus valientes esfuerzos para salvar a la biodiversidad. Las regalías de la publicación en inglés se donaron al Fondo Conmemorativo Navjot Sodhi, en el Laboratorio Biológico de las Montañas Rocallosas en Crested Butte, Colorado, para continuar apoyando el trabajo de jóvenes biólogos conservacionistas. Las regalías de la edición en español se donarán a la conservación de especies en México.
Agradecimientos
Estamos extremadamente agradecidos con nuestros amigos y colegas que participaron en las discusiones, comentarios y revisiones de este libro. Estamos particularmente en deuda con Anthony Barnoski, Daniel Blumstein, Rodolfo Dirzo, Michael Donohue, Daniel Karp, Rodrigo Medellín, Stuart Pimm y Jai Ranganathan por revisar y comentar los primeros borradores de capítulos, así como con tres revisores anónimos que ayudaron a pulir los contenidos. También estamos agradecidos con Gretchen Daily, Jared Diamond, Rurik List, Jack Liu, Chase Mendenhall, Robert Pringle, Graham Pyke y Jonathan Rossouw por sus observaciones en asuntos específicos. Ding Li Yong amablemente realizó las ilustraciones de especies extintas. Scott Altenbach, Claudio Contreras Koob, Peter Harrison, John Hessel, Jack Jeffrey, Frans Lanting, Susan McConnell, Alexander Pari, Roberto Quispe, Roland Seitre, Lynn M. Stone y Jorge Urbán nos permitieron bondadosamente incluir sus magníficas fotos. Lourdes Martínez y Jesús Pacheco amablemente nos ayudaron con el apéndice y el índice. Maria DenBoer realizó una edición puntual y meticulosa. La Universidad Nacional Autónoma de México (por medio de la DGAPA) ha apoyado el trabajo de Gerardo Ceballos, quien está muy agradecido con dicha institución. Anne y Paul Ehrlich están en deuda con Peter y Helen Bing, Larry Condon y Wren Wirth que han hecho posible su trabajo. Finalmente queremos expresar nuestra profunda gratitud a nuestro editor Vincent Burke por su dedicación y ayuda en cada etapa de este proyecto.
En la edición en español queremos agradecer el apoyo de Paola Guadarrama, Avril Carranza Kuster y Yanet Sepulveda en la traducción y corrección, a Xitlali Aguirre por su apoyo en la revisión final del manuscrito y a Pablo Martínez Lozada por su apoyo invaluable en la publicación.
Las selvas tropicales son los ecosistemas más diversos de la Tierra. En ellas, millones de especies de plantas, animales y microorganismos —la mayoría desconocidos para la ciencia— conviven en complejas redes de interacciones, las cuales se encuentran sumamente amenazadas por las acciones humanas.
1. EL LEGADO
En algún lugar de nuestro inmenso, frío y poco comprendido universo, donde hay más estrellas que todos los granos de arena en el mar, podría haber vida. Empero la vida, hasta lo que sabemos, podría ser exclusiva de la Tierra, un planeta fascinante. La Tierra tuvo su origen hace aproximadamente 4,600 millones de años, cuando se condensó a partir de polvo y gas interestelar gracias a procesos cósmicos complejos. Mil millones de años después la vida microscópica ya estaba establecida en los océanos, aunque los eventos que dieron origen a la vida siguen siendo poco entendidos.
Si bien desde la antigua Grecia los humanos han estado interesados en la vida primitiva, no fue sino hasta mediados del siglo XX que se desarrolló la tecnología que permitió datar fósiles con eficacia. Antes de ese siglo, la datación más precisa de vida temprana en la Tierra rondaba en alrededor de mil millones de años. Sin embargo, en 1983 un grupo de científicos descubrió en Warrawoona, al noroeste de Australia, estromatolitos fósiles, que albergaban fósiles de bacterias filamentosas de aproximadamente 3,500 millones de años de antigüedad. Los estromatolitos son estructuras formadas a partir de la fijación de carbonato de calcio por microorganismos, principalmente cianobacterias (procariontes verde-azules). Aunque sabemos ahora que en efecto la vida surgió hace mucho tiempo, es posible que su origen sea aún anterior a 3,500 millones de años, ya que las bacterias mencionadas eran pluricelulares; es decir, formadas por varias células, lo que indica que ya habían evolucionado de manera significativa a partir de sus ancestros bacterianos unicelulares. En la actualidad existen estromatolitos vivos en aguas marinas someras de lugares como Baja California, México, y en el oeste de Australia.
La diversidad de la vida se ha desarrollado bastante desde que esos minúsculos y poco conocidos organismos fosilizados evolucionaran en los millones de especies de plantas, animales, hongos y microorganismos que ahora existen. Actualmente, las selvas tropicales y los arrecifes de coral contienen las reservas más abundantes de especies de la Tierra. La riqueza biológica en ambos ecosistemas es extraordinaria. Por ejemplo, una hectárea de selva cercana a Iquitos, Perú, tiene aproximadamente 150 especies de árboles, mientras que cinco hectáreas de selva en Borneo tienen cerca de mil especies de árboles. En contraste, en todo Norteamérica y el norte de México, región que cubre casi 3 mil millones de hectáreas, existen menos de mil especies de árboles. No es ninguna sorpresa, con base en esos patrones, que las ideas de Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, quienes desarrollaron la teoría de la evolución biológica por selección natural, estuvieran inspiradas en la diversidad de vida que vieron en las regiones tropicales.
En las selvas tropicales los animales son mucho más difíciles de observar que las plantas; de hecho, ver alguno es cuestión de suerte. Sin embargo, en términos de diversidad, los animales invertebrados son mucho más numerosos que las mismas plantas. Los invertebrados son aquellos animales que no tienen columna vertebral, como los crustáceos, los calamares, los pulpos e incontables criaturas de los océanos. En tierra, el grupo más conocido de invertebrados es el de los insectos. La diversidad y abundancia de insectos tropicales es legendaria: un solo árbol en la región amazónica puede albergar cientos de especies de escarabajos y más especies de hormigas que toda Gran Bretaña. Esta abundancia recuerda una famosa frase atribuida al científico J. B. S. Haldane. En una ocasión un teólogo le preguntó sobre lo que sus estudios de biología le habían revelado acerca de la mente del Creador. Haldane respondió que el Creador debía de tener una “extraordinaria afición por los escarabajos”. Como la respuesta de Haldane sugiere, los insectos son el grupo de animales más diverso, con más de un millón de especies conocidas y miles más descubiertas por los científicos cada año.
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