Como última etapa en el modelo presentado por el doctor Cortés, se encuentra el Emprendimiento de Líneas de Negocio Competitivas que Inicien Ciclos Tecnológicos. Es en esta etapa cuando la invención o innovación es puesta en el mercado y se detona el ciclo tecnológico del producto.
A lo largo de estas tres etapas, el doctor Cortés explica de manera sintética el valor del impacto que los ingenieros debemos dar a la sociedad y a la economía global en la que nuestro país se desenvuelve, promoviendo así el papel de la ingeniería y sus ejecutores, los ingenieros, quienes debemos dejar de ser simples usuarios de la tecnología para convertirnos en dosificadores de valor y cultivadores de la innovación como elemento fundamental para aportar ventajas competitivas a los productos hechos en México.
Es aquí donde mi reflexión semanal cobra forma: ¿será posible que cualquiera en nuestro país —ingenieros, abogados, médicos, políticos y de preferencia candidatos—, pueda generar valor a lo que hace, no sólo desde una óptica de innovación por sí misma, sino para dignificar este hermoso país que reclama a gritos —y a veces a sombrerazos— soluciones a los problemas y diferencias sociales que vivimos desde hace décadas? Todos podemos generar valor, ¡sigamos algún modelo, el que sea, pero hagámoslo ya! ¶
12 de junio de 2018
Los inteligentes que nos rodean
A muchos nos causa especial admiración coincidir con personas —de cualquier edad, condición social o nivel educativo— con particulares capacidades intelectuales, personas que lo mismo pueden recitar cifras de pi y hacer cálculos mentales con sorprendente velocidad y exactitud que lanzar el aire versos de Neruda y pasajes completos del Quijote; personas que tocan instrumentos musicales, se expresan de manera fluida en varios idiomas e incluso ostentan varios grados académicos a temprana edad; seres extraños que parecen no requerir esfuerzo alguno para resolver problemas, aprobar exámenes o salir adelante en condiciones donde las capacidades cognitivas son requeridas. De esas y otras personas quiero hablar hoy.
Según un estudio del Centro de Atención al Talento (cedat), publicada en Forbes México en julio de 2016, se estima que en nuestro país la cantidad de niños superdotados intelectualmente que superan los 130 puntos del índice de coeficiente intelectual (iq, por sus siglas en inglés), es cercana a un millón. Dichos infantes son identificados y diagnosticados inicialmente con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (tdah), lo que deriva en tratamientos para “controlar” y “resolver” esta condición. El camino debe ser otro sin duda; por fortuna, con el respaldo de la sep, existen ya programas para detección temprana de superdotación y sobre todo para una canalización posterior más adecuada y pertinente.
Sin embargo, existen otros inteligentes entre nosotros que saben leer ejemplarmente su contexto, que identifican cómo salir adelante con los recursos y capacidades con que cuentan y sobre todo que se sobreponen a condiciones adversas en una variedad de ámbitos. Estos inteligentes inundan nuestra vida, están en cualquier lugar, lo mismo en el gobierno que en la iniciativa privada, en asociaciones civiles y en un sinfín de actividades y responsabilidades sumamente transversales para cualquier actividad en nuestro país.
Estos otros inteligentes, los que mueven al país y a la economía, se empeñan diligentemente en aprovechar las relaciones, en mantener a flote sus organizaciones con los recursos existentes y a encontrar los caminos que hacen posible el logro de sus objetivos. Para estos inteligentes que se desvelan encontrando el cómo sí, para ellos todo el apoyo y consideración, pero sobre todo, la recomendación de fortalecer la paciencia y resiliencia.
En las circunstancias de incertidumbre presupuestal que se perciben en el país para el 2019, se recrudece la necesidad de la interacción interinstitucional, de reconocer que se deben encontrar soluciones más creativas y eficaces, propuestas que sin duda deberán buscar atender lo humanamente atendible en las mejores condiciones de calidad y transparencia.
Hoy más que nunca, la inteligencia de muchos ciudadanos deberá ponerse a prueba, tanto de aquellos a quienes corresponden las decisiones estratégicas de nuestra nación como de los que viviremos sus consecuencias, con la plena consciencia de que las propias limitaciones y las del entorno económico nacional y global empujan, incluso exigen, actuar congruentemente en bien de nuestro querido México.
En #DesdeCabina me resisto a creer que no podamos hacer que todos aquellos inteligentes que nos rodean —estemos o no en este grupo de mexicanos—, logren sacar adelante a esta valiosa nación. Sigamos haciendo que las cosas sucedan. ¶
18 de diciembre de 2018
La unaq en el espacio, pero con los pies en la tierra
Cuando llenaba las baterías emocionales con el Día de la familia del pasado fin de semana, llegó a mi mente una sencilla reflexión: todos tenemos diversas familias, además de las biológicas —en el sentido de las que proporciona la convivencia humana, en donde las afinidades entrelazan a las personas de manera significativa—; se trata de familias que integramos en nuestra actividad laboral, deportiva o de intereses diversos; personas con las que reímos, sufrimos y que nos hacen crecer de maneras diferentes a como lo hacemos con nuestras familias biológicas. Una de mis familias es la Universidad Aeronáutica de Querétaro (unaq) y este martes quiero compartir un logro más de esta comunidad a quien he visto crecer junto conmigo y a quien le tengo un respeto y cariño muy especiales.
El fin de semana antepasado, además de que los chicos U-Fly lograron el tricampeonato en la competencia de aeromodelismo, presenciamos un evento igualmente alentador, el lanzamiento del primer nanosatélite desarrollado por estudiantes y profesores de la unaq. El hecho, al igual que muchos otros en nuestra corta vida universitaria, marca un hito más en el trayecto que vislumbramos para convertirnos en una institución referente, nacional e internacionalmente, por sus impactos educativos, económicos y tecnológicos. Pero el significado de este importante logro para nuestra institución es aún más grande: 17 estudiantes y siete profesores, junto con investigadores de la empresa AI-Systems MXSpace, participaron en esta misión, apoyados con fondos públicos del Programa de Estímulos a la Innovación (pei) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (conacyt). La participación de este equipo buscó no sólo iniciar nuestro trabajo en esa “carrera espacial”, detonada por diversos actores nacionales —entre los que se encuentran la Agencia Espacial Mexicana—, sino que, además, nuestra institución busca desarrollar capacidades y experiencia para, en un futuro, participar en proyectos de mayor complejidad tecnológica. Lo importante es empezar y no detenerse.
Otra de las enseñanzas que nos dejan estas participaciones, es la importancia de ser conscientes, como institución y como familia, de que cualquier cosa que nos propongamos iniciar, por compleja que sea, la debemos concluir; por tanto, quiero externar mi orgullo y admiración a este grupo de estudiantes, compañeros profesores y empresarios visionarios por ¡tener iniciativa, pero, sobre todo, “terminativa”!; por atreverse a soñar, más aún, por comprometerse a materializar esos sueños.
Finalmente —sin dejar de lado mi interés por la reflexión que semanalmente pretendo provocar—, como cualquier familia, en donde la diversidad de sus miembros plantea grandes retos por sí misma, los éxitos de unos, así como los retos y contrariedades de otros, deben festejarse, compartirse para generar aprendizaje, pero sobre todo deben provocar un estado permanente de trabajo y conciencia de mejorar, de seguir creciendo, de entender que sin importar la velocidad, se debe seguir avanzando, siendo ejemplo y sobre todo compartiendo con el resto de la familia, para hacerla crecer e invitarla a volar mucho más alto, pero siempre con los pies en la tierra. ¶
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