También comparto con Jorge el gusto por pensar y hablar de política industrial, ya que es parte de mis intereses profesionales. Imaginar que desde una situación presente es posible, con las medidas adecuadas, modificar el futuro no sólo de un grupo de personas, sino de toda industria, región o país. En varias ocasiones tuvimos la oportunidad de trabajar juntos y debo decir que su entusiasmo es contagioso. Durante todo este tiempo ha existido un tema esencial: la preocupación de estar haciendo lo necesario y lo suficiente por nuestras comunidades. Ambos sabemos que la autocomplacencia es un peligro permanente que nos engaña con la sensación de metas cumplidas; por eso me atrevo a decir que Desde Cabina plantea una pregunta abierta: ¿estamos haciendo todo cuanto es necesario? Creo que no tenemos la respuesta, pero eso es justo lo que necesitamos: una gran incomodidad con la realidad y un entusiasmo proporcional para seguir creando.
Sólo me resta decir que en Desde cabina Jorge narra historias personales y de grupo, reflexiones motivantes y preocupaciones que debemos atender. Confío en que la lectura de estas páginas será tan amena y enriquecedora como la que he ejercido estos años con sus artículos publicados en el periódico. La presente edición de Desde cabina de Vos Ediciones espera ofrecer al lector una panorámica más amplia de la realidad de nuestro país desde un lugar privilegiado, desde el centro de mando de la aeronave en la que viajamos todos los días. Deseo que disfruten la lectura.
Verónica Orendain
De la educación
Hablar de educación es hablar de todo: de profesores, de ideas, de acción, de visión, de vinculación, de otros y de uno mismo; de grandes anhelos y crueles realidades; pero siempre es hablar de grandes oportunidades.
A mis profesores, con cariño
Sin el ánimo de comparar el título de este texto con el sentido de aquella película To Sir, with Love (conocida en México como Al maestro, con cariño, protagonizada por Sidney Poitier), sí quiero expresar mi admiración y, sobre todo, mi respeto por todos los profesores de México.
En el más simple de los sentidos, todos somos maestros, pero no todos podemos ser profesores, me dijo alguna vez un maestro de primaria. En aquel entonces, a mis escasos diez años de edad, no alcanzaba a entender plenamente el significado de esas palabras; pero sí se me grabó la frase que con vehemencia nos dejaba el profesor Arnulfo. Quién diría que años después habría de involucrarme en la docencia y después en la gestión educativa universitaria.
Hoy entiendo, de aquella frase del profesor Arnulfo, que todos podemos ser maestros, ya que de muy diversas maneras enseñamos, transmitimos conocimiento e, incluso, comportamientos; pero no todos podemos ser profesores. Es aquí donde me quiero entretener.
Hoy la reforma educativa1 trastoca todos los niveles educativos en México al iniciar, entre otras cosas, con los procesos de evaluación docente, lo cual es un ejemplo más del comportamiento que se espera de nuestros maestros, es decir, que exista la plena consciencia de evaluarse, diagnosticar su nivel y capacidades para la enseñanza y que, entre otras cosas, permita identificar aquello que hace falta para crear programas y detonar estrategias que formen a los docentes y se mejore el nivel de enseñanza en temas tan necesarios como la comprensión lectora, el aprendizaje de ciencias y matemáticas, por mencionar algunos. Sin embargo, el asunto es enseñar con el ejemplo, o como diría el filósofo Diógenes de Sinope (también llamado «el cínico»), “el movimiento se demuestra andando”.
Hoy, la responsabilidad que tienen los docentes es mayúscula. Deben contar con el dominio de su materia y deben saber transmitirla; es decir, contar con aquellas habilidades que les permitan enseñar y generar conocimientos y aprendizajes significativos en muy diversos contextos y ante una muy amplia variedad de estudiantes; significa, además, asumir un papel de tutor o acompañante —diría yo—, ya que como profesor se vive la trayectoria y el devenir de nuestros estudiantes, se juega el papel de amigo, consejero y asesor. Por otro lado, este importante rol, el de ser profesor, hoy en día también significa participar activamente en acciones de gestión académico-administrativas, desarrollo tecnológico, educación continua y muchas más. Al presente, resulta sumamente retador el papel real y actual de un profesor en nuestro país.
Para finalizar, quiero centrarme en el papel ejemplar que nuestros profesores deben potenciar para servir a sus estudiantes. En ese cúmulo de actitudes y comportamientos que hacen la diferencia entre los profesores eficientes y aquellos que son excepcionales; entre los que nos transmiten conocimientos y los que nos transforman en seres pensantes; entre aquellos que recordamos por ser estrictos y aquellos que dejan una huella imborrable en nuestra personalidad. En mi opinión, este es el verdadero papel de un profesor: sembrar una semilla en sus estudiantes y provocar que ellos no únicamente quieran cultivarla y convertirla en un árbol fuerte, sino en provocar que la conviertan, a su vez, en un bosque pleno y profundo que transforme su realidad.
Gracias a todos mis profesores, propios y compañeros, amigos y ejemplos de vida, seres cuya vida, presencia e historia han marcado la mía, permitiéndome marcar algunas más. ¶
15 de mayo de 2017
1Reforma educativa, implementada en el gobierno de Enrique Peña Nieto, que implicó transformaciones laborales, de evaluación, sindicales y programáticas, culminó con su publicación en el Diario Oficial de la Federación (Acuerdo número 07/06/17). N. del E.
Creación de valor, una propuesta
Hace casi dos años fui invitado a formar parte de la Academia de Ingeniería México (aim), una organización de académicos, científicos y tecnólogos que buscan aportar valor al país, desde sus muy diversos ámbitos y experiencias profesionales, a través del impacto innovador de su trabajo. Convertirse en miembro de la Academia de Ingeniería se consigue después de vivir un proceso riguroso de acceso al que, por invitación, pueden aplicar ingenieros, científicos o tecnólogos mexicanos o extranjeros que radican en nuestro país y que han contribuido a mejorar la realidad de nuestra nación.
A pesar de mis incipientes participaciones desde entonces, hace algunos días tuve la oportunidad de ser parte, como comentarista en mi calidad de Académico Titular, de la ceremonia de ingreso de un académico mexicano con una trayectoria muy destacada como tecnólogo, inventor e investigador en nuestro país, el doctor Jorge Cortés. El hoy Académico Titular de la Comisión de Especialidad Biomédica, presentó un trabajo innovador titulado “De la fórmula a la creación de valor”, en el que explica un modelo de gestión de la innovación de la ingeniería en nuestro país. Su propuesta se descompone en tres etapas claramente explicadas y sobre todo con el sentido común que da la experiencia de haberlas vivido, como quien platica sobre el Camino de Santiago habiendo caminado algunas de sus rutas hasta llegar a Santiago de Compostela.
La etapa de Observación Tecnológica y Determinación de la Edad de la Industria —la primera en el modelo—, permite desglosar el contexto de la innovación que se pretende abordar. El detalle y rigor con que se desarrolle esta etapa, permitirá determinar —según la propuesta del autor—, el ciclo de vida e innovación del producto o servicio que se habrá de inventar.
La Invención de un Sistema con Valores Tecnológicos y su Protección Industrial es la etapa en la que se presenta, una vez gestada en la etapa anterior, la invención o innovación. El ingeniero debe entender el ciclo de vida del bien a innovar y, sobre todo, desglosar las etapas que habrá de seguir hasta llegar al mercado. La protección de la propiedad intelectual derivada de su invención es sin duda un elemento que no debe perderse de vista, así como todas aquellas responsabilidades derivadas del registro y utilización de dicha propiedad intelectual.
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